Una vuelta por s’Escorxador: un lugar lleno de jóvenes y vida, pero en estado de degradación
El antiguo matadero, vital para la barriada de Camp Redó y zonas cercanas, sufre un grave deterioro a pesar de seguir siendo un punto de encuentro para los jóvenes y vecinos

Luana C.L.

"Cualquier tiempo pasado fue mejor". Varios lugares emblemáticos de Palma han vivido tiempos mejores, y s’Escorxador no es una excepción. La reciente creación de la plataforma Salvem S’Escorxador por un grupo de vecinos, con el objetivo de evitar el abandono institucional que sufre este espacio, lo demuestra: s’Escorxador sigue lleno de vida, pero se cae a trozos.
Es un punto vital para la barriada de Camp Redó y zonas cercanas. Todavía sirve como lugar de reunión, aunque es solo una sombra de lo que fue. Instalaciones eléctricas sin protección, suciedad generalizada, el óxido y mal estado de las cañerías, accesos insalubres o una pared apuntalada cerca del parque infantil. Todos los detalles convergen en un cóctel que transmite la sensación de abandono y degradación.
La biblioteca se ha quedado pequeña y el centro de salud está saturado y en mal estado. Un restaurante cerrado, que los vecinos reclaman que podría destinarse a usos sociales, sigue colgando sus carteles. Hay ciertos detalles llamativos: dos sombrillas abandonadas en una de las entradas parecen inocuas, pero datan de cuando el Mercado de San Juan aún estaba abierto. Este lugar cerró hace ya seis años por culpa del COVID.
Sin embargo, no todo está perdido. s’Escorxador ha sido siempre punto de encuentro para los jóvenes del duo de institutos públicos Madina Mayurqa y Llompart, y sigue siéndolo: está cerca, tiene sol, bares y espacio suficiente. Para un adolescente, eso es suficiente.
Fuera de la hostelería, el lugar ha perdido encanto para las personas mayores. El cierre del mercado, de cafeterías y la dejadez en la limpieza de jardines han reducido su atractivo. La memoria de cuando el espacio estaba bien casi ha desaparecido; la gente se ha acostumbrado a la cutrez. Aun así, es uno de los pocos lugares de Palma que aún es para la gente del barrio.
La degradación del lugar contrasta con la perfección de zonas como Sa Calatrava o La Seu. Pero el mal de Mallorca es el mismo en todas partes: La dejadez de la zona espanta a los turistas y permite que permanezca auténtica y para el barrio. Pero, si s’Escorxador mejora, llega la gentrificación, suben los precios y se expulsa a los residentes. ¿Habrá valido la pena tanta lucha?
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