Se quejan los jubilados, a los que les gusta pasear, pero que no tienen alma de expedicionarios con machete en mano. Y los ciclistas, que a la pedalada menos pensada se encuentran con una rama en la cabeza. Y los aficionados al footing, devorados por tanto insecto. Se quejan los padres con hijos, que ven con temor cables sueltos serpenteando sin control. Se quejan los políticos. Y Santa Ponça. Y Peguera. Y la urbanización Galatzó. Todos llevan un lustro observando y sufriendo el deterioro del Passeig Calvià entre la rotonda de Cala Figuera y Peguera. Un tramo convertido en una selva improvisada. El único que no está recepcionado por el Ayuntamiento por las deficiencias que presenta la obra hecha por el Govern. Hoy, los usuarios de este tramo podrán entonar, bien alto, el aleluya. Operarios municipales empezarán a limpiarlo, mientras siguen las negociaciones con el Govern para la recepción de la infraestructura.

Más de 900 firmas piden cambiar las paradas del 104

Los vecinos de Son Ferrer también están indignados. En este caso, por el cambio de recorrido de la línea de bus 104. Desde hace unas semanas, ha dejado de pasar por el interior del núcleo para hacerlo por una calle exterior, la de es Mussol. Una campaña de recogida de firmas contra esta modificación ha acabado con 970 apoyos. "No se puede hacer oídos sordo a las peticiones de los vecinos", dijo ayer el portavoz socialista local, Alfonso Rodríguez. Desde sus mismas filas, la regidora Marta de Teba pide al Ayuntamiento que medie ante la Dirección General de Transportes para volver al itinerario anterior.

"¿Acaso hay algo más dulce que el amor?"

El alcalde Miquel Ensenyat (PSM) bromea cuando se le pregunta por la coincidencia este domingo de la Fira Dolça y la campaña Casa´t a Esporles, que busca promocionar la infraestructura de hostelería del municipio para este tipo de eventos. "¿Acaso hay algo más dulce que el amor?", responde Ensenyat entre risas.