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Javier González, caravanista: «Los hijos y nietos de mallorquines acabarán como yo en caravanas»

JAVIER GONZALEZ, CIUDADANO QUE VIVE EN UNA CARAVANA. / Guillem Bosch
Javier González (Mar del Plata, 1957) llegó a Mallorca hace 25 años, para trabajar como repartidor. Desde hace cinco, este pensionista con la documentación en regla vive en una autocaravana, en lucha contra las políticas de desalojo de Cort.
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Cuántos metros cuadrados tiene su casa?».
Seis o siete metros cuadrados, más o menos. No quiero que venga nadie, no es un lugar adecuado. Se agarraban la cabeza al hablar de pisos de 18 metros cuadrados, yo vivo en la tercera parte.
¿Lo llama «casa»?
Personalmente digo que «la caravana es mi casa» o que «me voy a mi casa». Es el medio en que estoy y en que viviré hasta mis últimos momentos, con 69 años no me queda mucho carrete. No le veo solución.
¿Caravanista es una profesión?
Es el día a día, y la única manera de que el dinero sirva. Aquí al lado hay un joven que pagaba novecientos euros de alquiler y se lo subieron a mil quinientos. Se tuvo que ir a una caravana.
¿Conoce a alguien que prefiera vivir en una caravana?
Conozco a gente que ha adoptado una caravana como estilo de vida por voluntad propia, y no forzados por la situación debido a la edad que tienen, pero saben que sus hijos no lo soportarán.
Marga Prohens sufre pesadillas repletas de caravanas.
Claro, pero nosotros le pagamos el sueldo para que solucione los problemas, y así podrá dormir mejor.
PP/Vox y yo no queremos ninguna caravana en Palma.
Está bien, ¿qué hacemos entonces? Yo le digo a Mercedes Celeste, «¿quién eres para echarme de la isla?». Soy un ciudadano de este país, mis cuatro abuelos eran españoles, tengo DNI.
Celeste habla en nombre de muchos palmesanos.
No me importa lo que ingresa Celeste, pero qué alternativa le queda a quien gana mil trescientos euros y paga mil trescientos euros de alquiler. En Son Güell, la Policía Local fue dos veces en una semana, aporreando las puertas como si fueran narcotraficantes.
Los caravanistas de mi barrio orinan en los contornos.
Entonces vives en Ciudad Jardín, seguro. La primera condición para ser caravanista es no instalarte junto a lugares habitados. La segunda es convivir con los vecinos, respetar el sitio donde habitas, mantener el decoro. Sigo viviendo en sociedad.
¿Y si necesitan un médico?
Hemos tenido casos en que la ambulancia se negaba a venir, se luchó para lograrlo y el enfermo casi muere en el quirófano.
Mi problema es con las caravanas de alquiler de lujo.
Aquí hablamos de residentes, y es el alcalde Martínez quien me niega el empadronamiento.
¿Porque no tiene una dirección fija?
Hay gente empadronada en la Cruz Roja, es la obligación del alcalde y mi derecho.
Le insisto, en Airbnb se alquilan ahora mismo caravanas en Mallorca a seiscientos euros diarios.
No están de nuestro lado, se mueven en lugares acordes a su nivel económico. Nosotros somos la parte más baja de la sociedad, ¿quién va a estar con nosotros?
¿Mejor una caravana que una habitación en un piso?
Mejor una habitación, por la comodidad. Una ducha, baño, cocina. Aquí solo puedes tener dos polos, dos pantalones. Vienen los nuevos con una plantita y has de recordarles que «no hay lugar». La gente no se hace a la idea.
¿Qué piensa al ver que una casa mallorquina se vende por millones de euros?
Que están perdiendo la idiosincrasia y las bases de esta tierra, están vendiendo el alma. Solemos decir que «salgamos a ver si encontramos algún español».
¿Hay asentamientos de más categoría que otros?
Por el nivel de los residentes, ninguno. Todos son gente necesitada, a veces con personas que trabajan en un hospital y viven en su coche. Solo en Son Hugo debe haber más de doscientas caravanas. Se han esparcido por toda la isla, vayas por donde vayas, vi una en Binissalem.
Los periodistas explotamos su desgracia.
El periodismo nos ha embarrado la cancha, porque no somos la basura de la sociedad. A cambio, la difusión sirve para que el señor Jaime Martínez se siga enterando de cuál es la situación, son sus políticas de patear el hormiguero para que los caravanistas se vayan a otro municipio.
¿Por qué insiste en vivir en Mallorca?
Porque la elegí hace 25 años. Vine por tres meses y me encantó. Es el mejor lugar del mundo, aunque no parece tan lindo si no tienes donde vivir. Y cuesta reiniciarse a mi edad.
En realidad, confiamos en que no nos golpee la mala fortuna.
La sociedad tiene que entender que los hijos y los nietos de mallorquines acabarán viviendo en caravanas como yo.
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