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De Can Bordoy a Can Oleza: Palma brinda sus históricos casales al turismo

La ciudad es testigo de una sucesión de reconversiones de palacetes protegidos en hoteles de lujo en los últimos años

Can Ayamans, en la calle Morei, también tendrá un uso turístico.

Can Ayamans, en la calle Morei, también tendrá un uso turístico. / J. B.

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Jaume Bauzà

Jaume Bauzà

Palma

La futura transformación de Can Feliu en un hotel de cinco estrellas con 18 plazas no es un episodio aislado, sino el penúltimo ejemplo de una dinámica cada vez más visible en el Casc Antic de Palma: la reconversión de casales históricos y palacetes urbanos catalogados en establecimientos turísticos de lujo.

El inmueble de la calle Concepció 32 se incorpora así a una lista que ha ido creciendo en los últimos años y que ha afectado a algunos de los edificios más singulares del centro histórico. En algunos casos cerrados durante años, sus nuevos propietarios los han sometido a reformas de calado para abrir como hoteles boutique con la obligación de preservar sus elementos patrimoniales y arquitectónicos.

El caso de Can Oleza, en la calle Morei, ha sido uno de los más notorios. En 2025, el Ayuntamiento aprobó el proyecto de cambio de uso a hotel a instancias de su propietario, el empresario Víctor Madera, un 'coleccionista' de edificios históricos de la ciudad. El inicio de las obras de reforma fue accidentado, ya que el promotor tuvo que pararlas por orden municipal al detectar diversas irregularidades. En este contexto, ARCA alertó de que Palma estaba perdiendo "uno tras otro" sus casales históricos.

La transformación de Can Oleza no ha llegado sola. Junto a él se encuentra Can Ayamans, también en la calle Morei y del mismo propietario, Víctor Madera. El Ayuntamiento dio luz verde este junio a su reforma integral para abrir con un uso turístico. En este caso, Urbanismo precisó que la licencia original había sido concedida en junio de 2023 y que el futuro hotel había reducido su capacidad de 26 plazas a 18.

El emblemático casal de Can Oleza abrirá como hotel.

El emblemático casal de Can Oleza abrirá como hotel. / B. Ramon

También en 2025 recibió impulso otro proyecto hotelero en un inmueble singular del centro: el edificio del número 6 de la calle Can Campaner, autorizado para una reforma integral destinada a abrir como hotel con 34 habitaciones y 68 plazas turísticas. La licencia original se remontaba a 2017, aunque el proyecto tuvo que corregir deficiencias e introducir cambios en la distribución interior, los patios, las fachadas y la ampliación de un ascensor antes de poder avanzar definitivamente.

Ese mismo año, la Comisión del Centro Histórico aprobó además el cambio de uso de vivienda a turismo interior en un inmueble del número 4 de la calle Campana, junto a la plaza de Santa Eulàlia. En este caso, los informes municipales exigían conservar y sanear un arco apuntado, así como proteger el entorno de un aljibe y extremar la vigilancia arqueológica en el subsuelo durante la ejecución de las obras. La solicitud de la propiedad se remontaba a 2021.

Otro ejemplo destacado es el del actual Nobis Hotel Palma. Abrió en 2023 tras reformar un edificio de la calle Caputxines que su propietario, el grupo sueco Nobis Hospitality Group, describió como "uno de los más antiguos e históricos" de Palma, levantado sobre un antiguo palacio musulmán del siglo XII. El hotel abrió con 37 habitaciones y suites, tras una restauración apoyada en estudios arqueológicos que documentaban hasta siete etapas históricas del inmueble a lo largo de casi un milenio.

Dos años antes, en 2021, la misma cadena ya había desembarcado en Palma con la apertura del Concepció by Nobis, precisamente junto al actual Can Feliu.

Otro precedente fue Can Bordoy, en la calle del Forn de la Glòria, que reabrió en 2018 como hotel tras la rehabilitación de la antigua residencia de la familia Bordoy Blanes. El edificio, una casa del siglo XVI y propiedad del sueco Mikael Hall, fue reconvertido en un establecimiento de 24 suites de entre 30 y 80 metros cuadrados después de 18 meses de reforma. La propiedad defendió entonces una restauración conservadora para preservar la esencia de la vivienda y proteger su valor patrimonial.

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