Mallorca con mucha calle
Los Picos de Europa, pero sin salir de Mallorca
Existe un barrio donde las montañas están en el callejero y el humor vecinal corrige lo que la geografía no entiende

En Son Gotleu hay un mapa que desafía a la geografía oficial: aquí, para llegar a los Picos de Europa no hay que recorrer cientos de kilómetros, sino que basta con bajar al portal. Y no es una metáfora. En este rincón de Mallorca, uno puede subir y bajar montañas sin cambiar de barrio, aunque el terreno insista en ser completamente plano.
La historiadora y mediadora cultural Layla Dworkin ha trabajado con Palma XXI en la elaboración de una guía urbana del barrio y explica este fenómeno. Las calles de ‘picos’ nacen en el proceso de urbanización de los años 60, cuando Son Gotleu se planifica como nuevo tejido residencial de la ciudad.
«Normalmente, cuando la gente piensa en arquitectura ‘atractiva’, piensa en patrimonio», señala, «y no lo relaciona con un barrio de los años 60, de familias humildes», expone Dworkin. Sin embargo, Son Gotleu es, en sus palabras, «un reflejo de la transformación que vivió Mallorca: el ‘boom’ turístico y la gran oleada migratoria desde la península».
Pero no solo llegó población desde fuera. También hubo migración interna: «Familias con necesidades económicas que venían de Sineu, de Muro, de muchos pueblos de Mallorca». El resultado fue un barrio construido por decenas de familias diversas, ligado a la expansión de la industria turística.
La investigadora insiste en que el barrio no solo representa los años 60 y 70, sino procesos posteriores. «Sería muy interesante hacer una segunda parte de la guía», afirma, porque Son Gotleu refleja también nuevas oleadas migratorias asociadas al crecimiento de la industria de servicios. «Es un reflejo claro de la Palma actual, con toda la diversidad cultural que convive en ella», sentencia. Ese trabajo ha cristalizado en una exposición centrada en los orígenes del barrio, actualmente instalada en el centro de salud y prevista para trasladarse a Mater.
Asociacionismo, memoria y los «picos» del barrio
Uno de los aspectos más singulares que Layla Dworkin ha documentado es la intensa vida asociativa del barrio: «Asociaciones de fiestas, asociaciones de vecinos, clubes excursionistas… y mucha iniciativa colectiva». En ese contexto encontró una fuente clave: la revista EcoViu, elaborada por jóvenes del Club 68.
En ella aparecían reflexiones irónicas sobre el urbanismo del barrio. Y es aquí donde entraron en juego los ‘picos’. Los vecinos de Son Gotleu empezaron a bromear en la revista sobre el origen de un callejero bautizado con nombres de grandes cumbres españolas: Teide, Mulhacén, Cebollera… «Señalaban que estas calles no tenían relación con la identidad real del barrio», explica Layla Dworkin. Ironizaban, entre otras cosas, con una supuesta rivalidad entre quienes residían en esas calles, haciendo viñetas con los metros de cada pico para ver quién vivía en el más alto: «Y no se desanimen los de los Siete Picos que, si bien son pocos metros... son muchos Picos!».

Viñeta sobre los picos de Son Gotleu, de la revista EcoViu. / EcoViu
La propia toponimia dio pie a escenas casi literarias, como la viñeta del ‘pico de Cebollera’, donde una niña respondía a la pregunta de su profesora de «Margarita, ¿dónde está el pico de Cebollera?» con un simple: «En Son Gotleu».
Un mapa que sigue generando identidad
Son Gotleu, recuerda Dworkin, arrastra una fuerte carga simbólica: «El barrio ha sufrido una connotación negativa y un fuerte estigma, alimentado por miradas mediáticas y discursos políticos». Esa percepción no es reciente: ya en los años 60 se documentaban situaciones de discriminación hacia población llegada del sur de la península.
Esa estigmatización ha influido en la dinámica social: «Cuando una familia mejora un poco, se va a otro barrio». Una movilidad que dificulta el arraigo y deja una sensación persistente de transición.
Hoy, Son Gotleu sigue siendo un espacio vivo, con su propio ritmo y sus propias dinámicas. Y aunque pocos vecinos se detienen a pensar en el origen de los nombres de sus calles, la toponimia continúa funcionando como un pequeño código interno. Porque, al final, no hace falta irse muy lejos para hacer senderismo. En Son Gotleu, los Picos de Europa empiezan a la vuelta de la esquina.
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