29 de julio de 2018
29.07.2018

38 años detrás del mostrador de Roella

La propietaria de la popular papelería de Alaró, Catalina Bestard Fullana, se jubila para emprender nuevos proyectos

29.07.2018 | 02:45
Cati de Roella ha decidido dejar la papelería para dedicarse a otras cosas.

Catalina Bestard Fullana ha sido la cara visible de la papelería Roella de Alaró durante 38 años y ahora ha decidido jubilarse. El negocio, muy popular en el pueblo, se abrió poco antes de las fiestas de Pascua del año 1979. Si no hubiera abierto Roella habría estado trabajando en alguna oficina. "De hecho, trabajé durante un año vendiendo camiones trasportadores", recuerda.

Cati, con solo 25 años, no sabía muy bien a qué dedicarse. En ese momento estaba estudiando el bachillerato nocturno en el instituto Ramon Llull de Palma y todo surgió con un comentario de un profesor durante una clase de contabilidad: "¿Sabéis estos nuevos negocios tan imponentes de Jaime III? ¡Pues que sepáis que el kiosquito de abajo que vende periódicos gana más que esta gran superficie!". Cati, a quién le quedó grabado ese apunte, decidió emprender el negocio y comprobó, años más tarde, que aquel profesor de contabilidad no estaba equivocado.

El nombre del negocio se le ocurrió a su amigo de clase Toni Cantona. ´Roella´ significa amapola y aunque la traducción al catalán es ´rosella´, el término ´roella´ también estaba aceptado.

Alquiló el local a un tío de ´Jaume Tenda´ y, con la ayuda de su padre, hicieron la reforma porque el local no tenía suministro de agua ni luz ni puertas. Desde su apertura no se han hecho grandes reformas, Roella siempre ha conservado la imagen auténtica.

Al principio, su padre que ya estaba jubilado, abría a las 6 de la mañana. Pero cuando sus hijos crecieron, Cati empezó a abrir a las 6,45. Vendía muy pocas cosas: golosinas, objetos de regalo, papelería y algunos juguetes. "Solo había una distribuidora en la que comprabas todo lo que necesitabas; al cabo de unos años ya compraba cada marca a su empresa".

Los primeros años

Durante los primeros años la prensa estaba en Can Cladera. La distribuidora Rotger no quería dar el servicio a dos sitios a la vez hasta que les compró el traspaso y pasaron a venderse los periódicos en Roella. Algunos diarios se traían el día anterior a las 20 horas y la gente ya podía comprar el periódico del día siguiente.

Respecto a las noticias más vendidas, Cati explica que las bodas reales siempre han sido muy leídas. "De hecho, cuando se murió Lady Di vendí toda la prensa y todas las revistas", dice. Añade que antes cuando salía algún vecino en la prensa se compraba mucho más el periódico que ahora, pero "hace un par de años cuando asesinaron a Andreu Coll nos faltaron periódicos en todos los quioscos". Los temas políticos ya no venden tanto.

Cati ha tenido que renovarse. Al cabo de veinte años el mundo digital también aterrizó de lleno en los pequeños comercios y Cati tuvo que digitalizarse. "La venta de los libros ha bajado mucho desde que entró lo digital", asegura. Los libros de los dos colegios también los vendía en Roella, pero ahora muchos usan el Ipad. A ella, como a todos, le ha costado adaptarse a este nuevo mundo. "Si hubiera llegado diez años después ya no me hubiera pillado, pero he aprendido y ahora lo domino e incluso lo uso para todo aunque las facturas las seguía haciendo a mano".

Los pedidos de libros y la venta de periódicos bajaron. Antes la gente esperaba el periódico para saber lo que pasaba en el mundo, ahora tienes la información en tu teléfono, a tiempo real.

La competencia con las grandes superficies también llegó. "Fue un gran cambio, sí, pero también había más gente". La competencia de precios fue un reto frente a los grandes negocios pero siempre ha procurado tener precios asequibles. "No ganaba tanto pero ponía el precio más bajo que la oferta". Cati comenta que los productos de papelería son los que mejor se han vendido y en los que ella más invirtió.

Anécdotas

Hace bastantes años puso a la venta los carteles de ´Se vende´ y ´Se alquila´ y la gente se paraba preguntándole dónde se iba y qué pasaría con el negocio. Otra historia era cuando venían los juguetes de los Reyes. Los traían en un camión enorme y los dejaban en la casa de un familiar. Aina, su hija, creía que los Reyes iban a casa a buscar los regalos. "Mis hijos han crecido entre libros y películas". Cuenta que con el paso del tiempo el pueblo también ha cambiado. "En estos momentos, Alaró me encanta, es muy cosmopolita. Antes estábamos muy atrasados, pero últimamente ha venido gente de fuera y esto nos ha dado mucha vida", explica.

Cati sonríe al recordar cómo ha sido el trato con la gente durante 38 años. "El pueblo me ha tratado muy bien, me siento muy querida. Los niños vienen con los padres que venían a comprar ´chuches´ cuando eran niños". Desde siempre ha sido muy feliz por haber trabajado al lado de casa.
Aunque ya no esté detrás del mostrador, siempre será ´Cati de Roella´. Ha sido el punto de encuentro de la localidad desde que abrió sus puertas. "Ens veim a Roella" o "ja arrib, estic a dos carrers de Roella" son expresiones ya arraigadas entre los alaroners.

El veinte de junio cerró las puertas para que Tomeu Llambias, su sucesor, pueda seguir con la ilusión con la que Cati empezó. Quiere tener más tiempo para ella y centrarse en sus nuevos proyectos, que son muchos. Alaró la echará de menos.

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