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El auge de los bares chinos en Palma: las familias asiáticas toman el relevo de los negocios de barrio

Cada vez más establecimientos tradicionales cambian de manos mientras sus nuevos propietarios mantienen la esencia, la clientela y la cocina de siempre

La segunda generación rompe la barrera del idioma, aunque muchos empresarios siguen mostrando reticencias a hablar públicamente de un fenómeno que se extiende por toda la ciudad

El auge de los bares chinos en Palma: las familias asiáticas toman el relevo de los negocios de barrio

B. Ramon

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Palma

Hay cambios que apenas se perciben. El café sigue saliendo a primera hora, el variat continúa presidiendo la barra y el camarero ya sabe qué desayuno quiere el cliente habitual antes incluso de que lo pida. Solo hay un detalle distinto: detrás de la barra ya no está la familia de siempre. Cada vez son más los bares tradicionales de Palma regentados por familias chinas, un relevo silencioso que se ha ido consolidando durante la última década y que hoy ya forma parte del paisaje cotidiano de muchos barrios.

Encontrarlos no resulta complicado. Basta con pasear por Pere Garau, Camp Redó, Bons Aires, Blanquerna o es Fortí para comprobarlo. Conseguir que hablen, en cambio, es más difícil. Durante unos días, este diario ha recorrido distintos establecimientos y la mayoría ha declinado amablemente la entrevista. En algunos casos por la barrera del idioma y, en otros, por una forma de entender la discreción que sigue muy presente dentro de la comunidad china. Finalmente, dos familias han aceptado abrir las puertas de sus negocios y contar una historia que se repite cada vez con más frecuencia en Palma.

La lista de bares es extensa y continúa creciendo. A nombres conocidos desde hace años, como El Doro, A Estribor, Bons Aires o Fujiyama, se suman otros como La Sirena, en la avenida Alemania, además de numerosos establecimientos repartidos por barrios como Pere Garau, donde el fenómeno resulta especialmente visible.

La confianza se gana café a café

En el bar Romantime, en la calle Blanquerna, You Xin atiende junto a su familia. Llegó a Mallorca hace 18 años y, tras pasar por distintos trabajos en peluquerías, cocinas y otros negocios, en 2021 decidieron hacerse cargo del local. Los primeros años no fueron sencillos.

La pandemia marcó el inicio de una etapa complicada. "Aguantamos tres años pensando muchas veces si podríamos seguir", recuerda. La competencia en una de las calles con mayor actividad hostelera de Palma tampoco ayudó.

Bar Romantime, situado en la calle Blanquerna, regentado por una familia china

Bar Romantime, situado en la calle Blanquerna, regentado por una familia china. / Juan A. Moreno

A esa incertidumbre se sumó la necesidad de ganarse la confianza de una clientela acostumbrada a otros propietarios. "Antes la gente entraba, miraba la carta y se iba. Ahora vienen muchas veces, ya conocen la comida y piden lo de siempre", explica.

Su apuesta ha sido mantener la esencia del bar tradicional, aunque introduciendo pequeños guiños a su cultura. Cada cierto tiempo incorporan algún plato típico de la región china de la que procede la familia, sin alterar una carta basada principalmente en la cocina que esperan encontrar los clientes habituales.

A pocos kilómetros, en Pere Garau, la historia presenta matices distintos. Jia Hao nació en Mallorca y representa a esa segunda generación que ya ha crecido entre dos culturas. Sus padres llevan alrededor de quince años al frente del bar Picadas.

"Al principio les costó muchísimo porque no sabían el idioma ni las tradiciones de aquí", explica. Con el tiempo aprendieron el oficio y también las costumbres del barrio. "Ahora ya le han cogido el truco", comenta.

La familia llegó incluso a probar suerte con algunos platos asiáticos, como sushi o rollitos de primavera. Duraron poco en la carta. "No funcionaron muy bien y decidieron que fuera un bar muy español", resume.

Hoy el negocio continúa funcionando gracias al trabajo familiar. Padres, hijos y hermanos se reparten las largas jornadas que exige un establecimiento de estas características, un modelo que se repite en buena parte de los bares regentados por familias chinas.

Un relevo que también alcanza a la comunidad china

Para Fang Ji, presidente de la Asociación China de las Islas Baleares (Achinib), el auge de estos negocios responde a varios factores. El primero es el relevo generacional que muchos bares tradicionales no han encontrado entre las familias mallorquinas. "Hay plazas donde siete u ocho bares ya están llevados por chinos y solo queda uno de mallorquines", asegura.

No obstante, también existe un motivo interno. Según explica, la primera generación de inmigrantes chinos encontró en la hostelería una oportunidad para emprender sin necesidad de un gran currículo, únicamente con "voluntad de trabajar duro". Un esfuerzo que, paradójicamente, sus propios hijos tampoco siempre quieren continuar. "Es un trabajo muy duro. Hay que levantarse muy pronto y terminar muy tarde", resume.

Fang Ji rechaza, además, la idea de que estos bares sean negocios impersonales. Precisamente, considera que su éxito depende de reproducir el modelo clásico del bar de barrio. "Los vecinos quieren llegar y que ya sepan lo que van a tomar. Esa confianza y ese cariño son muy importantes", destaca.

FANG JI. INMOBILIARIA. BARRIO PERE GARAU. PEATONALIZACION DE LA CALLE NUREDDUNA. REPERCUSIONES EN EL COMERCIO

Fang Ji, presidente de la Asociación China de las Islas Baleares (Achinib). / MANU MIELNIEZUK

El presidente de Achinib también recuerda que detrás de muchos de estos negocios hay familias enteras. "Cada caña y cada café sirven para mantener a varias personas, incluso a padres mayores que siguen viviendo en China. Trabajan duro porque quieren dar una buena educación a sus hijos", concluye.

Así, lejos de transformar estos establecimientos, la mayoría intenta conservar aquello que los hizo conocidos entre los vecinos. El idioma, las caras detrás de la barra o algún plato puntual pueden haber cambiado. El ritual, sin embargo, sigue siendo el mismo: el primer café de la mañana, el menú del mediodía y la conversación de siempre.

Quizá por eso muchos clientes apenas reparan en quién sirve el café. Lo importante, al fin y al cabo, es que el bar de toda la vida siga levantando la persiana cada mañana.

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