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Diario de Mallorca

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Enfermedades

Cuando s'Albufera era un gran foco de infecciones

Enfermedades infecciosas como el paludismo o malaria, entre otras, afectaron a los habitantes de los pueblos limítrofes con el gran humedal

Imagen del Gran Canal de s'Albufera, antiguo foco de infecciones y actual parque natural. dm

En tiempos remotos, desde siglos atrás, hasta finales del XIX y principios del XX, los habitantes de las poblaciones circundantes a la gran Albufera de Mallora, Alcúdia, sa Pobla y Muro, fueron víctimas de graves infecciones propagadas por una variedad de insectos pobladores de aquellas aguas pantanosas asentadas en unos terrenos inhóspitos.

El eminente médico y escritor Joan Torres Gost (sa Pobla 1900-Madrid 1979), en su libro novelado ' La saga de l'aigua', editado por el ayuntamiento de sa Pobla en 1977, escribe sobre el estado sanitario de sa Pobla en aquellas centurias: "Corría entonces la voz de que sa Pobla era una villa de malas sanidades. Abundaban las tercianas, sobre todo en verano: las farmacias preparaban cada día centenares de caixets (cápsulas) de quinina, único remedio del mal conocido en aquellos tiempos. Pero ya es cosa sabida: tercianas y cuartanas, no hacen tocar campanas, queriendo decir que no eran enfermedades letales, que no solían causar la muerte. Enfermedad más grave era la de las fiebres, que requerían el cuidado de toda la familia que compartía casa, la ayuda desinteresada de la monja que socorría al ama de casa, para asistir a los enfermos difíciles de curar. Morían muchos enfermos afectados de caixets ses febres.

Pero, además de las tercianas y las fiebres, el doctor Torres Gost señala que "ganaba en malignidad fuertemente contagiosa, que obligaba a tomar precauciones, alguna de tan refinada como colgar a la puerta de la casa un cartel escrito con grandes caracteres que anunciaba 'Hay difteria o garrotillo', que avisaba a los viandantes o visitantes que en aquel domicilio había un enfermo. Los transeúntes que forzosamente tenían que pasar por allí, lo hacían arrimados a la pared de enfrente, deprisa y sin respirar."

Añade Torres Gost que igualmente abundaban los tísicos, los niños con sarampión o escarlatina, y atacados de parásitos, y dice que era frecuente ver, sentado en el portal, a un niño con la cabeza reclinada sobre la falda de su abuela, que peinaba pacientemente su cabello, matándole los piojos. Y sentencia que "la poca higiene causaba muchas enfermedades."

En no demasiadas palabras, pero con las justas y concisas, dibuja Torres Gost el lamentable estado de salud que envolvía a los moradores de aquella villa pobre, pero trabajadora y esforzada, entregada a ganarle a la Albufera unos terrenos que, con el tiempo, se tornarían en productivas marjales.

En otro capítulo de su libro, el doctor Torres Gost nos traslada a los años de hambruna que padecían los habitantes de Sa Pobla de Huialfàs y de la falta de agua potable apta para la alimentación humana y del ganado. Agua que iban a buscar, los poblers, con sus carros, a un pozo situado a la salida de la villa de Petra, que durante años fue conocido como el pou dels poblers. Recurrían a una población de salubridad, creyendo que así alejaban las tercianas y otras enfermedades infecciosas producidas por la proximidad de la Albufera.

Cabe recordar, que, según el historiador Joan Binimelis, en el año 1505 había en el término de sa Pobla cuarenta pozos y tres huertos de regadío. Escaseaba el agua y faltaban los alimentos básicos para aquel millar de habitantes que entonces contabilizaba la villa. No se resolvía el problema del agua, ni el del mantenimiento alimenticio de la población, que iba en aumento.

Insectos transmisores

Las aguas estancadas de la Albufera criaban mosquitos y otros insectos, transmisores de las tercianas y otras enfermedades contagiosas. Los moradores bebían agua cuando estas fermentaban, creyendo que porque bullían espontáneamente eran mejores y más sanas, cuando aquella ingestión ocasionaba fiebres diversas, tifoideas, paratifus y disenterias que ocasionaban un considerable número de defunciones cada año. Y sentencia Torres Gost que "así vivieron siglos con costumbres y formas de vivir perjudiciales, pero de hecho intocables por la ignorancia."

Varios fueron los estudios realizados, en lo pasados siglos, por diversos expertos en la enfermedad del paludismo y sus consecuencias, que cada año padecían los habitantes de los pueblos limítrofes con la Albufera, sobre todo en verano. Por su concisión en el relato, transcribimos un fragmento del comentario efectuado en 1855 por Fernando Weyler y Laviña, médico militar, en su trabajo titulado Topografía físico- médica de las Islas Baleares, un tratado sobre la influencia de los lugares en las enfermedades, en el que hace abundantes referencias a la Albufera de Mallorca.

Decía Fernando Weyler: "Tres son los pueblos limítrofes del pantano de la Albufera, cuya extensión alcanza unas cinco leguas: Alcúdia, Muro y La Puebla. Según las noticias comunicadas por profesores que allí tienen cierta práctica médica, y por lo que yo mismo he observado, se padecen en ellos las intermitentes palustres bien manifiestas, inclusas las perniciosas, las que anualmente causan algunas defunciones. Su padecimiento es proverbial en la Isla... Esto por lo que respeta a los lugares pantanosos, porque en el resto de la Isla, las intermitentes son tan abundantes, que el sulfato de quinina se vende hasta en las tabernas, y se toma sin orden médico. (?)"

"Estas calenturas que atacan desde los niños de pecho, hasta los ancianos de ambos sexos, se dejan ver por julio, aumentan desde agosto a septiembre, principian a retirarse por fines de octubre y desparecen casi por noviembre... No se extrañará, pues, ver junto a los pantanos esos hombres de rostros pálidos, abotagados, de vientre abultado, indolentes e indiferentes a todo movimiento, así del cuerpo como del alma: razas degeneradas, y de las que tenemos un trasunto en varios habitantes de La Puebla, Muro y Alcúdia".

La malaria era común en la isla

Según definición médico-académica, el paludismo o malaria es "una enfermedad provocada por un protozoo del género plasmodium, conocido como hematozoario de Laveran en honor a Alfonse Laveran (1845-1922), el médico francés premio Nobel de medicina en 1907 que descubrió el ciclo de reproducción."

El protozoo se introduce en el cuerpo de las personas por la picadura del mosquito del género 'Anopheles', el cual constituye el huésped. Una vez dentro del cuerpo humano, se producen por divisiones progresivas y se alimenta de hemoglobina de la sangre, destruyendo los glóbulos rojos.

El paludismo se caracteriza por provocar en la persona enferma un ciclo de fiebres intermitentes. Los enfermos suelen presentar anemia y un color amarillento de la piel, causado por la pérdida de hemoglobina.

Hasta principios del siglo XX fue una enfermedad muy común en toda Mallorca, debido a la abundancia de aguas estancadas. Como queda dicho, los pueblos colindantes con la Albufera, Alcúdia, sa Pobla y Muro, se vieron especialmente afectados. Además, el cultivo del arroz añadía un hábitat óptimo para el mencionado mosquito 'Anopheles'.

Con la magna obra de canalización de sus aguas, desecación parcial y ataque biológico de la Albufera, llevada a cabo por los ingleses, dio comienzo la erradicación de aquella endemia tan temida como era el paludismo, que durante siglos azotó a los habitantes de los pueblos limítrofes con el humedal del norte de la isla.

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