Mobiliario urbano
Palma, ciudad sin bancos: «Para sentarse hay que pagar»
«Hay vidas que cambian por el hecho de tener uno cerca de casa. No se le dan la relevancia que merece», subraya Sonia Jichi portavoz de Vianants Mallorca

FOTO: G. Bosch | VÍDEO: Redacción Digital
Caminar, cansarse y disfrutar de la brisa en verano y del sol en invierno sentado. O simplemente salir a la calle para dejar de estar encerrado en casa y ver cómo pasa la vida llevan a la misma situación: disfrutar en Palma sentado sin pagar es una misión casi imposible. Las terrazas ocupan la mayor parte de las superficies de las plazas. Faltan bancos.
En el centro de la ciudad, muchas veces están llenos. O simplemente ni hay.
En la Plaza de España hay varios bancos, pero algunos no tienen respaldo. Sin embargo, otros tienen una barra metálica en el medio para evitar que personas sin hogar duerman allí o se acuesten durante el día. En todo caso, los más de quince que hay son insuficientes porque tanto turistas como la población local buscan otros lugares en los que sentarse sin tener la obligación de consumir y pagar. Muestra de ello son la gran cantidad de personas que se sientan cada día en el murete de la estatua de Jaume I.
Aunque algunas veces caigan en el olvido, los bancos juegan un papel importante en el día a día de muchas personas. «El banco público es un lugar de encuentro: hay vidas que cambian por el hecho de tener uno cerca de casa, y no se le da la relevancia que merece», explica Sonia Jichi, portavoz de Vianants Mallorca.
"Clave en la movilidad"
«Son un elemento clave de movilidad y contribuyen de forma directa a la cohesión social y a la calidad de vida en el espacio público. Las personas mayores o con movilidad reducida los necesitan para poder realizar trayectos más largos. Además, permiten que todo el mundo pueda estar y desarrollar en ellos distintos usos», añade Jichi.
En este aspecto, una de las personas que sufre la escasez de bancos es Feli Marcos, vecina de sa Llotja que tiene 80 años y que sale a caminar por las mañanas y por las tardes junto a su marido que tiene unos años más.«Faltan. Las personas mayores necesitamos caminar y también nos cansamos. Normalmente vamos hacia a sa Feixina, que allí sí hay unos cuantos. La población en Mallorca está envejecida. Es una necesidad para la ciudad», cuenta durante una llamada telefónica a la que, en un segundo plano, su marido se suma con dos comentarios, entre risas. «Hay más viejos que bancos» y «faltan bancos y sobran turistas».
Rápidamente Feli le recoge el testigo: «En el centro, cuando vienen los cruceristas, tenemos que ir con los codos por fuera para llegar a casa».
7.500 bancos en Palma
«Bancos podrían poner unos cuantos más para poder descansar. También caminamos hacia la muralla y a veces nos paramos allí o en los que están cerca del mar, pero no están bien orientados. Estás de espaldas al mar», reivindica.
El último ejemplo que explica se produce en el centro de la ciudad: «En la Avenida Alexandre Rosselló no hay bancos y para sentarte tienes que entrar en las cafeterías y no siempre quieres consumir. Hacen falta bancos. Por toda la ciudad».
En Palma hay 7.500 bancos distribuidos por toda la ciudad, de los cuales más de 800 se concentran en la zona centro. «Su instalación y ubicación se rige en base a los criterios establecidos en la normativa de accesibilidad», informa el Ayuntamiento al respecto.
Lugares para sentarse
No obstante, se reivindican más espacios. «Faltan muchos lugares para sentarse y no solo en el centro, sino en toda la ciudad. Aunque un aspecto bueno que veo últimamente es que al lado de las paradas de autobuses están colocando», apunta Josep Maldonado, arquitecto y residente de Palma.
Colocar bien un banco y que produzca el efecto deseado es una tarea laboriosa. «Se deben tener en cuenta asuntos como el arbolado. En verano deben dar sombra y, en invierno, con las hojas caídas, que dé el sol», explica y añade: «Que en el centro tengas que pagar para descansar es un motivo para hacer un pensamiento».
En algunas plazas céntricas encontrar un banco es un reto imposible. En la Plaça Major hay terrazas, pero no hay bancos. En la Plaça del Banc de s’Oli sucede lo mismo, como en la Plaça d’en Coll. Y, en la Plaça de l’Olivar, solo hay uno. «Tenemos un espacio público excesivamente ocupado por las terrazas de los bares. De hecho, algunos de los pocos bancos públicos que había han desaparecido para dar espacio a las terrazas», cuenta Àngels Fermoselle, vicepresidenta de ARCA, entidad en defensa del Patrimonio.
Uno de los aspectos que explican el déficit de lugares para los ciudadanos es el porcentaje de espacios peatonalizados. «Estamos a la cola con repecto a otras ciudades. Palma solo tiene el 4% de las calles dedicadas a los viandantes, mientras que otras ciudades como Bilbao, Valencia o Barcelona rozan el 20%», argumenta Jichi.
Factor económico
El factor económico es una de las razones que explican la falta de espacios para los vecinos: «La situación que se está produciendo es que, cuando hay calles con aceras anchas, zonas peatonalizadas o plazas, el espacio público acaba sobreocupado por terrazas. Se prioriza su ampliación y la rentabilidad económica frente al uso ciudadano».
Los bancos, según Jichi, también podrían ser un elemento clave para dar ayudar al comercio de proximidad que, en los últimos meses, muchas tiendas de toda la vida están cerrando. «La economía es un factor importante, pero la privatización del espacio público acaba mermando la calidad de vida. Si no hay gente en la calle —más allá de las terrazas—, es difícil que también acuda al pequeño comercio. El comercio de proximidad necesita una mayor afluencia de personas, especialmente en los barrios menos céntricos, y los bancos públicos son un elemento fundamental para ello», razona.
Ejemplos que funcionan
A pesar de necesitar más bancos, también hay zonas que deben servir como un buen ejemplo. «En el Paseo Marítimo se puede generar un espacio de reunión social y esto es lo que necesitamos en todas las barriadas de Palma», remarca Jichi y Maldonado añade otro caso que debería servir como ejemplo: «Tendría que haber los mismos bancos de Cort en todas las plazas de la ciudad».
Son, además, un lugar de encuentro social: «Cumplen un servicio fundamental y pueden aportar en positivo al paisaje urbano y a hacer la ciudad amable si encontramos modelos estéticamente integrados y cercanos a nuestra cultura», señala Fermoselle.
«El banco invita a pensar y a observar, no es un obstáculo, es un elemento que ayuda a la comunicación, a compartir y a que la ciudad sea para los habitantes», subraya la vicepresidenta de ARCA.
Para Jichi, el derecho al uso del espacio público debería garantizarse para el conjunto de la ciudadanía: «Sin embargo, la realidad es que la calle, todavía diseñada en gran medida para favorecer el tráfico rodado, está dejando aisladas a las personas mayores y encerrando a los más pequeños en sus casas».
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