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Rosa Planas: «Palma se está convirtiendo en una ciudad boutique que ya no pertenece a sus habitantes»

Rosa Planas

Rosa Planas / Pere Estelrich i Massutí

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¿Ha conocido muchas Palmas a lo largo de su vida?

Sí. Cuando vives muchos años en una ciudad ves cómo cambia. He conocido muchas Palmas y, desgraciadamente, no todos los cambios han sido positivos para quienes hemos vivido en ella siempre.

¿Con qué Palma se queda?

Con la de antes de la gentrificación. Era una ciudad elegante, tranquila y agradable para pasear. Muchos barrios han perdido su carácter y desaparecen edificios singulares con demasiada facilidad.

¿Palma ha ganado o ha perdido?

Ha perdido personalidad, tranquilidad e identidad. El comercio tradicional desaparece y Palma se está convirtiendo en una ciudad boutique que ya no pertenece a sus habitantes.

¿Qué papel ha jugado el turismo?

Si hubiera sido más contenido y respetuoso probablemente no estaríamos en esta situación. Se permitió crecer sin suficiente control y la ciudad terminó convirtiéndose en un objeto de consumo.

¿Sus escritos sobre Palma siguen siendo actuales?

Ojalá no lo fueran, pero creo que incluso me quedé corta en algunas advertencias.

¿Somos conscientes del patrimonio que tenemos?

Solo una parte de la sociedad. Con frecuencia se restaura para rentabilizar, no para conservar. El valor económico acaba imponiéndose al histórico y cultural.

¿Qué siente cuando pasea por los lugares históricos?

Veo una pérdida progresiva de respeto por el patrimonio. Cada intervención debería hacerse pensando primero en su conservación.

Usted sigue disfrutando mostrando Palma.

Siempre. Pasear por Bellver o por la Seu es un placer. Una visita guiada, como las que hice hace años, no consiste solo en explicar datos, sino en transmitir amor por la ciudad.

Referente a esos cambios que ha sufrido Palma ¿mantiene la esperanza?

Cierta esperanza sí conservo. Mientras la conserve seguiré escribiendo y defendiendo Palma, aunque echo de menos una cultura entendida como esfuerzo, reflexión y conocimiento.

¿También ha desaparecido la vida de barrio?

Sí. Se ha perdido el tejido social. Han cerrado muchos comercios y cafés donde nacían conversaciones y amistades. Hoy la ciudad se parece cada vez más a cualquier otra y espacios como el mercado del Olivar han cambiado profundamente su función.

¿Cuándo se produce ese cambio?

Cuando se descubre que la ciudad puede convertirse en un gran negocio. Los intereses económicos pasan por delante de las necesidades de los ciudadanos.

¿Siente nostalgia?

Más que nostalgia, rabia. Duele ver cómo se ha desfigurado una ciudad a la que quiero.

¿En Palma, todavía quedan historias por descubrir?

Muchísimas. Investigar me mantiene viva. Palma posee una historia milenaria capaz de inspirar novelas, películas y nuevos estudios.

¿Qué enseñaría primero a quien visita Palma?

Las calles que rodean la Seu, el Jardí del Bisbe y el casco antiguo. También le hablaría de las personas que han dedicado su vida a preservar la ciudad y que apenas reciben reconocimiento. Deberíamos recoger la historia viva en las calles, como se hace en otros lugares, en los que multitud de placas indican qué ocurrió o quién nació en cada edificio histórico. Aquí menospreciamos a los que nos han precedido.

¿Qué no deberían olvidar nunca las nuevas generaciones?

Que Palma tiene más de dos mil años de historia. Cuando el Mediterráneo era el centro del mundo, Palma ya aportaba algo a ese mundo. Que desaparezcan calles i edificios me entristece. Cada elemento que se destruye supone también una pérdida de memoria colectiva.

¿Cómo le gustaría recordar Palma?

Como una ciudad elegante, austera, acogedora y consciente de su identidad.

¿Qué consejo daría para vivir mejor?

Recordar que todos estamos de paso.

¿Qué libro recomendaría para comprender ese cambio que ha sufrido la ciudad?

Siempre recomiendo leer a Josep Pla. Sus páginas sobre Mallorca ayudan a entender muy bien la transformación de la isla.

¿Y qué música acompañaría una conversación sobre Palma?

La Sexta Sinfonía de Beethoven, también algo de Mendelssohn y, para añadir un punto de melancolía, Chopin.

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