04 de marzo de 2012
04.03.2012

Una tradición desde el siglo XV

Los barcos de Balears usan el ´jonquiller´, un arte de cerco y arrastre muy selectivo

03.03.2012 | 22:46
El veterano pescador y un amigo muestran como se abre la boca del jonquiller, el desarrollo de la manga y la corona.
Cuatro días antes de Navidad, se abre la temporada del jonquillo. Tanto es así que este suculento pescado se asocia en muchos hogares al aperitivo de la comida navideña. Es muy tradicional tomarlo en forma de croquetas (raoles en catalán).
La pesca del jonquillo es ancestral y se tienen noticias de ella a partir del siglo XV.
Acabada la temporada de la llampuga a finales de noviembre, muchas barcas permanecen paradas y los pescadores de vacaciones. Llegando Navidad muchos anhelan salir para empezar a capturar unos de los pescados importantes para su renta anual.
Desde hace un tiempo la pesca del jonquillo está también limitada a un cierto número de capturas para evitar acabar con la especie y por las fluctuaciones de precio. El contingente máximo permitido es de treinta kilos por embarcación. Además, las barcas inscritas en la campaña de jonquillo no pueden faenar otro tipo de especies.

El arte y su uso

Se pesca con un arte específico llamado jonquiller o jonquillera que presenta varias formas según la manera en que va armada la corona de malla muy fina con la cual se coge el pescado.
La forma en que capturan el jonquillo combina las técnicas de cerco con las de arrastre. Inicialmente los pescadores localizan las molas o cardúmenes de jonquillo con la ayuda de sondas electrónicas. Cuánto se encuentra una mola de este pescado, se marca con una boya, un cordel de hilo y un peso.
Después de dar un par de vueltas para ver si es jonquillo o cabotí (Pseudaphya ferreri), puesto que este último se pesca con la misma arte, se sueltan una tralla y unas boyas hasta que llegan al pescado. Se apaga el motor y se suelta el ancla para detener completamente el barco.
Cabe explicar que el jonquillo no se dispersa cuando el barco da unas vueltas para comprobar las lecturas de la sonda. Al revés, tiende a apiñarse aún más.
Una vez anclado sobre el cardumen se suelta el jonquiller. La red está formada por tres partes principales: bandas, manga y corona; con una luz de malla que disminuye progresivamente a medida que se acerca al final de la manga, donde puede llegar a ser de 2 milímetros.
La parte inferior de las bandas va cargada con unos pesos de plomo de forma que descanse sobre el suelo. En la superior, unos pequeños flotadores ayudan a que se mantenga abierta en forma de gran saco.

Izado lento

Una vez calado el arte, los pescadores comienzan a jalar de los cabos que lo sujetan a mano o con pequeños tornos eléctricos. La velocidad de izado es muy lenta para no dispersar al banco. Se efectúa desde uno de los costados de la embarcación. "El arte se desliza sobre el fondo, planchándolo pero sin arrastrar –cuenta mestre en Cosme Borràs, pescador jubilado de la cofradía de Pollença– Se trata de un arte que no daña el ecosistema. Nos interesa que no lo haga porque entre la gravilla y arena del fondo están los huevos que nos proporcionarán la pesca del año próximo".
El jonquiller engloba el cardumen con su boca y esté va transitando por la manga. El resto de especies escapa rápidamente por entre la luz de la malla o por la boca pero el jonquillo tiende a apiñarse posiblemente para parecer un animal mayor y hacer desistir al posible predador. La red se va haciendo más fina hasta que llega a la corona, el saco final, y el pescado queda atrapado.

Rentabilidad

Pescar jonquillo es una tarea muy laboriosa. Aunque parezca que el cupo máximo de 30 kilos es muy restrictivo cabe explicar que muchos días la mayoría de embarcaciones no llegan a completarlo. Cada calada de la red puede suponer entre 40 minutos y una hora de trabajo, para muchas veces izar unos pocos puñados de pescado. Sin embargo, volver a puerto con sólo cinco kilos ya supone ingresar unos 200 euros.

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