28 de octubre de 2018
28.10.2018

Ya hace 140 años que llegó el tren

El ferrocarril ha sido a lo largo de los años un elemento dinamizador de la ´marjal poblera´ aunque actualmente ya no transporta mercancías

27.10.2018 | 21:19
Ya hace 140 años que llegó el tren

Un accidente que, por fortuna, resultó más aparatoso que grave

  • El martes 12 de febrero de 2002, poco más de una año después de su retorno, a las 8.15 de la mañana, a  su llegada a la estación de sa Pobla, el tren conducido por Miquel Joan Ferrutja Coll, sufrió un espectacular accidente al colisionar violentamente el vagón motor con el tope de hormigón situado al final de la vía, en la propia estación. Siete pasajeros, incluidos el maquinista y el revisor, padecieron heridas de distinta consideración, más bien leves. El conductor atribuyó las causas del accidente a la escasa visibilidad, a consecuencia de la intensa niebla que se había acumulado a ras de suelo aquella madrugada. Durante  todo el día, fueron numerosos los curiosos que se acercaron a la estación para contemplar aquella impactante imagen que ofrecía el vagón del tren literalmente montado sobre la gran piedra de hormigón. El presidente del Govern Balear Francesc Antich, acompañado del conseller de Obras Públicas Francesc Quetglas y el alcalde de sa Pobla Jaume Font se personaron en el lugar del siniestro para comprobar lo ocurrido e interesarse por el estado de los heridos.

Aniversario. El Ayuntamiento de sa Pobla lo solicitó y aportó dinero, vecinos de la población, movidos por el político y abogado local Miquel Socias Caimari, aportaron cuanto pedía Ferrocarriles de Mallorca para que el 24 de octubre de 1878 se escuchara llegar a la primera locomotora

El 24 de octubre de 1878 fue una gran fiesta en sa Pobla. Las calles y plazas de la población, la Casa Consistorial y la iglesia lucieron sus mejores galas con damascos y enramadas en sus ventanas y fachadas. Y las primeras autoridades civiles, militares y religiosas vistieron sus trajes de fiesta mayor, cuello de la camisa blanca almidonado y corbata oscura, para dirigirse a la estación y presenciar con el latido del corazón alterado, la llegada del primer tren a la villa. El tren, entonces símbolo de prosperidad y grandeza, que abriría nuevos destinos a los productos hortícolas cultivados en las marjales pobleres, tierras ya fértiles después de la gigantesca obra de desecación de s'Albufera.

A las diez de aquella mañana otoñal, la máquina de hierro se asomó en territorio pobler y sus silbidos y el humo que emanaba de su chimenea, transmitieron una extraña sensación, mezcla de gozo y admiración, a los numerosos congregados alrededor del andén de la estación. La locomotora número 7, bautizada con el nombre de 'La Puebla', engalanada con ristras de mirto, hojas de palmera, ramas de olivo y dos banderas nacionales entrecruzadas sobre su morro, se paró triunfante engullendo dentro de sus propias entrañas las últimas bocanadas de humo y vomitando por los costados, los restos de vapor caliente.

La comitiva de autoridades encabezada por el alcalde Gabriel Comas, se dirigió a l iglesia parroquial donde se cantó un tedeum, para después brindar por aquel importante acontecimiento en la Casa de la Villa y felicitar a Miquel Socias Caimari, gran defensor y eficaz impulsor del proyecto.

Socias fue abogado y político, diputado a las Cortes Españolas entre 1886 a 1890, Gobernador Civil de Teruel, Pangasinam (Filipinas), Segovia, Girona y Barcelona. Nombrado Hijo Ilustre de sa Pobla y el 26 de octubre de 2008, recibió en la plaza Major un homenaje y reconocimiento póstumos.

En aquella época, el tren era uno de los medios más significativos del progreso. Y así lo entendieron los responsables del consistorio del lejano 1865, cuando por parte de una sociedad constructora de la línea férrea entre Palma y Alcúdia, se requería ayuda y la "colaboración de todas las personas pudientes de esta isla para que contribuyesen y cooperasen por medio de la suscripción voluntaria de acciones que se ha abierto a tan grande y benéfica empresa..." (sic).

En sesión municipal del 14 de mayo de 1865, la corporación acordó por unanimidad hacer las aportaciones pertinentes. Pero tuvo que pasar más de una década, hasta que la compañía Ferrocarriles de Mallorca considerara la petición.

Miguel Socías reunió en su casa, junto con varios amigos, también adinerados, la cantidad de dinero suficiente para cubrir el cupo de acciones que la compañía exigía para comenzar el ramal desde s'Enllaç a sa Pobla.

La llegada del tren hizo realidad un ilusionante sueño. El deseado camino de hierro de 47 kilómetros de recorrido que unía sa Pobla con Ciutat, sería el vehículo que transportaría miles de toneladas de productos nacidos de las entrañas de los marjales.

Interrupción

El tren de sa Pobla, como ya habían hecho los que cubrían otros ramales de la geografía isleña, emprendió su último viaje, sin retorno, y sin ningún comunicado oficial por parte de la compañía el 28 de febrero de 1981, "con motivo de las obras de mejora y cambio de vía del tramo Palma-Inca", según comentarios extraoficiales.

Todo hacía pensar que la suspensión del servicio era provisional, pero el tren, otro modelo de tren, tan distinto al que se había ido, tardaría 19 años en volver a sa Pobla, que lo recibiría con júbilo en otra estación, también muy distinta y en otro emplazamiento que la que le había visto partir. Una estación, la primitiva, cuya estructura todavía se conserva, actualmente albergando las dependencias de la Policía Local.

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