Parque
Los últimos hoyos del Dino Golf en s'Arenal de Palma: «Es cerrar una etapa de mi vida»
Durante más de tres décadas, sus circuitos han sido escenarios de veranos, amistades y recuerdos a pocos metros del mar: «Es una pérdida muy dura para la zona. Es de las pocas ofertas de ocio alternativo que no invitaban al consumo de alcohol»

Guillem Bosch
Embocar una bola de diferente color ha sido una de las excusas para acudir al Dino Golf durante 32 años. Conseguir un golpe bajo par, un birdie o un increíble hoyo en uno quedan en un segundo plano. Acudir cada verano forma parte de un ritual para muchos mallorquines. «Es nuestra forma de inaugurar el verano», cuenta David Hidalgo. Un verano. Un último verano. Eso es lo que le queda a esta emblemático lugar de s’Arenal de Palma antes de convertirse en un parque.
Refugio en Playa de Palma
El Dino Golf es uno de los pequeños refugios que resisten en la primera línea de la Playa de Palma, pero que tienen los días contados. Como la histórica hamburguesería Cel Blau, que después de 45 años echa el cierre en noviembre. Dos referentes que se marchan.
A apenas unos 40 metros del mar, el Dino Golf ofrece una opción alejada del alcohol o del turismo de borrachera, sino más bien una opción de ocio familiar. Que, para los residentes, significa más bien una liturgia.
A un precio de menos de ocho euros por persona, cada acción se convierte en un rito para sentir cómo un deporte elitista se convierte en unas horas de entretenimiento al aire libre accesible para todas las personas: desde elegir el color de la bola a escoger el tamaño del palo. Todo armonizado con una tarjeta de puntuación de papel y con un lápiz para apuntar. Nada de aplicaciones. Como toda la vida.
Al cruzar el torno se toma la primera decisión: circuito azul, amarillo o rojo. 18 hoyos fáciles, intermedios o difíciles. Con más desnivel, menos obstáculos o incluso puentes y trampillas. Una diversión que tiene los días contados para muchas generaciones que han disfrutado de tardes inolvidables.
Ocio saludable en la zona
Luis Forteza, que ha residido durante años muy cerca, siente lástima por la decisión: «Es una pérdida muy dura para la zona. Es de las pocas ofertas de ocio alternativo que no invitaban al consumo de alcohol. Es un ocio saludable al aire libre y muy entretenido. Iba cada año. Era curioso acabar el circuito y aparecer en medio de un beach club con dj’s».
Sus famosos dinosaurios, una enseña reconocida, atrayeron a diversas generaciones. «Fui la primera vez porque me encantaba este animal y quería verlo de cerca. Luego, al jugar, era muy divertido. Iba cada verano cuando era pequeño», recuerda Miguel Gelabert, que veranea en Son Verí Nou a unos escasos cuatro kilómetros.
"Era la única razón para ir a Playa de Palma"
David Hidalgo siente mucho esta pérdida porque para él significa decir adiós a una etapa de su vida. «Iba cada año a principio de junio con seis amigos y hacíamos los tres circuitos. Antes de empezar quedábamos en el bar y tomábamos una jarra de cerveza todos juntos para dar la bienvenida al verano», cuenta.
«Es cerrar de una manera forzosa otra etapa de nuestra vida. Será imposible volver a reunirnos allí», confiesa y añade: «Era nuestra única razón para ir a Playa de Palma porque por un parque no iremos allí».
Hidalgo y sus amigos el año pasado no pudieron ir. Ahora ya tienen la excusa perfecta para volver a acudir por última vez: «¿Hacemos el de despedida?».
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