Nou Llevant en Palma, barrio de contrastes: una tienda de campaña a los pies de viviendas de lujo en construcción
Mientras la zona es moldeada para atraer inversión y lujo, quienes no pueden seguir el ritmo del dinero quedan relegados a los márgenes, en una ciudad donde el acceso a la vivienda se ha convertido en un privilegio y no en un derecho

Luana C.L.

El Nou Llevant de Palma es cada vez más un barrio de contrastes. Cerca del mar, detrás de las tradicionales plantas bajas de La Soledat, se erigen promociones de viviendas de lujo que están modificando sobremanera la fisonomía del lugar y que acaban formando parte de imágenes representativas de la actual crisis habitacional de Baleares, como la que ilustra esta información: una tienda de campaña a los pies de unas obras que en 2027 permitirán poner a la venta decenas apartamentos con precios desde los 555.000 euros a los 2.525.000 euros.
A día de hoy, en Nou Llevant conviven dos realidades distintas, dos mundos que parecen discurrir ajenos el uno del otro, separados por una frontera que se define por la renta media y el poder adquisitivo: la población obrera propia del barrio reside en bloques de pisos y casas de planta baja construidos a partir de los años 70, mantiene un nivel de vida medio-bajo y no podría enfrentarse a un cambio de domicilio tal y como están los precios de la vivienda y del alquiler; mientras tanto, extranjeros venidos de todas partes de Europa y América con los bolsillos llenos desembarcan en apartamentos y penthouse de lujo de la mano de promotoras, constructoras e inmobiliarias -la mayoría de capital exterior- que desde hace un par de años quieren renovar el barrio y convertirlo en un enclave de alto standing.
La diferencia entre unos y otros debe entenderse, sobre todo, en clave económica: los primeros no podrán comprar nunca una de esas viviendas de lujo que están brotando en Nou Llevant; los segundos, en cambio, podrían adquirir un apartamento por medio millón de euros y, probablemente, hacerse a la vez con uno de los humildes pisos que llevan décadas en pie en el barrio.
Es en este contexto donde los contrastes se acentúan y la crisis habitacional de Palma se deja ver con más crudeza. Por la zona y sus alrededores aparecen cada vez más asentamientos formados por tiendas de campaña en los que residen personas sin acceso a una vivienda mayoritariamente por motivos económicos.
Vivir a los pies del lujo
Desde junio de 2019, cuando Metrovacesa consiguió la licencia para construir la primera promoción de pisos de medio y alto standing, el barrio ha visto levantarse ocho complejos residenciales de lujo, con más de 750 viviendas en solo cuatro años.
En la calle de Barranquilla, cerca de la antigua fábrica de Can Ribas, la firma de desarrollo inmobiliario de lujo XOJAY está construyendo sobre dos solares un par de promociones de viviendas de alto standing denominadas XOPARQ. En su página web ofrecen unidades (pisos) que van desde el medio millón de euros hasta los 2.5 millones. Operarios trabajan a diario para levantar un lujoso bloque de viviendas que contará con salas de spa con masajes, una piscina de 335 metros cuadrados y hasta un simulador de golf. Se trata de una de las múltiples empresas que durante los últimos años están moldeando el barrio y despojándolo de su espíritu original.
A los pies de esta promoción, junto a uno de los últimos molinos de viento que mantienen su estructura original, apareció hace unas semanas una humilde tienda de campaña junto a un colchón viejo en la que presumiblemente vive una persona en situación de sinhogarismo. El refugio de tela permanece cerrado y junto a él hay una garrafa de agua y una botella de refresco a medio terminar. Al lado, una bolsa con varios enseres personales. "Más que un lugar al que llamar hogar", reza, en inglés, una de las lonas promocionales que cercan el solar en construcción.
En el límite de la barriada que impone la Avenida Gabriel Roca, alrededor del torrente d'en Barberà, aparecen más tiendas de campaña y pequeños asentamientos. Las personas que residen en estos lugares convierten vallas en tendederos improvisados y recogen agua en garrafas de las fuentes municipales.
Algunos tienen incluso que jugarse la vida para llegar a 'casa'. En el espacio residual que queda a la izquierda del carril de incorporación de la Vía de Cintura a la Avenida Gabriel Roca hay instaladas múltiples tiendas de campaña en las que residen casi una decena de personas. Para entrar y salir del lugar, deben cruzar el carril por el que a diario transitan coches a grandes velocidades, pues transitan por vías rápidas que no requieren de una reducción drástica de la velocidad, corriendo un serio peligro de ser atropellados.
En este contexto, mientras el barrio se reinventa para atraer inversión y lujo, quienes no pueden seguir el ritmo del dinero quedan relegados a los márgenes, en una ciudad donde el acceso a la vivienda se ha convertido en un privilegio y no en un derecho. Nou Llevant es ahora un escaparate de dos realidades que conviven sin tocarse: la del capital que transforma el territorio y la de quienes quedan fuera de él.
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