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Tensión política en Palma por la cancelación del Orgullo de Ben Amics y la fiesta del Flexas

Ambos sucesos se trasladan al pleno en medio de acusaciones cruzadas entre izquierda y derecha sobre trabas, falta de apoyo institucional y el modelo de ciudad: "Quieren una Palma en blanco y negro"

Vox se refiere a la bandera arcoíris como "ese trapo de colorines que tienen ahí colgado"

Pleno celebrado ayer, con la bandera arcoíris exhibida por la izquierda.

Pleno celebrado ayer, con la bandera arcoíris exhibida por la izquierda. / B. Ramon

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Jaume Bauzà

Jaume Bauzà

Palma

La cancelación de dos fiestas populares, reivindicativas, multitudinarias y protagonizadas por el colectivo LGTBI se trasladó ayer al pleno del Ayuntamiento de Palma y desencadenó una sesión bronca. Primero, estalló la crisis abierta entre Ben Amics y el Ayuntamiento por la verbena del Orgullo; después, llegó la cancelación de la popular fiesta del Flexas, anunciada por sus organizadores en el transcurso de la sesión. Estos dos sucesos tensionaron el debate en Cort, con el PP a la defensiva, la izquierda acusando al gobierno de eliminar las políticas LGTBI y Vox elevando aún más el tono.

El desencadenante fue la negativa de Ben Amics a organizar la verbena del Orgullo al denunciar todo tipo de impedimentos administrativos de Cort para llevarla a cabo. Su portavoz, Jan Gómez, intervino ante los regidores para acusar a Cort de querer transformar la cita en "un pseudotardeo para guiris" y de haber dejado pasar semanas sin dar una respuesta eficaz a la entidad. También rechazó la idea de que la cancelación obedeciera a un cálculo interesado: "No, Martínez, no hemos cancelado la verbena por interés electoral o económico. Hemos cancelado la verbena con mucha pena tras más de 20 años de historia en la ciudad".

Ese malestar impregnó el debate posterior sobre la proposición conjunta de PSOE, Més per Palma y Podemos "en defensa de los derechos del colectivo LGTBI y de garantía del Orgullo 2026". El portavoz de Més per Palma, Miquel Àngel Contreras, acusó al alcalde de haber convertido el Orgullo en "una vergüenza" y de "convertir Palma en una ciudad en blanco y negro". Desde el PSOE, Elena Navarro sostuvo que no se trató de un problema puntual, sino de "una estrategia" de desmontaje progresivo de las políticas de Igualdad. Y desde Podemos, Lucía Muñoz responsabilizó al Ayuntamiento de "culpar a las entidades y lavarse las manos".

La respuesta del equipo de gobierno la dio la regidora Lourdes Roca, que lamentó la decisión de Ben Amics, pero dejó claro que el Ayuntamiento seguiría adelante con la fiesta. "Cort no permitirá que una decisión unilateral impida la celebración de todo un colectivo", afirmó. Según su versión, el Consistorio mantuvo los canales abiertos, ofreció alternativas y quien optó por romper fue la propia entidad, con "una posición orientada a la ruptura y no a la búsqueda de soluciones".

Vox elevó la temperatura del debate. Su regidora Jero Mayans se refirió a la bandera arcoíris que exhibían los ediles de izquierdas como "este trapo de colorines que tienen ahí colgado".

Más o menos al mismo tiempo se conoció la cancelación de la fiesta del 22º aniversario del Bar Flexas, otra cita muy ligada al ambiente LGTBI y a la vida cultural de la ciudad. Los organizadores, Pepa Charro y Xavier de las Heras, justificaron la suspensión por la "imposibilidad de garantizar condiciones sostenibles y seguras" para un evento que el año pasado reunió a unas 15.000 personas. En su comunicado deslizaron un reproche al Ayuntamiento por el hecho de que una celebración de esa magnitud recayera solo sobre dos personas.

Javier Bonet: "Elevamos la ayuda hasta los 45.000 euros"

El regidor de Cultura, Javier Bonet, intervino en el pleno para dar explicaciones en un momento en que la izquierda ya atacaba al equipo de gobierno por esta nueva cancelación. El concejal aseguró que el Ayuntamiento trató de salvar la fiesta "hasta el último momento", que elevó la aportación municipal de 25.000 euros a 45.000, a los que se sumarían otros 15.000 del Consell. También explicó que Cort puso sobre la mesa apoyo logístico, Policía Local y Protección Civil, e incluso la contratación directa de artistas, aunque eso habría obligado a aplazar la fiesta a agosto.

"Lamentamos que no se haga", dijo, tras reconocer que acababa de hablar con Pepa Charro en un "último intento" por resucitar la fiesta.

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