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Resistencia

Así es la antigua cárcel de Palma por dentro: «Me gasté más de 1.500 euros para arreglar la habitación»

La habitación de Ayman Abdou está presidida precisamente por la bandera de Palestina, una camiseta con su dorsal y su nombre, una bufanda del Raja de Casablanca y una camiseta del club luciendo el escudo

VÍDEO | Así está la antigua cárcel de Palma por dentro

Redacción Digital

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Redacción

Palma

Osama, Haroune y Eddine entran en su casa de la antigua cárcel de Palma con la linterna del móvil. No hay luz. Un estrecho pasillo conecta la puerta con una sala de estar amplia. Allí hay colocadas cuatro camas para dormir en una de las zonas más oscuras. Hay un boquete en una de las paredes donde se ven algunas tuberías. Son unos escasos 35 metros cuadrados.

Entre la puerta y este salón, Ayman Abdou rehabilitó una habitación de unos quince metros cuadrados. «Me gasté todos mis ahorros, 1.500 euros», cuenta.

Vive aquí desde hace dos años cuando perdió los papeles. «No tenemos ninguna oportunidad», asegura resignado. Él sí trabaja, «voy a la obra cuando me llaman». Comparte su habitación junto a su hermano. Los dos nacieron en Palestina y llegaron nadando de Marruecos a España.

Aficionados al fútbol

Su habitación está presidida precisamente por la bandera de Palestina, una camiseta con su dorsal y su nombre, una bufanda del Raja de Casablanca y una camiseta del club luciendo el escudo. Estas son las únicas visibles, pero en el pequeño armario que se han creado guardan algunas más de la selección de Marruecos y de otros clubes.

Osama dice que él es del Wydad Casablanca y que a veces se pican sanamente cuando se enfrentan: «El fútbol lo es todo. Cuando abrimos los ojos ya pensamos en fútbol».

Estas son las únicas camisetas visibles, pero en un pequeño armario guardan unas cuantas más.

Un cuadro y un ajedrez sorprenden

La habitación de Hamza El Ayoubi es igual de grande, pero entra luz solar y no la comparte con varias personas. A su entrada, un enorme grafiti preside la estancia: «Dormimos, no molestar».

Las paredes son menos frías. Un cuadro de un paisaje mallorquín cuelga de un lado. «Te lo puedes llevar si quieres», dice Hamza. Un tablero, que en un lado tiene un ajedrez y por el otro un parchís, es otro de los llamativos objetos que poseen en un lugar que, aunque él también lo haya rehabilitado y tapiado, no son las condiciones mínimas en las que aspiraban a vivir cuando dejaron su país por España.

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