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Lletra menuda

Abandono por soledad y decepción

Abandono por soledad y decepción

El ejercicio de la política es arriesgado, sobre todo cuando media la ambición personal y uno, o una, ajeno a la realidad, no ha mesurado la posibilidad de la derrota. Saltan ejemplos de ello inmediatamente después de conocerse cada resultado electoral, testimonios que hoy están personificados en Mateo Isern, en Palma y Pepi González, en Lloseta.

Un cargo electo avalado por la convicción de sus principios y un plan de acción, no abandona a sus votantes, aunque éstos sean solo media docena. Sobran los casos de triunfadores potenciales con cábalas de irrealidad y compromiso endeble.

Pepi González está herida por demasiadas luchas de política interna y fragmentación partidista. La "introspección, el análisis y la autocrítica" a la que se ha entregado desde la noche del domingo pasado, se inició con días de retraso. Es un ejercicio que, hecho a tiempo, le hubiera proporcionado una mejor sintonía con un electorado que ahora cede a Eusebio Muñoz. Pepi González no ha podido superar la claustrofobia del callejón sin salida. Es tan mala perdedora como Mateo Isern, por mucha distancia que haya entre uno y otra.

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