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Gent de Ciutat

Isabel Sánchez, médica de Familia: «La Medicina de Familia no trata solo enfermedades, trata personas»

Hace veintinueve años que trabaja en el centro de salud de s’Arenal. Ha visto crecer a varias generaciones de vecinos, ha conocido la transformación de una zona marcada por el turismo y defiende con pasión una especialidad que considera esencial para el sistema sanitario

Isabel Sánchez, médica de Familia desde hace casi treinta años en el centro de salud de s'Arenal

Isabel Sánchez, médica de Familia desde hace casi treinta años en el centro de salud de s'Arenal / .

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Lleva casi tres décadas en el mismo centro de salud. ¿Nunca ha pensado en cambiar?

Sí lo he pensado, pero para ir a un centro de algún pueblo, pues es importante conocer a la gente, saber quién es cada paciente y cómo vive. Esa relación forma parte de mi manera de entender esta profesión.

¿Qué ha cambiado más en s’Arenal durante estos años?

La presión asistencial. En verano aumenta la población y los profesionales seguimos siendo prácticamente los mismos. Hay que atender a mucha más gente con los mismos recursos.

¿Qué supone eso para un centro de salud?

Trabajar al límite. No por los turistas; también llegan trabajadores temporales y muchas personas mayores que pasan aquí unas semanas. Son pacientes con necesidades muy diferentes. Un turista joven suele acudir por problemas leves, pero los programas del IMSERSO traen a personas con varias enfermedades crónicas que necesitan recetas, seguimiento médico y eso sin disponer de informes médicos. Eso dificulta nuestro trabajo. Por otra parte, los trabajadores de la hostelería reflejan cómo ha cambiado el sector turístico. Antes veíamos sobre todo problemas físicos, hoy a estos se ha añadido la ansiedad, pues se trabaja bajo una presión enorme. Hay personas que prefieren seguir trabajando, aunque no estén bien, pues temen que no les renueven el contrato. Nosotros les explicamos cuál es la situación médica, pero la decisión final depende del paciente.

Y añadimos los golpes de calor.

He atendido a personas que trabajan muchas horas al sol, como socorristas o empleados de piscinas, con síntomas relacionados con el calor. Incluso algunos me cuentan que apenas pueden detenerse para beber agua.

¿Conocer personalmente a los pacientes facilita el diagnóstico?

Muchísimo. Hay personas que antes de que se sienten ya notas que les pasa algo. Esa confianza es muy valiosa y ayuda mucho a ejercer una buena medicina. Por otra parte, hay pacientes que vienen porque se sienten solos, porque necesitan explicar lo que les preocupa o compartir una alegría. Puede parecer que eso no es medicina, pero sí lo es. Escuchar también forma parte de nuestro trabajo. La Medicina de Familia no trata solo enfermedades, trata personas. Creo sinceramente que es la especialidad que tiene la visión más completa del paciente. Un especialista conoce muy bien una parte del cuerpo. Nosotros conocemos a la persona entera: sus enfermedades, su entorno, su familia, su trabajo y muchas veces hasta sus preocupaciones. Esa visión global es fundamental.

¿Faltan médicos de familia?

Lo que faltan son condiciones laborales que hagan atractiva esta profesión. Si mejoraran esas condiciones, muchos profesionales volverían a la sanidad pública. Habría que cambiar, sobre todo, la sobrecarga asistencial. No puedes duplicar la población que atiendes sin aumentar también el personal. Los recursos sanitarios son, principalmente, personas. Si se trabaja al límite, el sistema acaba resintiéndose. La sanidad ha cambiado mucho, pero la organización del trabajo no siempre ha evolucionado al mismo ritmo. Seguimos soportando una enorme carga asistencial y eso repercute en los profesionales y en los pacientes.

¿Los médicos de familia disponen de los medios necesarios para trabajar?

En general estamos bien equipados, pero todavía existen limitaciones que no comparto. Hay pruebas diagnósticas que no podemos solicitar directamente lo que supone alargar innecesariamente los tiempos de espera.

¿Las guardias siguen siendo uno de los grandes problemas?

Sí. Afortunadamente han mejorado respecto a hace años, pero siguen siendo muy exigentes. Cuando una persona lleva muchas horas trabajando, por mucha vocación que tenga, el cansancio existe. La medicina requiere concentración, capacidad de decisión y mucha responsabilidad. Por eso, creo que las jornadas deberían organizarse de otra manera. La vocación es imprescindible, pero no puede ser la excusa para aceptar cualquier condición. Los médicos queremos atender bien a nuestros pacientes, pero para hacerlo también necesitamos tiempo, descanso y recursos. Cuidar a quienes cuidan también forma parte de una buena sanidad.

¿Tenemos una buena sanidad?

Sí. Tenemos profesionales muy bien formados y un sistema sanitario del que debemos sentirnos orgullosos. La formación médica es excelente y la atención que se presta continúa siendo de gran calidad. Precisamente por eso creo que hay que proteger ese modelo y dotarlo de los recursos necesarios para que siga funcionando.

¿Y dónde ponemos a la educación sanitaria?

Me parece fundamental. Muchas consultas podrían evitarse si existiera una mayor educación sanitaria desde la escuela. Hay síntomas leves que pueden manejarse en casa con tranquilidad. Si la población conociera mejor esas situaciones disminuiría la presión sobre los centros de salud. La medicina también tiene una parte pedagógica. Cada consulta es una oportunidad para explicar, tranquilizar y enseñar. No consiste solo en recetar un medicamento. Muchas veces dedicamos más tiempo a explicar qué ocurre y qué debe hacer el paciente que a escribir una receta.

Y ¿qué decir sobre el debate ante el gasto farmacéutico o los medicamentos genéricos?

No me he sentido presionada para recetar un tratamiento u otro por motivos económicos. Lo importante es indicar el medicamento que necesita el paciente. Respecto a los genéricos, la evidencia demuestra que son igual de eficaces, científicamente ofrecen las mismas garantías.

Después de tantos años de profesión, ¿qué es lo que más le sigue emocionando?

La relación con las personas. Ver crecer a los niños que ahora vienen con sus propios hijos, conocer la historia de una familia o notar que alguien confía en ti después de tantos años es algo muy especial. Esa continuidad asistencial es uno de los grandes valores de la Medicina de Familia y creo que no deberíamos perderla.

Si pudiera cambiar dos cosas del sistema sanitario, ¿cuáles serían?

Mejoraría las condiciones laborales de los profesionales y apostaría decididamente por la educación sanitaria de la población. Estas dos medidas tendrían un impacto enorme en la calidad de la asistencia.

Y dejando por un momento la medicina, ¿qué consejo daría para vivir mejor?

Intentar vivir el presente.

Si volviera a empezar, ¿volvería a estudiar Medicina?

Sí, y, además, volvería a ser médica de familia. Me sigue pareciendo la especialidad más completa y la más humana. Porque, al final, nuestro trabajo no consiste únicamente en curar enfermedades, sino en acompañar a las personas a lo largo de su vida.

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