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Agricultura

La falta de turistas en Son Servera genera un caudal insuficiente para los regantes

Pese a que la situación actual ha mejorado, vieron restringido el uso del agua depurada para el riego unos diez días por su escasez

La balsa de la estación de Son Servera ha visto reducida su capacidad durante el primer semestre del año.

La balsa de la estación de Son Servera ha visto reducida su capacidad durante el primer semestre del año. b. capó

La balsa que recoge el agua depurada de la estación de Son Servera ha dejado de embalsar durante el primer semestre de este año unos 98.000 metros cúbicos de agua, lo que ha supuesto restricciones de agua a la comunidad de regantes en plena temporada de la hortaliza. Durante diez días, los regantes vieron reducido su uso al ser escaso.

Y es que la falta de turismo en los establecimientos de la zona, debido al estado de alarma derivado de la pandemia de la Covid-19, ha provocado un considerable descenso de las aguas que una vez depuradas son almacenadas en la balsa. Este agua, que se acumula en un estanque con una capacidad de 40.000 metros cúbicos, se aprovecha para el riego en una comunidad de un centenar de regantes y dos campos, así como algunas zonas verdes de Cala Bona. Con su descenso, la comunidad de regantes vio el pasado mes restringido su uso en un momento clave para el campo. Y pese a que la situación actual ha mejorado, los regantes temen que vuelva a ocurrir.

De la finalización de las obras del estanque se cumple una década, aunque no fue hasta unos años después cuando entró en funcionamiento debido a un problema de suministro de energía eléctrica, la necesaria para poder alimentar los grupos de impulsión de la red de riego.

En total se instalaron unos 40 kilómetros de cañerías para el riego y en algunos casos se han ido incrementando. En este aumento está el proyecto municipal, por el que cada vez que se realizan obras de mejora y embellecimiento de la zona turística se tiene que dotar a la zona de una red de cañerías más amplia para el riego de las zonas verdes públicas.

Actualmente toda Cala Bona y parte de Cala Millor está dotada de esta red y permite el riego de las zonas verdes y los árboles que embellecen el paseo marítimo. El presupuesto total de las obras ascendió a 8,5 millones de euros.

Por otro lado, cabe recordar que el Consistorio serverí estudió años atrás un proyecto para poder regar las zonas verdes del núcleo poblacional de Son Servera, ya que por cuestiones de altura necesitaría de la impulsión. El punto más cercano sería una tubería que transcurre por la vía verde cerca del túnel de Son Sard, pero esto queda para un futuro.

La construcción de la balsa ha permitido que se reduzca considerablemente el agua que se vertía directamente al mar, aunque en ocasiones las averías provocadas generalmente por roturas en las canalizaciones, más de las deseadas, provocaban que este agua tuviera que volver al mar sin poder ser aprovechada para el riego. Y muchas de estas roturas han dejado en varias ocasiones, veranos atrás, a quienes aprovechan estas aguas para el regadío sin poderlo hacer.

Vertidos de agua salada

Pero este no ha sido el único problema, ya que en los primeros años de su funcionamiento se detectaron vertidos de agua salada en el alcantarillado que llegaba a la depuradora. Este exceso de salinidad, causó las quejas de algunos miembros de la comunidad de regantes y campos de golf, problema que actualmente se tiene controlado, pero que no deja de preocupar a quienes usan el agua para el regadío de sus tierras.

Una década después y a pesar de los inconvenientes habidos, nadie duda que la apuesta por este proyecto no haya sido acertada. Ahora cabe esperar su continuidad en la red de tuberías, que permita reutilizar las aguas depuradas para más riegos en las muchas zonas verdes públicas del municipio que quedan pendientes.

En el mar, también se ha notado el considerable descenso de las aguas vertidas, buena fe dan de ello quienes más lo conocen, los marineros del puerto vecino de Cala Bona, ya que no muy lejos del recinto portuario se encuentra el EDAR, que vierte estos residuos al mar, aunque de cada vez son menos.

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