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Vivienda social

Unos pisos intergeneracionales de Mallorca alumbran una emotiva historia: un joven organiza un concierto a su vecino de 83 años

En el barrio palmesano del Molinar, jóvenes y mayores conviven en un edificio del IBAVI que ofrece alquileres asequibles y actividades comunitarias para fomentar la actividad y la salud de los vecinos mayores

Un joven residente en el inmueble organiza este domingo un concierto sorpresa para José Antonio, un vecino y músico jubilado de 83 años que podrá volver a tocar la guitarra después de mucho tiempo

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

El barrio de El Molinar, en Palma, esconde un pequeño ecosistema social único en Mallorca. Jóvenes y personas mayores o con discapacidad conviven en un edificio del IBAVI en el que, desde 2024, se ofrecen alquileres asequibles de pisos con uno o dos dormitorios que rondan los 500 euros y que en ningún caso superan el 30% de los ingresos del inquilino. Sin embargo, la vida allí no se desarrolla como en otro bloque cualquiera. Los vecinos conviven bajo una premisa clara: ayudarse los unos a los otros y participar en actividades comunitarias destinadas, sobre todo, a fomentar la actividad y la salud de los mayores que viven en el edificio.

Desde hace dos años, residen 42 personas solas y siete parejas, combinando personas jóvenes y mayores, habiendo 39 personas que superan los 65 años y otros 14 inquilinos menores de 35 años. El concepto de este proyecto de vivienda pública es fomentar una convivencia intergeneracional entre los vecinos. Eso quiere decir, sobre todo, que los jóvenes puedan echar una mano o entablar una relación personal o de amistad con los vecinos más mayores, en algunos casos para ayudarles a enfrentar la soledad y en otros para fomentar una vejez alegre y saludable.

Nada más entrar en el inmueble, de un exterior blanco y amaderado, un tablón de corcho recibe al visitante. En él se cuelgan semanalmente las actividades que se llevarán a cabo esa semana: talleres de jardinería, de pintura o de música son algunas de las que esta semana han podido disfrutar los residentes del edificio. Para desarrollarlas cuentan en la planta baja con una gran sala con cocina en la que se juntan los días de actividad, además de disponer de un patio interior en el que han instalado jardineras y que cuidan entre todos. Una dinamizadora social se encarga de ayudar a la comunidad en muchos casos a materializar estas ideas.

Edu Rodríguez es uno de los jóvenes que vive en este ecosistema intergerenacional. Desde que entró en el piso, ha mostrado una gran implicación con el concepto para el que se construyó el inmueble. Atiende a este diario tras regresar de una excursión con una de las vecinas. "Me decía que había sido muy feliz. Hemos ido a unas cuevas en La Vileta y nos lo hemos pasado muy bien", cuenta el joven.

"Cada semana, los inquilinos jóvenes tenemos que hacer unas cuatro o cinco horas de ayuda a los más mayores aproximadamente. A veces voy a casa de las vecinas a jugar a juegos de mesa, otros días hacemos los talleres", relata. Rodríguez asegura haber ganado "en calidad de vida" desde que empezó a vivir allí: "Frenas tu día a día. Aquí se desacelera la vida, es como vivir en el pueblo. Nosotros, los jóvenes, les damos a los mayores la vitalidad, las ganas de hacer cosas; ellos, en cambio, nos dan su cariño, su sabiduría, su cercanía".

Un concierto para José Antonio

Rodríguez no conoció a sus abuelos, de ahí que sienta una especial conexión con sus vecinos más mayores. Desde su llegada al bloque, sentía que debía compartir con el exterior las experiencias y sensaciones que se vivían ahí dentro, por lo que se creó una cuenta en redes sociales (@edurodrigguez) para publicar contenido creado en esta comunidad vecinal intergeneracional.

Su proyecto en redes se hizo viral en la isla tras publicar la historia de José Antonio, un vecino de 83 años que arrastra desde hace décadas problemas de salud y que gracias a Rodríguez volvió a sentir la necesidad de hacer lo que más le gustaba: tocar la guitarra.

"Nos conocimos porque él me confundió por la calle con alguien de la Iglesia y luego lo estuvimos comentando. A partir de ahí, como éramos vecinos, empezamos a vernos para hablar de Dios y esas cosas, porque yo en eso exactamente no creo", cuenta.

José Antonio, hombre de fe, dedicó toda su vida a la música, y quedó gratamente sorprendido cuando, durante las Navidades pasadas, pudo disfrutar de un concierto organizado por Rodríguez en una de las salas comunes del edificio. "Bajó, escuchó la música y se alegró. Entonces ya se fue con la idea de volver a tocar, lo tenía en su cabeza", explica el creador de contenido.

En marzo, tres meses después, cuando Rodríguez volvió a la isla tras un largo viaje de trabajo por Asia, surgió la idea: organizar un pequeño concierto para este domingo 19 de abril en el que José Antonio, junto a dos amigos más, pudiera volver a tocar su música. "Él venía a mi piso y se ponía a intentar tocar una pequeña guitarra que tengo aquí. Me contó que no tenía fuerzas para sacar la suya de debajo de la cama así que subimos y la desempolvamos. Ese mismo día ya se puso a practicar".

Rodríguez lo organizó todo para que el pequeño concierto pudiera celebrarse en una de las pequeñas salas del edificio. Tras publicar la idea en redes, todo cambió: "Todo el mundo empezó a compartir mi vídeo sobre el tema. Me habló muchísima gente por privado. Fue tal el impacto que todo esto llegó al IBAVI y, cuando vieron la magnitud que estaba cogiendo, me pidieron que lo hiciera en otro lugar porque se veían venir que iría mucha gente".

Cartel del concierto de José Antonio.

Cartel del concierto de José Antonio. / @edurodrigguez

Ese mismo día se lanzó a la calle en busca de un espacio para celebrar el concierto. Mientras tanto, mantuvo a José Antonio ajeno a toda la organización. Quiere que todo sea una sorpresa para él, "que crea que tocará para un pequeño público como teníamos pensado al principio". "Fui al Club Náutico, a bares, pregunté por todo hasta que llegué a la Associació de gent gran de El Molinar. Allí me ofrecieron un espacio", añade.

Así, lo que empezó como una dinámica más derivada de una convivencia intergeneracional se convertirá en una tarde inolvidable para José Antonio, que podrá volver a tocar su guitarra a sus 83 años de edad. El evento, que se celebrará en la Asociación (calle Joan Nicolau i Barceló, 5), será de entrada gratuita y contará con comida y bebida para los asistentes. Además, se habilitará una caja solidaria para quienes deseen colaborar económicamente con los músicos. Rodríguez ha hecho un llamamiento en redes a todas las personas de Mallorca que quieran asistir y formar parte de la sorpresa, invitándolas a confirmar su asistencia en los comentarios de la propia publicación.

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