Mallorca con mucha calle
De acoger el mercado de Ciutat a ser testigo de ejecuciones públicas: la historia detrás la plaça de Santa Eulàlia
Un enclave repleto de detalles que hoy pasan desapercibidos y uno de los lugares de Palma que más nombres ha tenido

FOTO: M. Mielniezuk | VÍDEO: Carlota Pizá

Quien cruza hoy por la plaça de Santa Eulàlia probablemente la identifique por su iglesia, sus terrazas o el constante ir y venir de peatones. Sin embargo, durante siglos fue el auténtico corazón de Palma, antes de que la actividad se redirigiera a la Plaça Major. Aquí se celebraba el principal mercado de Ciutat, se enterraba a los fallecidos y también se llegaron a ejecutar las condenas más “ejemplarizantes”.
Son solo algunas de las historias que rescata Iván Cerdá a través de Mallorca Insólita, un proyecto de rutas culturales que propone «redescubrir la ciudad desde perspectivas diferentes» y sacar a la luz «historias y leyendas que siempre han estado ahí, pero que muchas veces pasan desapercibidas».
Una plaza con más nombres que ninguna
Pocas plazas de Palma han cambiado tanto de nombre como Santa Eulàlia. Su denominación oficial convivió durante siglos con otras que reflejaban el pulso cotidiano de la ciudad. «Es la plaza con más nombres de Palma», explica Cerdá. Fue la plaça de les Cols, porque aquí se vendían las verduras que daban nombre al mercado y que son la base de algunas de las recetas mallorquinas más típicas; también la plaça des Pa, ya que muy cerca se concentraban los vendedores de pan; la plaça dels Lledoners, por los árboles que crecían en la zona; y, desde el siglo XVI, la plaça Nova, cuando la explanada se amplió tras eliminar el antiguo cementerio situado frente a la iglesia.
Hasta el siglo XVIII, antes de que el mercado se trasladara a la actual Plaça Major, este fue el auténtico centro neurálgico de Palma.
FOTOS | De acoger el mercado de Ciutat a ser testigo de ejecuciones públicas: la historia detrás la plaça de Santa Eulàlia / Manu Mielniezuk
Las huellas que casi nadie ve
A simple vista parece una plaza más del casco histórico, pero basta con levantar la mirada para descubrir detalles que la mayoría de viandantes pasan por alto. Uno de ellos se encuentra en la esquina de la calle Morell, donde todavía puede verse una cruz de piedra. «Algunas fuentes apuntan que podría ser una de las cruces que recordaban el antiguo cementerio que ocupaba este espacio», explica Cerdá. Otras interpretaciones sostienen que marcaba antiguos límites administrativos de la ciudad.

FOTOS | De acoger el mercado de Ciutat a ser testigo de ejecuciones públicas: la historia detrás la plaça de Santa Eulàlia / MANU MIELNIEZUK / DMA
También merece una pausa el reloj solar de la antigua Casa Vila, donde una figura femenina aparece acompañada por un esqueleto. Bajo ambos puede leerse una advertencia tan sencilla como inquietante: «Cada hora hiere; la última mata». Muy cerca, sobre la fachada del Bar Tony, tres esculturas femeninas representan el amanecer, el mediodía y el atardecer. «Son la Aurora, el Mediodía y la Víspera, pero también simbolizan las distintas etapas de la vida», señala el guía.

FOTOS | De acoger el mercado de Ciutat a ser testigo de ejecuciones públicas: la historia detrás la plaça de Santa Eulàlia / MANU MIELNIEZUK / DMA
Cuando la plaza era un escenario de castigos
La historia de Santa Eulàlia también tiene un lado mucho más oscuro. Durante siglos fue uno de los escenarios elegidos para celebrar ajusticiamientos públicos, castigos que buscaban tanto condenar al culpable como servir de escarmiento ante la población. Cerdá recuerda el caso documentado en 1416 del esclavo musulmán Issa, condenado por blasfemia. Tras ser azotado y exhibido públicamente, fue llevado hasta la entonces plaça de les Cols, donde sufrió un brutal castigo.
Otro episodio especialmente violento tuvo lugar en 1632, cuando fueron ejecutados los presuntos asesinos del presbítero Jaume Joan. Uno de ellos fue arrastrado por un caballo desde Cort hasta Santa Eulàlia, donde fue decapitado y descuartizado. El otro, un esclavo musulmán llamado Zaîm, sufrió amputaciones antes de ser ejecutado fuera de la ciudad. «Las ejecuciones se hacían aquí porque era uno de los espacios con mayor visibilidad de Palma», explica Cerdá: «Se pretendía que la población presenciara el castigo para disuadir la comisión de nuevos delitos».
Mucho más que una plaza
Hoy resulta difícil imaginar que bajo las mesas de las cafeterías convivieran un mercado, un cementerio, actos institucionales y algunas de las ejecuciones más inquietantes de la historia de Palma. Esa es precisamente la filosofía de Mallorca Insólita: demostrar que la ciudad esconde muchas más historias de las que revela a simple vista.
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