Comercio
La calle donde toda Mallorca iba a comprar y ahora va a comer
Se está transformando en uno de los principales lugares gastronómicos del centro de Palma con opciones que abarcan desde bollos suecos hasta onigiris japoneses: «Ponen tiendas que duran uno o dos años. Para que el barrio sobreviva necesitamos negocios estables»

B. Ramon

Nada de lo que hoy hay en la calle Sindicato lo podían imaginar los 120 establecimientos que llegó a reunir la asociación de comerciantes de esta zona de Palma. «Toda Mallorca venía a comprar aquí», señalan algunos de los propietarios que llevan más años en esta vía. Llegaron a sortear coches y cruceros entre quienes compraban en sus tiendas, pero ese pasado comercial esplendoroso se ha convertido en un recuerdo porque se está transformando en uno de los principales lugares gastronómicos del centro de Palma con diferentes propuestas internacionales. «La gente viene a pasear y a comer», resume Sandra, dependienta de la zapatería Neus Palou y que trabaja en esta vía desde hace 23 años.
Desde Plaça d'en Coll hasta Avenidas
En los seis minutos que se tarda en recorrer toda la vía desde su inicio en la Plaça d’en Coll hasta el final en la Avinguda d’Alexandre Rosselló los negocios hablan de un recorrido con sabores de todo el mundo que, si en vez de Palma fuera cualquier otra ciudad europea, a nadie le extrañaría. Es más sencillo comprar un helado que una ensaïmada.
Es posible saborear rolls (bollos) de canela suecos, un onigiri japonés, unas fresas recubiertas de chocolate, una porción de tarta de queso, una bebida de té china o empanadas argentinas antes de cruzarse con supermarkets hindúes, tiendas de reparación de móviles, heladerías y algunos de los pocos comercios históricos que todavía resisten en un recorrido que muestra el cambio que vive una de las arterias comerciales más emblemáticas de la ciudad.

Una clienta, mientras es atendida en una panadería sueca. / B. Ramon
Invasión de franquicias en Palma
«Ha cambiado como también lo ha hecho el Carrer Sant Miquel, Oms, Jaume II... En todas las capitales los negocios tradicionales cierran, abren franquicias o hay momentos en los que pegan fiebres por diferentes negocios, como pasó con las fundas para móviles o las heladerías. Últimamente es la comida. Antes solo estaba Sa Granja y el resto eran todo comercios», explica Pere Arbona, propietario de la Mercería La Veneciana, que continúa buscando un relevo para su negocio, que sigue funcionando bien: «Confío en que alguien siga adelante».
«El centro de Palma se está transformando en un reducto para los turistas. El precio del alquiler en el Carrer Sant Miquel es mucho más caro y aquí todavía pueden hacer alguna prueba porque el coste es más barato», sostiene Arbona de una calle peatonal atractiva para nuevos conceptos gastronómicos.
Este boom por la comida se debe a la llegada de franquicias que arrasan en seguidores en redes sociales como 99Cheesecake, que protagonizó colas a su llegada para comprar porciones de tarta de queso a 99 céntimos. A ello se suma la apertura de Aki Japo, especializados en onigiris -bolas de arroz rellenas de algún ingrediente salado en su interior-, y que ya ha abierto un segundo negocio en Palma o la reciente inauguración de Açai San, que con esta llegada a Sindicat cuenta con dos locales en Mallorca, además de establecimientos en Madrid y Albacete.
Más negocios para llevar en Mallorca
«Ahora abren negocios de take away (para llevar) y ni te puedes sentar. Están orientados al turismo», subrayan desde la Sombrerería Casa Juliá, que lleva 128 años abierta en Palma.
Estas recientes aperturas se suman a las diferentes heladerías, una panadería sueca, establecimientos especializados en bebidas de té o la llegada de PrimaPrix, un supermercado con precios outlet de primeras marcas de alimentación, droguería, cosmética y bazar, que han cambiado la imagen de una calle cuyo pasado comercial poco tiene que ver con el presente.
Pasado esplenderoso
«Toda Mallorca venía a comprar aquí», recuerda Francisco Javier Bonnín, que, después de 30 años como propietario de Xurros, Gelats i Granissats Rosaleda, ha decidido traspasar el negocio porque «ahora ya no hay el trabajo de antes». «Comenzó a cambiar con la llegada de los locales chinos y ahora se ha puesto de moda la comida. Desde que estoy aquí, de todos los establecimientos que había solo quedan seis o siete», afirma.

Francisco Javier Bonnín sirve un helado a un cliente. / B. Ramon
Antes de la irrupción del comercio electrónico, de internet, de las grandes franquicias y de los centros comerciales, el Carrer Sindicat tenía una capacidad de atracción difícilmente igualable. «Podías comprar desde una aguja hasta un mueble de lujo», resume Miquel Riera, propietario de la emblemática zapatería Neus Palou, que a sus 85 años sigue acudiendo cada día al establecimiento. «Estoy aquí de las nueve de la mañana a las ocho de la tarde porque me gusta. Cuando trabajas en lo que te gusta, te jubilas y sientes que no has trabajado nunca», cuenta.
Eje comercial de Palma
Aquella diversidad convirtió la calle en uno de los grandes ejes comerciales de Palma. Familias de toda la isla acudían para comprar ropa, zapatos, óptica, muebles, mercería o pequeños artículos sin necesidad de salir de la misma vía. Era una época en la que el centro concentraba buena parte de la actividad comercial de Mallorca.
Esa fuerza comercial también se medía cada Navidad. Todos los clientes que gastaban más de cien pesetas recibían una papeleta para participar en una rifa en la que, según el año, llegaron a sortearse coches e incluso un crucero. «Luego llegaron las franquicias y no querían participar», recuerda Toni Llompart, de Òptica Sindicat. Pero quien mejor sintetiza el poderío que tuvo la calle vuelve a ser Miquel Riera: «Teníamos una revista que repartíamos semanalmente».
Negocios inestables
Esa identidad comenzó a cambiar con la llegada de las franquicias, después internet modificó los hábitos de consumo y el relevo generacional dejó de producirse en muchos negocios familiares. «Ahora ponen tiendas que duran uno o dos años y luego cierran. Para que el barrio sobreviva necesitamos negocios estables», subraya Llompart, que a sus 81 años recuerda perfectamente cómo era la calle cuando llegó hace más de tres décadas. «Era como un centro comercial».
Reclama también una mayor implicación municipal. «No lo cuida ni la policía. Aquí no ves pasar una patrulla en todo el día. Nos tienen olvidados. Antes toda Mallorca se movía por aquí», lamenta.
Mientras algunos establecimientos desaparecen, otros han optado por reinventarse. La zapatería Neus Palou tomó hace un año una decisión poco habitual en su historia: comenzar a vender también calzado de mujer. «Una tienda de zapatos tiene presente mientras la gente no camine descalza. Y futuro también tiene. Vendemos lo que quiere comprar la gente», explica Riera.
"Ahora es una maravilla"
Sobre la llegada de nuevos negocios reconoce que «antes no existían», aunque también defiende que «todo el mundo tiene derecho a vivir». Para él, una de las principales razones que explican la pérdida de fuerza comercial del centro está relacionada con la movilidad. «La gente venía aquí a comprar lo que necesitaba. Ahora, como no tienen dónde aparcar, ya no vienen. Teníamos clientes de Sant Jordi, es Rafal o es Coll d’en Rabassa que hemos perdido».
No todos observan la transformación con pesimismo. «A nosotros no nos desagrada cómo está la calle. Pasa más gente que nunca y está muy viva. Hemos vivido épocas de drogas, prostitución o las consecuencias de la crisis del petróleo. Ahora es una maravilla», defienden desde la Sombrerería Casa Juliá. «Nos hemos ido mezclando todos. ¿Por qué no podemos convivir? Hay más variedad y no todo es franquicia».
El Sindicat ya no es la calle donde toda Mallorca iba a comprar, pero continúa siendo uno de los mejores lugares para entender cómo evoluciona el corazón comercial de Palma.
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