El jardín secreto que Jeannine Cook desea legar a Palma: "Lo siento como un ser vivo en evolución"
Un vergel con más de 300 especies vegetales, algunas de ellas exóticas, crece tras los muros de una vivienda de la calle Andrea Doria
Es el tesoro de una artista plástica de fama internacional, cuidado por tres generaciones de su familia, que ella desea proteger para que la ciudadanía pueda disfrutarlo en el futuro

B. Ramon

El jardín de Jeannine Cook es un vergel de más de 300 especies en medio de la ciudad de Palma, un tesoro insospechado tras los muros de una casa de la calle Andrea Doria, diseñada en 1951 por el arquitecto Enrique Juncosa.
El jardín ha sido cuidado con mimo durante los últimos sesenta y seis años por tres generaciones de su cosmopolita familia: su abuela Honora, su madre Patricia y la propia Jeannine. Cuidado, ampliado y también defendido cuando ha hecho falta. Como cuando, a finales de los setenta, los constructores que terminaban la urbanización del barrio de Son Armadans ambicionaron la última pieza que les faltaba en su puzle: la casa de Jeannine Cook y su espectacular jardín, que ella siente "como un ser vivo".
Cook, artista plástica con obras en las colecciones de algunos de los mejores museos del mundo, como el British Museum o el Victoria & Albert Museum de Londres, o también en la Universidad de Cambridge o el Museo de Bellas Artes de Bilbao, nació en Tanzania cuando era la Tanganica británica de la época colonial, hija de padres de origen australiano que tenían una explotación agrícola en el país que cultivaba judías para enviar a Gran Bretaña. Estudió en París y Londres. Y, tras su matrimonio, vivió también en Estados Unidos, en el Estado de Georgia.

Jeannine Cook, en la terraza de la casa, diseñada por el arquitecto Enrique Juncosa / B. Ramon
"El solar lo compró un alemán, que le encargó al arquitecto mallorquín Enrique Juncosa el diseño de la casa en 1951 y probablemente también el del jardín", cuenta Jeannine Cook. "Fue en esa época en la que se plantaron los primeros árboles en el terreno, naranjos, palmeras y también rosales. Y tras dos propietarios que estuvieron muy poco tiempo, mi abuela Honora compró la casa en 1960. Y, desde este momento, soy la tercera generación cuidando y amando los árboles y las plantas que aquí crecen", relata orgullosa mirando a su alrededor.
Jeannine Cook habla de cada árbol y planta singular que crece en su jardín como quien cuenta una historia familiar, un relato que intercala con sus memorias de África y de todos los lugares del mundo donde ha vivido: el raro "árbol del café que brotó en su jardín a partir de una semilla traída de Tanzania"; la buganvilla de flores blancas que no brotó en todo su esplendor hasta su matrimonio; el hermoso almendro del jardín crecido "de forma silvestre, sin las podas habituales a las que se somete la especie en Mallorca para su cultivo"; el eucalipto, "el dolor de cabeza" que "tanto trabajo" le lleva; o las colecciones de rosas, "la rosa de la paz de perfume vigoroso y las rosas de color morado" que lucen en la parte alta, la más cercana a la casa, detalla. O también su empeño en nivelar la parte ampliada en 1979 "con tierra roja" para que "la nueva zona verde tuviera el mejor sustento".

El jardín asciende entre bancales hasta la vivienda / B. Ramon
El frondoso jardín, de 1.204 metros cuadrados, que recibe la luz filtrada por la vegetación, es un oasis de frescor en esta época en que los termómetros se acercan a los 30 grados, unas condiciones que las aves parecen apreciar especialmente por la gran cantidad de ejemplares que buscan refugio entre sus ramas y regalan su canto por la mañana. Ella coloca pequeños recipientes con agua aquí y allá para que no les falte el sustento líquido en los meses de más calor. Y defiende la variedad de especies que crecen en el jardín y salvan la pendiente entre bancales como "una biodiversidad que protege a todo el conjunto".
"Para mí el jardín es un ser vivo que evoluciona, que regala mucha belleza", confiesa. "Tengo mucha suerte de poder cuidarlo y compartir su belleza. Y quisiera que los ciudadanos de Mallorca pudieran también conocerlo", desvela.
"Me parece que para una ciudad como Palma es imprescindible contar con más espacios verdes, con pulmones. Y yo quiero proteger este jardín en el futuro. Y ojalá lo consiga", desea.

Una vista del frondoso jardín / B. Ramon
El deseo de la protección patrimonial para compartir su legado
ARCA, la Associació per a la Revitalització dels Centres Antics, nombró recientemente a Jeannine Cook Socia de Honor de la entidad "por su gran respeto y cuidado de diversas formas de patrimonio", recordando que cuando compraron la casa en 1960, como cuando ampliaron su jardín, tanto su abuela Honora como años después su madre Patricia no construyeron un chalet ni hicieron negocio con él, sino que ampliaron la zona ajardinada, que califica de "milagro en esta ciudad".
La voluntad de Jeannine Cook ahora es que la casa y su jardín puedan ser compartidos en el futuro. Y convertirse en un patrimonio que pueda ser disfrutado por la ciudadanía.

Vista de la terraza de la casa, en la parte más alta del jardín de Jeannine Cook / B. Ramon
Por este motivo, ARCA y su portavoz, Àngels Fermoselle, están trabajando en un proyecto para que en un futuro el jardín y la casa de la calle Andrea Doria sean gestionados por una fundación que promueva en ella estancias de artistas para trabajar y forme parte como una subsede del futuro Jardín Botánico de Palma, que creará el Ayuntamiento en el Parc de ses Vies y también en las Cases del Retiro del bosque de Bellver.
ARCA inscribe la casa diseñada por Enrique Juncosa en la corriente regionalista de la posguerra, aunque matiza que se aleja del triunfalismo» característico de aquel período y retoma la búsqueda de un "estilo mediterráneo" o California Style, formulado por Arthur E. Middlehurst y presente ya en las propuestas de vivienda de ocio y vacaciones de los años treinta.
En este contexto, subraya que la arquitectura regionalista se emplea como vehículo de identificación con el territorio, al tiempo que se reivindica una mayor sencillez formal, capaz de establecer una relación más directa entre la vivienda, el ocio y el medio natural.
La casa se sitúa en la parte alta del terreno. Y desde su terraza domina toda la zona ajardinada, con una jacaranda cuyas hojas dan un toque de color al verde dominante. Jeannine Cook recuerda que en el pasado desde ahí la vista alcanzaba hasta el mar. También señala la cisterna, anterior a la construcción, así como el gran muro que cierra el terreno por la parte posterior, que podría ser el antiguo que en el pasado cerraba el bosque de Bellver.
La vivienda destaca por sus líneas sencillas, por los arcos de la terraza, por la sucesión de estancias en su distribución sin apenas elementos intermedios, todas iluminadas con luz natural y los colores del jardín que entran por los ventanales, el jardín que Jeannine Cook quiere proteger para que la ciudadanía pueda disfrutar en el futurro de ese legado cuidado y enriquecido por tres mujeres .
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