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Los 'okupas' de las garitas de Son Busquets aguardan su desahucio entre tres paredes: "Les quieren echar a la calle sin un plan B"

Con el apoyo de Olga, José María y Alberto se enfrentan a la inminente amenaza de desahucio en Palma, vendiendo chatarra y subsistiendo con una ayuda estatal para comprar comida

Los 'okupas' de las garitas de Son Busquets aguardan su desahucio entre tres paredes: "Les quieren echar a la calle sin un plan B"

B. Ramon

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

José María y Alberto llevan viviendo los dos últimos meses en las garitas situadas en el exterior del complejo militar abandonado de Son Busquets, en Palma. Estos dos pequeños habitáculos, de menos de dos metros cuadrados, se han convertido en su hogar. En el interior de las garitas ocupadas guardan a duras penas las pocas pertenencias que todavía conservan, así como colchones doblados que no acaban de caber y algunas mantas y edredones. Ambos viven entre tres paredes -la cuarta es un tablón de madera o cartón que colocan para tapar la salida-, esperando a que la Policía Nacional ejecute un desahucio que debía haber tenido lugar este miércoles, pero que finalmente no se ha producido.

Con la ayuda de Olga, una mujer que en las últimas semanas les ha brindado su apoyo para impedir que les desalojen del lugar, sobreviven al día a día. José María recoge chatarra que después vende para conseguir algunos ingresos diarios con los que comprar algo de comida, mientras que Alberto ha conseguido mantener un ingreso mínimo del Estado. Hace unos días, la Policía Nacional se presentó en las garitas para comunicarles que este miércoles se ejecutaría su desahucio. Finalmente, y, según explica Olga, "gracias a la presión mediática", los agentes no se han presentado en el lugar.

"El problema es que les quieren echar de la calle a la calle sin un plan B. No les dan ninguna salida, y no se pueden pagar ningún piso", explica Olga. La Asociación de Vecinos de Camp Redó, según han contado Alberto y José María, está presionando a las instituciones para que les ofrezcan una solución habitacional, aunque no se muestran muy confiados con la posibilidad de que finalmente se lleve a cabo.

Alberto, en el interior de una de las garitas de Son Busquets.

Alberto, en el interior de una de las garitas de Son Busquets. / B.RAMON

"Yo tuve una ruptura sentimental muy fuerte y me quedé en la calle. Mantenemos limpia la zona esta, no dejamos que nadie venga a pincharse y escondemos lo que recogemos bajo unos cartones", cuenta José María. Él acude de vez en cuando a los mercadillos de la ciudad a vender la chatarra que recoge, la cual, "en un día bueno", le permite pasar la jornada con cincuenta euros en el bolsillo.

En el caso de Alberto, según su testimonio, su adicción a las drogas le llevó a esta situación. "Me echaron de Ca l'Ardiaca y ahora estoy intentando dejar la adicción. Estoy en la lista de espera para volver entrar, pero mientras tanto me quedo aquí", relata.

Ambos aseguran no haber sufrido ningún encontronazo con los vecinos de la zona y consideran que haberse instalado en las garitas no supone molestia alguna ni para el SEPES, propietario de la infraestructura militar, ni para los transeúntes que recorren la Carretera de Valldemossa. Ahora, aguardan en sus pequeños refugios el día del desahucio sin que las administraciones, denuncian, les hayan ofrecido alternativa alguna.

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