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Gent de ciutat

Miguel Coll, ceramista: «La cerámica enseña que las cosas importantes necesitan tiempo»

Aunque estudió Ingeniería Informática, encontró su verdadera vocación en un oficio milenario, la cerámica, que cambió por completo su trayectoria profesional. Dirige su propio taller en el barrio palmesano de Son Espanyolet

El ceramista Miguel Coll en su taller de Son Espanyolet.

El ceramista Miguel Coll en su taller de Son Espanyolet. / P.E

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Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

¿Cómo definiría su trabajo?

Me considero ceramista. Hoy en día un ceramista no solo fabrica objetos funcionales como platos, cuencos o jarras, también crea piezas decorativas y escultóricas. Todo gira alrededor de la arcilla, un material extraordinariamente versátil que permite desarrollar proyectos muy diversos.

Si bien mi trabajo se ha orientado principalmente hacia las piezas funcionales, con el tiempo he incorporado objetos decorativos que, en muchos casos, conservan una función práctica, como lámparas. Me interesa que la belleza y la utilidad puedan convivir.

¿La cerámica fue una vocación de infancia?

En absoluto. No nací en una familia de ceramistas ni crecí rodeado de talleres. Siempre tuve inquietudes artísticas, durante muchos años estuve muy vinculado a la música, pero la cerámica apareció casi por casualidad a través de un curso. Descubrí un mundo que me fascinó y decidí formarme seriamente.

¿Cómo adquirió esa formación?

Desgraciadamente ya no existen muchos centros oficiales especializados en cerámica, aquí en Mallorca. He ido completando mi aprendizaje mediante cursos intensivos de varias semanas o varios meses con diferentes maestros, especialmente en Cataluña. Nunca he dejado de formarme porque considero que este oficio exige un aprendizaje continuo.

¿Qué pesa más: la inspiración o la técnica?

La técnica es fundamental. La cerámica puede entenderse como una disciplina artística, pero también es un oficio. Para que una pieza funcione hace falta dominar los materiales, conocer el comportamiento del barro y comprender perfectamente todo el proceso. La creatividad es importante, pero sin una buena base técnica resulta difícil obtener buenos resultados.

¿Qué tipo de arcillas utiliza?

Principalmente trabajo con arcillas de alta temperatura. Existen arcillas de baja y de alta cocción. Las primeras alcanzan unos 1.050 grados y conservan cierta porosidad, mientras que las de alta temperatura llegan a los 1.260 o 1.300 grados. Esa mayor temperatura hace que las piezas sean mucho más resistentes, impermeables e higiénicas, algo imprescindible cuando se fabrican objetos destinados al uso cotidiano.

¿Qué cualidades considera imprescindibles para un buen ceramista?

Un buen conocimiento de los materiales, dominar el horno y trabajar con método. Esas tres cualidades forman la base del oficio. Después llega el estilo personal.

¿Trabaja solo?

Sí. Todo pasa por mis manos, así que necesariamente trabajo en una escala pequeña. Compagino los encargos particulares con la producción de piezas propias que posteriormente vendo en ferias y mercados de artesanía.

¿Cómo ve el momento actual de la cerámica?

Creo que vive una etapa muy positiva. Durante algunos años perdió presencia, pero ahora muchas personas vuelven a valorar los objetos hechos a mano. Es cierto que también han aparecido experiencias muy comerciales, no tengo nada en contra, pero la cerámica es mucho más que eso: requiere dedicación, tiempo y aprendizaje. La cerámica enseña que las cosas importantes necesitan tiempo.

También imparte clases. ¿Qué busca la gente cuando entra en su taller?

Sobre todo desconectar. Vivimos con mucha prisa y la cerámica obliga a bajar el ritmo. Trabajar con barro exige paciencia y concentración. Alumnos de edades muy diferentes encuentran aquí un espacio donde crear algo con sus propias manos.

¿Hace falta tener experiencia previa?

Ninguna. Lo único imprescindible son las ganas de aprender y la paciencia. Nadie puede esperar realizar una obra maestra el primer día. La cerámica enseña precisamente eso: aceptar el error y seguir practicando.

¿Es frecuente que las piezas se rompan?

Al principio sucede bastante. Durante el aprendizaje muchas piezas se deforman, se agrietan o incluso estallan en el horno. Forma parte del proceso. Con la experiencia esos porcentajes disminuyen mucho, pero siempre existe un margen de incertidumbre.

Su estilo es bastante sobrio y minimalista.

Sí. Me interesa una estética limpia, con pocas decoraciones. Me siento muy influido por el diseño japonés. También procuro utilizar recursos naturales de nuestro entorno para elaborar algunos esmaltes, como cenizas vegetales, que generan acabados únicos y sostenibles.

¿Por qué eligió instalar el taller en Son Espanyolet?

Porque es mi barrio y encontré un local que se adaptaba perfectamente a las necesidades de un taller de cerámica. Hubo que transformarlo por completo, pero estoy muy satisfecho. Es un espacio donde puedo trabajar y enseñar con comodidad.

En un barrio donde la presencia extranjera aumenta cada año, ¿cómo vive esa transformación?

Creo que es una realidad inevitable. Para mí no importa el origen del cliente, sino que valore el trabajo artesanal y el producto local. Lo importante es seguir generando piezas hechas aquí y mantener vivo el oficio.

¿Son sus clientes y alumnos personas de fuera?

No, son de aquí, de Palma y de otros pueblos de Mallorca, cosa que me satisface enormemente. Confío en que esa tendencia continúe.

¿Cuánto tiempo necesita una pieza para estar terminada?

Entre tres y cuatro semanas como mínimo. Primero se modela, después debe secarse lentamente. A continuación, se realiza la primera cocción, que dura unas ocho horas, aunque el horno necesita casi dos días para enfriarse completamente. Luego llega el esmaltado y una segunda cocción. Es un proceso largo, pero precisamente ahí reside parte del valor de la cerámica.

Usted estudió Ingeniería Informática. ¿Nunca se ha arrepentido del cambio?

No. Aquella formación también me ha aportado muchas cosas, pero descubrí que mi lugar estaba aquí. Me siento afortunado de poder dedicarme a un trabajo que realmente disfruto.

¿Para qué ir a sus clases si basta un tutorial de youtube?

(Sonríe) Internet ayuda mucho, pero no sustituye la experiencia directa. En cerámica intervienen muchos factores que solo se comprenden trabajando con el material y viendo cómo responde en cada fase del proceso. La práctica y la guía de un maestro siguen siendo fundamentales.

Para terminar, dos recomendaciones personales. Un consejo para vivir mejor

Intentar vivir con tranquilidad y relativizar los problemas. Casi nada es tan urgente como parece.

Qué música suele escuchar?

Principalmente jazz, sobre todo pianistas de jazz. Es una música que me acompaña muy bien mientras trabajo.

¿Algún libro para conocer mejor su oficio?

Recomendaría La belleza del objeto cotidiano, una reflexión sobre la importancia de las cosas sencillas y bien hechas. Y, para quien quiera profundizar en la cerámica, los libros técnicos de Ramón Fort, uno de los grandes maestros contemporáneos del torno.

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