10 de noviembre de 2018
10.11.2018
Inca

Tomás Cueto abre la semana del Dijous Bo con un pregón nostálgico

El empresario juguetero recuerda cómo las ferias de Inca marcaban el inicio de la venta de turrón

09.11.2018 | 23:18
El empresario inquense pronunciado el pregón en la parroquia de Santa Maria la Major.

El empresario inquense Tomás Cueto, descendiente de una larga familia de feriantes, emocionó ayer a una gran afluencia de público que se congregó en el interior de la parroquia de Santa Maria la Major. Cueto abrió oficialmente la semana grande del Dijous Bo con un pregón 'muy feriante', como diría momentos antes el alcalde de la ciudad, Virgilio Moreno.

No fue para menos pues Cueto explicó la tradición ferial y festiva de Mallorca de la segunda mitad del siglo XX a través de la historia de su familia. Detalló las penalidades y alegrías que acompañaban a los feriantes en los años en que él nació y de las tradiciones que fue conociendo.

Se emocionó en algunas ocasiones y lo dejó ver, a pesar de ser un hombre de semblante adusto y muy serio. No pudo reprimir algún quiebro de voz al recordar a su madre o a su esposa, fallecidas.

El pregonero aseguró que tras nacer él, en noviembre de 1957, su madre ya se lo llevó el día de la Purísima a Palma para poder trabajar en el puesto de venta que montaba su familia en la feria de navidad. Explicó como la parada, de mesas de madera y toldos de lona, les serváa de negocio y casa. "Comíamos escondidos en un rincón y dormíamos bajo las mesas, protegidos por el toldo de lona que en invierno nos resguardaba de la lluvia y en verano del sol", dijo.

Tomás Cueto vivió una infancia de feriante y recuerda especialmente el periplo habitual que empezaba en Palma con la Navidad, seguía con las fiestas de Carnaval, Ramos, Semana Santa en Pollença, "vendiendo peladillas para las procesiones", a la que seguía Pascua con sus romerías en ermitas donde ellos vendían "avellanas, dátiles, coco y las últimas peladillas".

Tras los 'pancaritats' llegaban las ferias de primavera "las primeras eran las de Muro y Santa Maria, después Sencelles, Manacor, Binissalem, pero las dos más importantes eran las de Sineu y la de Sóller". Tras las ferias primaverales llegaban las fiestas patronales de verano de las que recordó especialmente las de Sant Marçal porque "fue de los últimos lugares donde llegó la electricidad y las paradas de la feria se alumbraban con luz de carburo y más tarde de gas".

También tuvo un gran recuerdo para las ferias de Inca de las que dijo que a principios de los años 80 casi habían desaparecido y que para recuperarlas nació la Asociación de Comerciantes de Inca. "Cuando yo era niño, mucha gente se apercibía de que era el primer domingo de feria porque de madrugada veían a mi familia montar su parada de turrones y avellanas en la plaza de España", dijo.

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