14 de septiembre de 2019
14.09.2019

Hallan los restos de la Porta de la Vila Roja de la muralla moderna de Alcúdia

El Ayuntamiento ha ordenado al contratista de la rehabilitación que los valle de forma permanente para que sean observados sin perjudicarlos

14.09.2019 | 02:45
Dos personas caminan junto a los restos de los cimientos de la Porta de la Vila Roja.

Las Murallas de Alcúdia contaban con tres puertas de acceso al interior de la ciudad; la Porta de Mallorca, en la carretera de Inca; la Porta del Moll, en la parte noroeste; y la Porta de la Vila Roja, en la carretera de es Barcarès. Recientemente, el contratista que lleva a cabo las obras de rehabilitación del segundo cinturón amurallado –llamado moderno porque data del siglo XVII, frente al primer cinturón que es medieval– ha descubierto los restos de la puerta de la Vila Roja, que se sospechaba que se encontraban en el lugar pero que llevaban siglos enterradas bajo el pavimento.

En las murallas medievales se encuentra una puerta denominada también de la Vila Roja, que se encontraba alineada con esta otra ahora descubierta, y daba entrada a la ciudad por la zona de es Barcarès.

El Ayuntamiento ha ordenado al contratista que valle de forma permanente, y acorde con el entorno, el foso excavado permitiendo ver los restos de la puerta de entrada a la ciudad. De esta forma, los curiosos pueden observarla desde el nivel de la calle sin perjudicar el monumento. Dicho cerramiento ha sido completado recientemente y los visitantes ya pueden disfrutar de un elemento patrimonial de relevancia que durante siglos ha estado oculto.

Cimientos

Bàrbara Rebassa, alcaldesa de Alcúdia, explica que "tras el hallazgo se observó el trazado de los cimientos de la muralla moderna, que continúan, como era de esperar hacia la zona de la plaza de toros. En ese momento tuvimos sobre la mesa la opción de excavarlos y ponerlos al descubierto, pero nos encontramos con que tendríamos que hacer una gran modificación urbanística porque allí confluye la carretera que viene de es Morer Vermell". La alcaldesa detalla que "finalmente se decidió pavimentar de forma distinta al resto de la calle, en superficie, el contorno de los cimientos de la muralla para que se pudiera ver al menos su trazado".

Rebassa puntualiza que "los especialistas deducen que la Porta de la Vila Roja era una salida al mar por la parte de la bahía de Pollença, porque era el punto quizá más vulnerable de la ciudad. Incluso se planificó en su momento un hornabeque que no llegó a construirse".

Fortificación

Un hornabeque es una fortificación exterior que se compone de dos medios baluartes. Los hornabeques se desarrollaron a partir del siglo XVI. Se construían a cierta distancia de una fortificación para fortalecer un flanco débil. La misión principal del elemento defensivo era obligar a la artillería enemiga a situarse más lejos de la fortificación principal para que no llegase a dañarla.

El segundo cinturón amurallado se construyó como respuesta a la rápida modernización de la artillería que dejaba obsoletas las murallas medievales.

Vicenç Mut (Palma 1614-1687), ingeniero militar, trazó el plano definitivo de la fortificación que preveía la construcción de siete bastiones poligonales y un hornabeque en la punta norte. Las obras empezaron en 1660 y rápidamente se había finalizado la puerta de Mallorca, que actualmente se supone también soterrada bajo la actual carretera de Inca; a la altura del restaurante Las Murallas.

En 1682 se desistió de construir el hornabeque y se sustituyó por el actual bastión de Sant Ferran, dentro del cual se ubica la plaza de toros.


Los avances de la artillería relegaron las murallas en favor de las baterías

Durante los años 1753 y 1754, Joan Ballester Zafra, ingeniero militar, se concentró en detallar las murallas en varios planos por orden del Duque de Montemar, ministro de la Guerra. La finalidad, no obstante, no era la de reforzarlas sino la de evaluar los costes de su demolición. Todo ello iba acompañado de proyectos de mejora de las baterías costeras. Ballester concluye en su informe que el segundo recinto amurallado es completamente inútil. A pesar de ello quiere evitar una humillación a la ciudad y recomienda textualmente: "Para esta plaza, en la inteligencia de que no conviene emplear caudales para fortificarla, sino reparar sus murallas antiguas e interiores, con que estará el pueblo fuera de insulto, y demoler las exteriores". Ballester evidencia en este informe la imposibilidad que tuvo el recinto fortificado de Alcúdia de adaptarse a los avances y modernas tácticas bélicas. En 1754, el marqués de la Ensenada, ministro de la Guerra de Fernando VI, resuelve que "se repare el recinto interior y se abandone el recinto moderno". Es decir, ni siquiera se contempla la demolición por el elevado coste, simplemente se abandona, motivo por el cual aún se han podido recuperar partes de ella.

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