Vivienda
Crece un nuevo asentamiento junto a Ca l’Ardiaca
La ciudad amplía el mapa del sinhogarismo y suma un nuevo campamento entre la sede del Grupo Iberostar y el centro social, coincidiendo con el desalojo de la antigua cárcel de Palma: «No queremos problemas»

Tiendas de campaña y otros materiales para levantar chozas. | A. ROTGER
A un lado del puente que cruza la Vía de Cintura y conecta General Riera con el Secar de la Real se alzan las oficinas centrales de Iberostar Hotels & Resorts, la matriz del mayor grupo empresarial por volumen de negocio de Balears. La cadena hotelera da trabajo a más de 40.000 personas en todo el mundo y factura alrededor de 5.100 millones de euros al año.

Una pizarra en la entrada del asentamiento, donde se dejan mensajes. | A. ROTGER
Justo enfrente, al otro lado de la carretera y del puente, crece discretamente un paisaje totalmente distinto. Entre la autopista y la gran tienda Maisons du Monde ha ido tomando forma un asentamiento itinerante de tiendas de campaña y lonas. Es uno más de los campamentos improvisados que han proliferado en los márgenes de la Vía de Cintura y que reflejan la otra cara de una ciudad cada vez más marcada por la desigualdad.

Los residentes tienen que circular por un estrecho pasillo, junto a un terraplén con caída a la autopista. | A. ROTGER
Hace aproximadamente un año apareció la primera tienda de campaña. Después llegó otra y otra más. Hoy son doce, el máximo de chozas que permite el terreno del estrecho pasillo entre la carretera y la tienda de muebles y decoración. En algunas de ellas conviven varias personas.
«Fíjate, no hay un solo papel»
Solo hay un acceso al asentamiento. En la primera tienda descansan tres jóvenes que, además de soportar las altas temperaturas, controlan quién entra y quién sale. Su llegada coincidió en el tiempo con el desmantelamiento de la antigua cárcel de Palma, aunque ellos se apresuran a desvincularse de aquel lugar. «No queremos problemas. Mantenemos esto limpio. Fíjate, no hay un solo papel. Tampoco hacemos ruido. Cuanto menos molestemos, más tiempo podremos quedarnos», explica uno de ellos, que reconoce haber vivido en el pasado una mala experiencia en la vieja prisión.
La ubicación no es casual. A escasos metros se encuentra Ca l’Ardiaca, el centro de acogida de baja exigencia, donde pueden acceder a servicios básicos como lavandería, comedor o consigna. «Lo tenemos aquí al lado. Es el único sitio al que podemos acudir para comer y asearnos. Aquí no hay quejas porque no hay vecinos. A los únicos que molestamos un poco es a la tienda de muebles», comenta uno de ellos.
En Maisons du Monde prefieren no pronunciarse públicamente sobre la situación. Sin embargo, la preocupación resulta evidente. «Al principio solo había una tienda. Ahora ocupan toda la pared del aparcamiento», resume la responsable del establecimiento.
El más mayor de los chicos explica que trabajó durante varios años en hostelería como ayudante de cocina. «Eran otros tiempos. Antes si trabajabas podías pagar una vivienda. Ahora no. Y es muy difícil trabajar bien si duermes en la calle. Es un círculo vicioso».
El joven que se sienta a su lado se acomoda sobre una alfombra y se recoloca la pierna con la ayuda de las manos. «Estuve en la dana de Valencia», dice mientras muestra una larga cicatriz que le recorre desde la rodilla hasta el tobillo. «Me operaron pero después me devolvieron a la calle. No recibo ayudas porque no tengo papeles. Soy inmigrante y con la pierna así no puedo trabajar».
La indigencia no deja de crecer en toda la isla, aunque la gran parte se concentra en Palma. Los elevados precios y la emergencia habitacional empujan a cada vez más personas -residentes o extranjeros, parados o trabajadores- a vivir en condiciones insalubres.
Al Parc de Ses Vies, Son Bordoy, Son Serra Parera, Rafal Nou, Sa Riera y Nou Llevant, se suma un nuevo asentamiento chabolista, escondido en los bordes del asfalto, lejos de la imagen turística que proyecta la ciudad.
El Observatorio Social de Baleares (OSIB) de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y la Red por la Inclusión EAPN anunciaba a principios del verano que en septiembre se elaborará un macrorecuento del sinhogarismo y la exclusión residencial en todos los municipios de más de 20.000 habitantes de Balears.
Un fenómeno infrarregistrado
El objetivo del proyecto es hacer visible y mejorar el conocimiento sobre el sinhogarismo y la exclusión residencial en las islas, un fenómeno que, según la UIB está infrarregistrado y con datos insuficientes para dimensionar su magnitud real.
Las cifras no resuelven el problema, pero lo hacen imposible de obviar. Saber cuántas personas viven en situación de sinhogarismo convierte una percepción social en una realidad medible y, con ello, incrementa la presión sobre las administraciones para dar respuesta a un fenómeno cada vez más característico de los nuevos tiempos en Palma.
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