Hace cuatro años surgió en Artà la idea de crear un Consell Infantil, para que así todos los alumnos de educación primaria de los colegios CP Na Caragol, CC Sant Salvador y CC Sant Bonaventura pudieran valorar el estado de la villa desde su propia constatación. Y de esta forma, con la ayuda de sus profesores, se impulsó el Consell Infantil, en el que participan todos los estudiantes, representados por doce miembros. Los jóvenes han salido a la calle y han comprobado el estado actual de su pueblo. El resultado de su experiencia lo han recogido en un libro que denominan el mapa emocional de Artà. En él encontramos las cosas que más les han disgustado, como las cacas de perro por las calles, las continuas obras en diferentes vías urbanas, la contaminación, las pintadas de las paredes o los vehículos mal estacionados.

Asimismo, se reflejan los aspectos que más les han gustado; la tranquilidad, los edificios singulares, las calles con árboles y en buenas condiciones o las farolas nuevas del alumbrado público. Todas sus sugerencias están plasmadas en dibujos que conforman el mapa emocional y se pueden contemplar en la exposición Artà amb ulls d´infant, que fue inaugurada el pasado viernes y que estos días permanecerá abierta al público en el edificio cultural de la estación, en el marco del programa de actos para celebrar la Navidad.

La valoración de esta peculiar iniciativa por parte de los gobernantes municipales ha sido interesante. Es lo que admite, por ejemplo, el alcalde artanenc, Rafel Gili (UM). Según el primer edil, se han atendido bastantes sugerencias de las que el Consell Infantil ha hecho llegar a los dirigentes municipales.

Entre ellas encontramos una curiosa propuesta, para que los comercios u otros negocios de la localidad de la comarca del Llevant, en caso de necesidad dejen a los niños ir al baño, llamar por teléfono o tomar un vaso de agua.

Si preguntamos a los más jóvenes por la actividad llevada a cabo responden que les ha encantado y piensan seguir adelante con ella. En este sentido, sin parar, van anotando los defectos y virtudes de su pueblo en un programa del ordenador, que por cierto ya consultan los encargados del servicio municipal. Es un ejercicio sincero que también deberían emprender el resto de pueblos de la isla.