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La nueva Gomila de Camper divide al barrio: reconocen "un lavado de cara", pero no todos compran sus colores

Vecinos y comerciantes destacan la recuperación de edificios y la llegada de inversiones, aunque también cuestionan la estética y los problemas que persisten en la zona

Las nuevas fachadas de colores conviven con inmuebles deteriorados en una zona que todavía busca cerrar definitivamente su etapa de decadencia

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Palma

El amarillo, el azul, el rojo, el verde, el blanco y diferentes tonalidades de marrón han cambiado el paisaje de una parte de Gomila. Entre la calle Joan Miró, la calle Bellver y la plaza, los edificios de colores impulsados por Camper conviven con fachadas envejecidas y construcciones que todavía muestran las cicatrices de décadas de decadencia. La transformación es difícil de ignorar. Lo que no existe es una opinión unánime sobre ella.

"El cambio creo que puede ser positivo. Se han recuperado edificios que estaban muy deteriorados y esto es bueno para un lavado de cara y para que inviertan negocios", resume Raúl, vecino de toda la vida de Gomila. Su visión coincide con la de varios comerciantes, que consideran que la recuperación arquitectónica ha contribuido a reactivar una zona que, durante años, perdió buena parte de su actividad.

Patricia, responsable de We Hostel Palma, recuerda cómo era esta parte del barrio de El Terreno cuando llegaron hace nueve años. "Totalmente caótica", responde cuando se le pregunta por aquella Gomila anterior a la transformación. Asegura que el establecimiento fue uno de los primeros en apostar por la zona y celebra la llegada posterior de nuevos comerciantes e inversores. "Nosotros fuimos los pioneros en empezar a mover el barrio. Invertimos porque sabíamos que tenía un gran potencial", explica.

PALMA. Reportaje: termina el proyecto de Gomila de Camper con la última construcción amarilla junto a la casa modernista Villa Schembri, en la calle Bellver y COMERCIANTES DE LA ZONA

Patricia y Javi, responsables de We Hostel Palma, en la zona de Gomila. / Ana B. Muñoz

Más vecinos y movimiento en las calles

Para la responsable del albergue, la construcción de nuevas viviendas y la llegada de nuevos residentes han tenido un efecto directo en la actividad del barrio. "Que se hayan hecho viviendas para familias y que haya nuevos vecinos ha ayudado mucho", señala. También Kapil Kumar, propietario de un supermercado indio de la zona, considera positiva la transformación. "Me parece bueno para el barrio, ahora es más seguro", afirma.

PALMA. Reportaje: termina el proyecto de Gomila de Camper con la última construcción amarilla junto a la casa modernista Villa Schembri, en la calle Bellver y COMERCIANTES DE LA ZONA

Kapil Kumar, propietario de un supermercado indio de la zona. / Ana B. Muñoz

La sensación de que el entorno ha ganado actividad es una de las ideas que más se repiten entre quienes valoran positivamente el proyecto. Para sus defensores, la recuperación de edificios deteriorados ha contribuido a cambiar la imagen de la zona y ha atraído nuevas inversiones y negocios.

No obstante, el cambio no convence a todos. Tampoco desde un punto de vista estrictamente estético. Álvaro, propietario de una tienda de textiles de la zona, cuestiona la integración de las nuevas construcciones en el entorno. "No me parecen contemporáneos de lo que significa Gomila, lo que es Bellver y lo que es Mallorca", sostiene. En esta misma línea, Uriel, un joven que vive desde hace aproximadamente un año en el barrio, lo resume de una forma todavía más directa: "Me parecen horribles".

Un cambio que deja debates pendientes

Más allá de los gustos arquitectónicos, entre algunos vecinos y comerciantes aparece también otra preocupación: quién podrá vivir en la nueva Gomila. Una comerciante de la zona cuestiona el nivel económico de las nuevas viviendas. "Son edificios de un nivel adquisitivo alto y esto no es bueno para la gente local", afirma.

El proyecto ha cambiado el aspecto de algunas de las principales calles del entorno de la plaza, pero varios de los entrevistados consideran que la transformación arquitectónica no ha resuelto todos los problemas del barrio.

El propietario de la tienda de textiles asegura que los nuevos edificios "no han cambiado mucho la vida" de la zona y reclama una mayor sensación de seguridad. Por su parte, Patricia, la responsable de We Hostel Palma, también considera que todavía queda camino por recorrer. A su juicio, determinados locales y actividades nocturnas siguen dificultando la transformación definitiva del barrio y reclama una mayor implicación de las instituciones: "Tienen que ponerse las pilas para ayudarnos y que este gran paso sea completo".

Así, la nueva Gomila se abre paso entre opiniones contrapuestas. Para algunos, los edificios de colores han supuesto un "lavado de cara" y han contribuido a devolver la actividad a un barrio que llevaba años en decadencia. Para otros, su estética no encaja con el entorno o la transformación amenaza con elevar el nivel económico de una zona tradicionalmente popular. Los colores han cambiado las fachadas. El debate sobre qué Gomila está surgiendo, sin embargo, sigue abierto.

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