12 de septiembre de 2019
12.09.2019
Puigpunyent

Una promesa cumplida 140 años después en Galilea

La localidad vivió la fiesta de su patrona de una manera especial el pasado domingo con la actuación no esperada de una coral durante la eucaristía

11.09.2019 | 20:02
La abuela de la testadora prometió que si le iba bien en Francia daría las gracias a la Virgen.

Un testamento sorpresa. Un bufete de abogados de París hizo llegar a la parroquia de Galilea la última voluntad de una mujer para hacer realidad el juramento de su abuela, quien partió de Galilea a Francia a finales del siglo XIX para hacer fortuna

La voluntad no cumplida de una abuela que emigró de Mallorca a Francia hizo que los galileus y las galileves vivieran una misa emotiva y sorprendente para celebrar la fiesta de su patrona el pasado domingo. De hecho, pocas personas sabían que este año el tradicional sonido del órgano acompañando las plegarias de los fieles en la eucaristía iría acompañado de los cánticos de una coral contratada expresamente para la ocasión, un hecho inusual pese a la importancia de la festividad.

Por ello, fue toda una sorpresa cuando la coral Klau d'Amics empezó a entonar su repertorio. Los hechos se deben a una promesa hecha hace unos 140 años atrás. Miquel Matas, vecino de Puigpunyent y muy vinculado con Galilea –ya que es el director de la Escola de Ball–, explica que un abogado de Palma, amigo suyo, le pidió como favor contactar con la iglesia del pueblo. El motivo es que habían recibido una petición de un bufete de París para cumplir con las últimas voluntades de una anciana de 96 años, fallecida este 2019. La mujer se había criado con su abuela y se ofreció a ésta para cumplir con la promesa que no había podido realizar. Los hechos se remontan aproximadamente al año 1880, cuando partió de Galilea con sus padres para hacer fortuna en Francia. Prometió que si las cosas le iban bien en el estado galo, daría las gracias a la patrona de su villa. Parece ser que todo les fue viento en popa, pero la niña, ya mayor, no cumplió con su juramento, al igual que jamás regresó a su tierra natal. Cuando su nieta falleció este año, en su testamento dejó una manda pia para cumplir con la promesa de su abuela y para ello destinó dinero para pagar la decoración floral de la iglesia, el concierto de una coral y el dinero sobrante destinarlo a beneficencia.

La mujer, que nunca visitó Galilea, cumplió la promesa de su abuela el pasado domingo. Lo hizo manteniendo el anonimato de su familia. Ahora bien, dejó su imprenta en el evento al escoger expresamente cuatro de las obras que sonaron en la misa: Magnificat de Giovanni Pergolesi, Gloria de Vivaldi, Canticorum Iubilum de Haendel y Albada del compositor mallorquín Miquel Tortell. Sin lugar a dudas, la celebración de este año quedará grabada en la memoria de los vecinos de Galilea.

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