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¿Cuáles son las playas más caras y más baratas de Palma?

Los precios entre las playas de Ciutat varían de formas tan diversas que un día en la playa puede costar, contando hamaca, sombrilla, caña, comida y cóctel, entre los poco más de 30 euros de Ciutat Jardí y los casi 50 de Can Pastilla y Playa de Palma

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Pere Morell

Pere Morell

Palma

El tórrido calor que aumenta año a año en Mallorca alarga la temporada de sol y playa en Palma. Cuando el sol pica, el color rojo se vuelve el más habitual en los arenales de Ciutat y uno puede vanagloriarse de ver gambas en cualquier rincón sin tener que pagar. Cómo con el eclipse, la entrada al mar y a la arena sigue siendo gratuita. El problema es el suplemento.

Los precios entre las playas de Palma varían de formas tan diversas que un día en la playa puede costar, contando hamaca, sombrilla, caña, comida y cóctel, entre los poco más de 30 euros de Ciutat Jardí y los casi 50 de Can Pastilla y Playa de Palma.

Las tumbonas y hamacas tienen un precio más estandarizado y apenas varían. Ciutat Jardí es la única que tiene una tarifa reducida: 6 euros por una hamaca para todo el día; 13 euros por hamaca, sombrilla y caja fuerte; y 19 euros en caso de añadir una segunda hamaca.

En Can Pastilla, Playa de Palma, Can Pere Antoni y Cala Estància, la tarifa habitual es de 10 euros por una hamaca, 20 euros por hamaca, sombrilla y caja fuerte, y 30 euros en caso de querer añadir una segunda hamaca.

En Cala Estància, sin embargo, se da una situación insólita: han puesto las hamacas el 18 de agosto, a finales del verano. «Llevo aquí toda la vida y no lo había visto nunca», explica el camarero de un local cercano a esta playa. Además, uno no tiene ni idea de a quién le debe pagar. «Lo mejor es que te sientes y puede que venga alguien a cobrar, porque no sé quién lo lleva», explica el camarero.

Este diario hace la prueba y, tras 30 minutos sentados, aparece un cobrador, ahogado por el calor, con un datáfono y sin nada que le identifique. El hombre ignora nuestra hamaca para ir a otras a cobrar y, después de unos minutos, da media vuelta.

Finalmente, tras 15 minutos extra, es un turista, que sí ha pagado, quien confirma a este diario que el precio en Cala Estància es el mismo que en los arenales del costado. Esta extraña situación provoca que en esta cala haya un gran número de parasoles particulares que pueblan la arena.

Para refrescar la garganta, la caña en el chiringuito más cercano de esta cala cuesta 3,70 euros, mientras que una comida como una ensalada mixta son 10 euros o una hamburguesa normal, unos 14. Así, tumbarse durante un par de horas y comer con una caña puede salir por unos 14 euros si el vigilante decide no cobrar, o por 34 si hay mala suerte.

Unos metros al lado empieza la playa de Can Pastilla, que conecta sin interrupción con la playa de Palma durante varios kilómetros de arenal. Aquí el precio es indiferente al punto de la arena en el que uno se encuentre, ya que los 15 chiringuitos que hay sirven la misma carta al mismo precio. Lo único que varía es el ambiente y la fauna.

«Aquí, más cerca de Can Pastilla, hay más mallorquines; por el balneario 6 es Guirilandia», explica la camarera de uno de los chiringuitos. Los trileros, los vendedores de cocos y los turistas borrachos son algunas de las típicas estampas del verano que no han variado demasiado en los últimos años.

Aquí el cóctel no puede faltar para disfrutar del ambiente y su precio es de poco más de 12 euros. Es cierto que las cañas a un euro ya no las sirven ni en la China de Palma, pero una cerveza a 4,70 euros en estos chiringuitos sigue siendo un precio que eleva en demasía la cuenta final. Una hamburguesa a 8 euros y un pepito de lomo, que podría ser de lo más barato que uno coma, por unos 10 euros. Todo ello puede llevar el precio del día hasta casi 50 euros, consumiendo lo imprescindible.

«Esta playa está muy bien, es tan larga que siempre tienes sitio para ti», explica Mark Koch, que ha venido unos días a Mallorca. En los últimos días la afluencia ha bajado mucho debido al mal tiempo y a la operación Nube, que ha llevado a miles de turistas a aprovechar para ver el casco antiguo en lugar de pasar el día en la playa. Esto permite a quien quiera tener un amplio techo de arena para él y disfrutar mejor de las grandes olas que golpean la costa.

Cuando se aleja de Cala Estància dirección edificio de Gesa, llega de pronto a es Carnatge, el bello enclave natural que supone un respiro ante el paisaje de cemento y asfalto. Más lejano está Ciutat Jardí, donde, curiosamente, las hamacas están más baratas.

Además, el chiringuito más cercano tiene los precios más bajos, con la sorpresa de que también tiene la carta en catalán, contrastando con todos los demás locales consultados. Una caña a 3,25 euros, un cóctel a 9 y un pepito a 9 euros. Por poco más de 30 euros, uno puede pasar un día redondo en este lugar.

Luego viene el largo estrecho Molinar-Portitxol, donde uno disfruta del paseo sin hamacas, hasta llegar hasta la playa de Can Pere Antoni, donde el precio de las hamacas es el uniformado y el de la comida y las bebidas, similar al de Playa de Palma. Uno puede dejarse sus buenos 50 euros para disfrutar del día, 100 si lo hace en pareja.

Sin embargo, para algunos el placer consiste precisamente en no pagar un euro y disfrutar un par de horitas de las playas de Palma antes de volver a casa a comer. Los cócteles y las cañas se las reservan para Santa Catalina y el Paseo Marítimo, o para cuando peregrinan hacia las verbenas de los pueblos.

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