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Reconocimiento

El ejemplo de las mujeres ´gabellines´

Ellas fueron la avanzadilla feminista en una sociedad patriarcal gracias a los ingresos obtenidos con la elaboración de productor de palmito

Isabel Peñarrubia con el libro, que supone el estudio de nueve casos de mujeres locales, con los que ilustra y ejemplifica los logros de la Dones de la llata.

Isabel Peñarrubia con el libro, que supone el estudio de nueve casos de mujeres locales, con los que ilustra y ejemplifica los logros de la Dones de la llata. b. capó

La historiadora Isabel Peñarrubia presentó anteanoche en el teatro de Capdepera el libreto Gabellines, de les primeras a emancipar-se, una obra editada por la dirección insular de Igualdad del Consell e incluida en la colección Mallorca te nom de dona. El estudio recoge las historias de nueve gabellines, que fueron de las primeras mujeres en iniciar una cruzada en favor de sus derechos en una sociedad patriarcal.

Y es que Capdepera, incluso antes de su separación de Artà era una pueblo especial. Cuenta la autora que en 1878 ya hay referencias, con nombres y apellidos, de donativos que hacían las mujeres locales para presos republicanos de Sa Mola (Catalunya), afines a sus ideas, pero que no conocían.

Estos donativos salían gracias a las ganancias económicas conseguidas con la elaboración y comercialización de la llata (palmito), que permitían tener ese plus de supervivencia para muchas familias.

La sociedad gabellina fue de las primeras en erradicar el analfabetismo, sobre todo el femenino. Ellas ejercieron la ciudadanía, fueron de las primeras en escribir en publicaciones de prensa, en la recogida de firmas, asociándose para conseguir mejoras laborales o trabajando en cooperativas.

Elaboraban todo tipo de objetos en obra de palmito, que luego vendían no solo en Mallorca, sino que también exportaban a Barcelona. Esta industria, que les suponía unos ingresos extras, era muy dura pero permitía su ejecución en casa y que pudieran compaginarla con el cuidado de los hijos u otras labores del hogar, sin un horario particular a seguir.

Tampoco precisaba de grandes inversiones en material o en materia prima, que encontraban en las tierras poco fértiles pero con abundancia de garbellons. Capdepera tampoco tenía grandes terratenientes que actuasen como caciques, como ocurría en Artà. Allí el único caciquismo era el de los traginers, al que estas mujeres también supieron enfrentarse, recuerda la autora.

Las 'vetleries'

Su organización estuvo por tanto presente en la elaboración del palmito, naciendo así las vetleries, donde por las noches se juntaban para trabajar en una casa compartiendo sitio, cultura, vivencias, además de servir para reuniones de ciudadanía. Se cantaba al tiempo que se trabajaba, recuerda Peñarrubia; solo se paraban a la llegada del cartero, para leer la prensa que traía.

Aquellas mujeres pertenecían a una una sociedad más bien feminista y culta, a contracorriente de la que les había tocado convivir en aquel momento, una patriarcal y algo inculta. Pero estas valientes trabajadoras supieron emanciparse y coger las riendas de su economía y vida social, compartiendo asociaciones políticas y sindicales y religiones. No en vano la primera agrupación socialista del municipio fue creada por mujeres.

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