Patrimonio
El ‘Xalet’ de Tirador: de Bennazar a Bennasar
La historia del ‘Xalet’ —y posiblemente también la del velódromo— gira alrededor de dos apellidos similares pero sin parentesco alguno, separados por cien años de historia y ligados a momentos muy diferentes: Gaspar Bennazar e Isabel Bennasar

Vista del ‘Xalet’ como tribuna cubierta, 1921 / Archivo Manuel García Gargallo
El velódromo de Tirador es hoy una infraestructura clave en la historia de Mallorca. Tras décadas de abandono y haber estado al borde de desaparecer, hoy es reconocido como uno de los recintos deportivos más antiguos de Europa y como el gran escenario deportivo de la isla en su época, símbolo de modernidad y de la cultura deportiva de masas durante años. Con su catalogación en 2021 y la aprobación del proyecto de reconversión en parque urbano en 2025, su continuidad está asegurada y solo queda que comiencen las obras, cuyo inicio está previsto a finales de este año.
A pie de calle, Tirador no es fácilmente visible a primera vista, al hallarse deprimido en el terreno y en estado de abandono, rodeado de suciedad y maleza. Pero hay un edificio que sobresale y facilita la identificación desde múltiples puntos: su tribuna cubierta, hoy conocida como el Xalet.
Descripción
El Xalet es un edificio de planta rectangular y fachadas simétricas, con cubierta a cuatro aguas. Fue levantado en un punto estratégico: entre los jardines de entrada (hoy parcialmente desaparecidos) y el velódromo, junto a uno de sus peraltes. Originalmente fue una estancia abierta, construida como tribuna cubierta y con funciones añadidas de cafetería y terraza para los socios del Veloz Sport Balear, club ciclista propietario de las instalaciones hasta 2015.
Las dos fachadas mayores tienen cinco arcos de medio punto (uno central principal y dos a cada lado, de menor altura), mientras los laterales presentan sólo dos. Sobre el arco central de la fachada principal puede verse un escudo con las iniciales VSB (Veloz Sport Balear) y también una fecha: 1918, el año de construcción. Desde ahí se disfrutaba de una vista de las pruebas deportivas tan cómoda como privilegiada.
Construcción
Tirador fue inaugurado en 1903. Desde sus primeros años tuvo dos hileras de gradas laterales, aún existentes, y una especie de tiendas de campaña como tribuna cubierta, poco estéticas y a todas luces provisionales. A principios de 1918, el Veloz Sport Balear planeó unas obras de mejora del recinto, consistentes en arreglar el firme de la pista, levantar los muros de cierre de la finca y construir una nueva tribuna cubierta: el futuro Xalet.
Las obras empezaron a principios de febrero de 1918 y a fin de mes estaban muy avanzadas. En marzo ya se podía utilizar la pista y las obras de la tribuna cubierta prosiguieron hasta abril. Todo muy rápido, y con motivo: el Veloz había programado para el 14 de abril una prueba ciclista a la americana (actualmente, Madison) de doce horas, que disputarían diez parejas de corredores de prestigio. Una prueba de gran magnitud que, de paso, serviría para inaugurar las obras realizadas.
Pero nada salió como se esperaba. La prueba empezó a las seis de la mañana, como estaba previsto, pero a las tres horas fue suspendida por la lluvia. No se celebró hasta el 28 del mismo mes, con menor impacto mediático, y la inauguración del Xalet pasó desapercibida.
Autoría
No sabemos quién diseñó el velódromo de Tirador, que pronto cumplirá 125 años. Pudo ser un arquitecto, un ingeniero o un maestro de obras que hubiera copiado diseños existentes: entonces habían funcionado, al menos, media docena de pistas en la isla y desde 1893 existía un velódromo en Palma: Son Espanyolet.
Sin embargo, en el caso del Xalet tenemos claro el autor: Gaspar Bennazar Moner, s’Arquitecte. Es una obra más de su amplio catálogo, de reducidas dimensiones pero representativa de su estilo: sólido, funcional, elegante y práctico; aunque el resultado fue más sencillo en comparación con el proyecto inicial, de planta ovalada y dos pisos. Además, destaca la rapidez con la que fue construido: en unas semanas; algo nada sorprendente, dada la habilidad de Bennazar para manejar proyectos con rapidez y solvencia. El ejemplo más claro: el paseo de Sagrera, que fue construido el 23 de junio de 1910... en una sola noche.
Además, cabe la posibilidad de que el papel de s’Arquitecte sea aún mayor y también tuviera un papel destacado en la construcción de Tirador. Bennazar tomó posesión como arquitecto municipal de Palma el 21 de junio de 1901 y desde entonces los principales proyectos de la ciudad pasaron por sus manos para recibir su aprobación. Las obras del velódromo habían empezado a finales de 1898, pero sufrió varios parones hasta que entre 1902 y 1903 recibió el impulso definitivo. Sin duda, Bennazar habría supervisado esta fase final y habría intervenido en lo que considerase necesario.
Esto explicaría detalles como la utilización de cemento Portland, entonces un producto muy reciente —la primera fábrica abrió en Tudela Veguín (Asturias) en 1898 y fue la primera producción estable en España—, pero ya conocido por arquitectos experimentados como Bennazar, lo que le permitiría abordar una obra excepcional que ha llegado indemne hasta nuestros días, pese al abandono sufrido. Una solidez propia de un ingeniero experimentado, para lo que estaría sobradamente capacitado, dada la amplitud de conocimientos de Bennazar (fue también un destacado urbanista y teórico). De confirmarse este extremo, Tirador sería una de las primeras intervenciones relevantes de Bennazar en la ciudad en su condición de arquitecto municipal —junto al desaparecido Teatro Lírico, abierto en 1902— y posiblemente de las más antiguas que le sobreviven.
Historia posterior
Durante años el Xalet cumplió la función de tribuna cubierta hasta que la decadencia de las instalaciones deportivas de Tirador provocó su cierre en 1973. El Veloz Sport Balear decidió reaprovechar la tribuna, y a mediados de los años 70 la reformó en profundidad: los arcos fueron tapiados y fue dividida en dos pisos interiores para acoger la sede social. Entonces el Veloz era un club totalmente alejado de sus orígenes y en franco declive social, sin actividad deportiva alguna.
En 1992 el Ayuntamiento expropió parte de los jardines de entrada de Tirador para trazar la calle Miquel dels Sants Oliver. El Xalet sobrevivió, pero perdió su ubicación central en el espacio. El ajardinado restante desapareció al pavimentarse para hacer un parking en superficie y por la dejadez de la propiedad. Así funcionó hasta 2015, cuando los terrenos de Tirador fueron expropiados para la construcción de una zona verde municipal y el Xalet fue desalojado.
Aun así, el esperado proyecto de futura zona verde sufrió repetidos parones y el edificio quedó vacío y en proceso de degradación. Fue okupado en 2018, e incluso una de las ramas del arbolado del jardín amenazó la integridad del tejado, pero la insistencia de la Associació de Veïns des Fortí evitó males mayores. Al fin, en 2025 el Ayuntamiento de Palma presentó el proyecto de parque urbano, manteniendo el importante componente patrimonial e histórico del recinto, incluido el Xalet.
De Bennazar… a Bennasar
Como si de una jugada del destino se tratara, el diseño del futuro parque fue adjudicado al estudio Bennasar & Dindareanu, SCP (Barcelona), formado por las arquitectas Isabel Bennasar y Corina Dindareanu. En el caso de la primera ya es un nombre familiar, pues redactó en 2015 el anteproyecto general para la futura zona verde de Tirador y el antiguo Canódromo —ya existente y construida entre 2018 y 2022—.
Por tanto, la historia del Xalet —y posiblemente también la del velódromo— gira alrededor de dos apellidos similares pero sin parentesco alguno, separados por cien años de historia y ligados a momentos muy diferentes: Gaspar Bennazar e Isabel Bennasar. El primero representa el impulso de una ciudad que despertaba y crecía urbanísticamente, derribaba las murallas y se asomaba al siglo XX; y la segunda, la incorporación de Palma al siglo XXI con la preocupación por conservar y revitalizar su patrimonio histórico.
Hoy la arquitectura no se centra en levantar nuevos edificios: recupera y reinterpreta los existentes, tiene en cuenta el paisaje y los difíciles equilibrios entre múltiples factores. Comparar el papel de ambos permite comprender la evolución y el cambio de prioridades de la arquitectura a lo largo del tiempo: de la creación de una infraestructura deportiva en su tiempo, moderna y pionera, al renacimiento con nuevos usos y necesidades, conciliando naturaleza y conservación del patrimonio histórico, la memoria histórica colectiva, la participación ciudadana y el paisaje.
Ambos, Bennazar y Bennasar, trazan un hilo continuo entre pasado y futuro, entre origen y transformación. Lo que un día fue símbolo de modernidad se prepara ahora para renacer, adaptado a nuevas miradas y necesidades. Así, este espacio vuelve a la ciudad; no solo como lugar recuperado, sino como un punto de encuentro entre memoria y vida, cerrando un ciclo y abriendo otro nuevo.
Quedamos a la espera de verlo de nuevo lleno de vida y comprobar si, esta vez, sabremos estar a la altura de lo que este lugar merece. En 2028 tendremos la respuesta.
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