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Transformación

Sant Agustí se vuelve más internacional: cafeterías de especialidad, inmobiliarias y un puerto más selecto

La llegada de residentes extranjeros y la apertura de nuevos negocios transforman poco a poco uno de los barrios más singulares del litoral de Palma

Yates y personas disfrutando de las vistas desde el Port Calanova.

Yates y personas disfrutando de las vistas desde el Port Calanova. / Manu Mielniezuk

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Palma

La frontera entre Cala Major y Sant Agustí que señalan algunos vecinos se percibe en los negocios que ocupan ambos lados de la Avinguda Joan Miró.

«Cada vez hay más inmobiliarias», resume la propietaria de la peluquería Kings & Queens, instalada en el barrio desde hace 26 años.

Más negocios enfocados al servicio

La comerciante observa cómo cambia la actividad económica de la zona. «Se están abriendo nuevos negocios dedicados al producto de servicios. Cuando cierran sobre las 15 o las 16 horas, el movimiento cae».

Entre ellos aparecen cafeterías de especialidad como Mistral o panaderías como Sol y Sal, que responden a un nuevo perfil de cliente. Su público reclama un producto más elaborado y, por ende, más selecto.

Siguiendo calle abajo aparece una panadería sueca, que tiene locales en Santa Catalina y en Sant Nicolau con precios por pan de masa madre que pueden alcanzar los diez euros. Comienza a ser la tónica entre más negocios enfocados o a un público extranjero o dirigidos a una clientela con un fuerte poder adquisitivo, como las inmobiliarias que atraen de los países europeos a los nuevos propietarios.

Cala Major y Sant Agustí.

Una panadería sueca en Sant Agustí. / Manu Mielniezuk

Elitización del mar

La mirada al mar deja de ser limpia. Los yates del elitista Port de Calanova anuncian la temida riqueza. A lo lejos y todavía en Palma, el Forn de Sant Agustí resiste como uno de los emblemas de la zona después de 58 años. «Quedamos nosotros y una peluquería», confirma Paula Riera, copropietaria de la panadería junto a su hermana.

«Han construido edificios donde antes había casas. Ahora no se puede aparcar por el barrio. El Port de Calanova ahora es más selecto. Lo han privatizado», afirma antes de seguir vendiendo cocarrois, ensaïmadas y panades que reconcilian con los olores y los sabores de la infancia.

En el límite entre Palma y Calvià la bahía sigue siendo la misma. Las aguas continúan brillando en tono esmeralda. Lo que cambia es quién puede permitirse contemplarlas.

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