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Las fiestas alternativas de Palma, en extinción: «El alcalde prefiere el turismo»

Las trabas burocráticas y el hartazgo ante la turistificación de Palma abocan a la desaparición de fiestas autogestionadas como las del Bar Flexas o Canamunt i Canavall

«El Ayuntamiento prefiere gastarse un dineral en una fiesta para extranjeros antes que mantener unas que eran casi gratis y para los vecinos»

Orgull Llonguet ha suspendido Canamunt y Canavall.

Orgull Llonguet ha suspendido Canamunt y Canavall. / Manu Mielniezuk

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Pere Morell

Pere Morell

Palma

Palma sigue deslocalizando su ocio fuera de la ciudad a pasos agigantados para convertir la capital de Mallorca en un bello y silencioso decorado. Mientras tanto, el Ayuntamiento asiste atontado a la desaparición de fiestas autogestionadas como la del Bar Flexas o Canamunt i Canavall. Las trabas burocráticas y el hartazgo ante la turistificación de Palma son algunos de los motivos que han llevado a cancelar algunas de las celebraciones más queridas por los llonguets. Las barriadas, las asociaciones vecinales e incluso entidades como los dimonis también se encuentran cada vez con más dificultades para sacar adelante sus fiestas.

Sin el esfuerzo de los vecinos, los palmesanos solo contarían con cuatro fiestas a lo largo del año: las organizadas por el Ayuntamiento. Este año, tres y media, tras la cancelación de los conciertos oficiales de Sant Sebastià.

Aquel 19 de enero, la fiesta continuó gracias al Sant Sebastià alternativo, del que forma parte Orgull Llonguet. Mateu Fiol, miembro de la entidad, explica los motivos que han llevado a cancelar Canamunt i Canavall...

«La falta de relevo, la turistificación de la ciudad y el desinterés del Ayuntamiento nos abocan a esta decisión», explica.

Fiol critica el modelo de ciudad en el que se está convirtiendo Palma, «que ya es una ciudad para expats», y asegura que «el alcalde prefiere el turismo».

«El Ayuntamiento prefiere gastarse un dineral en una fiesta para extranjeros antes que mantener unas que eran casi gratis y para los vecinos», afirma Fiol, en alusión a La Patrona, la fiesta impulsada por el Ayuntamiento, que este año costará más de 350.000 euros y que el año pasado se celebró la víspera de Canamunt i Canavall.

«El año pasado, cuando celebramos Canamunt i Canavall, aún había suciedad y las máquinas de la fiesta de La Patrona», lamenta Fiol.

Mateu Fiol sostiene que, con el anterior Pacte, Orgull Llonguet «no tenía más facilidades», aunque tampoco se encontraba con las dificultades actuales.

«Cada vez son más exquisitos con el informe técnico, nos ponen más palos en la rueda. Mientras que a la empresa privada que organiza La Patrona le permiten colocar logotipos promocionales de bebidas alcohólicas, a nosotros nos los prohíben», aclara Fiol...

«Nosotros no cobramos nada; esto casi nos sale a pagar. Solo queremos mantener una ciudad más viva», sentencia.

Precio fiestas institucionales

El Ayuntamiento de Palma habrá gastado este año más de un millón y medio de euros en las cuatro grandes celebraciones que organiza. La Cabalgata de Reyes supuso un desembolso de 847.000 euros; Sant Sebastià, 425.423 euros, de los que 283.914 se fueron a fondo perdido, ya que se pagaron igualmente a los artistas pese a la cancelación de los conciertos por la tragedia ferroviaria de Córdoba; Sa Rueta supuso una inversión de 50.000 euros y el gran concierto de La Patrona, previsto para septiembre, costará 363.000 euros.

El contraste resulta asombroso si se compara con el dinero que reciben, en conjunto, todas las asociaciones de vecinos para organizar las fiestas de los barrios de Palma: menos de 150.000 euros, incluyendo Sant Joan y el Diumenge de l’Àngel... A ello se suman el retraso en el pago de las subvenciones y unas exigencias burocráticas que han llevado a algunos barrios a renunciar a solicitarlas y a financiar sus fiestas de forma completamente autogestionada, organizando paellas y bingos o pagando las verbenas con la recaudación de la barra.

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Palma, Maribel Alcázar, denuncia que el retraso en el pago de las subvenciones está asfixiando a las entidades vecinales. Explica que el Ayuntamiento todavía está revisando proyectos correspondientes a 2025, un trámite imprescindible para poder abonar las ayudas de 2026, un proceso que acumula meses de demora...

«Hay barrios que ya han celebrado sus fiestas, como Son Rapinya, Son Dameto o Son Espanyolet, y todavía no han visto ni un euro. Muchas asociaciones afrontan las fiestas de verano sin subvenciones y tienen que salir adelante como pueden», lamenta. Una situación que, añade, provoca que algunas reduzcan actividades.

Laberinto burocrático

Alcázar también critica el aumento de las exigencias administrativas: «Nos hacen firmar una cantidad enorme de documentos para ocupar la vía pública en unas fiestas que se celebran desde hace más de cincuenta años. Todo se hace bajo sospecha». Según explica, incluso entidades que organizan correfocs han tenido que volver a presentar documentación que ya habían entregado meses atrás, un desgaste que termina por desanimar al voluntariado.

Para la presidenta vecinal, el problema va más allá de la burocracia. «La cultura institucional no valora la fiesta popular. Se considera una forma de entretener a la gente, cuando en realidad sirve para crear espacios de convivencia, fortalecer el barrio y construir comunidad», sostiene. «Queremos tener identidad, no fiestas para turistas», resume.

Entre las colles de dimonis de Palma también crece la indignación. Todas coinciden en que el laberinto burocrático ha ido desluciendo los correfocs en los últimos años, pero la gota que ha colmado el vaso ha sido la decisión del Ayuntamiento de limitar a once el número de correfocs anuales que podrán celebrarse en los barrios de Ciutat.

Maleïts Encabritats, Kinfumfà, Enfocats, Illa Galera, Trabucats, Realment Cremats, Incubus, Es Cau des Boc Negre y Guardians del Drac de Sant Jordi son las nueve colles que mantienen viva una de las tradiciones más espectaculares de Palma. Una celebración tan gamberra como profundamente mallorquina que ahora se ve amenazada por la nueva regulación municipal. A partir de ahora, deberán repartirse únicamente once actuaciones al año, una restricción que hasta el momento no existía...

No todo está perdido. Algunos ateneus como l’Electric i l’Ateneu La Fonera han florecido en los últimos años para revitalizar la vida cultural de la ciudad, al igual que iniciativas como la plataforma Brunzzit, impulsora de los Sopars a la llesca, que recorrerán distintos barrios de Palma con una cena popular cada miércoles. La nueva temporada arrancó este miércoles con un notable éxito, reuniendo a medio millar de asistentes.

Sin embargo, las fiestas más masivas continuarán en manos privadas, dejando fuera a los vecinos que siempre buscan el ritmo de la capital, que unen, que crean tejido asociativo y que mantienen viva una ciudad que, a pesar de todo, se resiste a morir.

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