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Una plaga de gallinas salvajes se expande en el Secar de la Real ante la inacción del Ayuntamiento de Palma

El Secar de la Real vive una plaga de gallinas que divide a los vecinos de la zona

Se desconocen operaciones de control por parte de Cort

Pere Morell

Pere Morell

Palma

Palma, en su nube habitual, ni sabe ni contesta y se mantiene inoperante ante la plaga de gallinas callejeras que se expande por varios rincones de su ciudad. En el Secar de la Real operan varios clanes de gallos y gallinas que campan a sus anchas ante la pasividad de Cort.

A diferencia de algunos grandes municipios como Manacor, Llucmajor o Calvià, que ya han puesto en marcha medidas para intentar paliar la situación, el Ayuntamiento de Palma no ha efectuado actuaciones, o al menos eso se desprende de su silencio ante este diario.

«Llevamos así unos tres o cuatro meses, desde que salió la normativa que impide tenerlas en casa y muchos las han soltado. He intentado de todo: denuncias, avisar a la policía de barrio… pero no me han dado ninguna solución. No soy el único vecino que ha denunciado esta situación», explica Iñaki Fuentes, habitante de la zona.

Son las tres de la tarde y los gallos cantan orgullosos de forma constante en un rincón de un aparcamiento de la zona, donde han establecido su base. Según Mariano Mas, director de la Fundació Natura Parc, estas aves pueden cantar a cualquier hora, incluso de madrugada, algo que se intensifica en verano, cuando los vecinos duermen con las ventanas abiertas.

«Al principio puede parecer bonito, porque oyes a los gallos y algunos vecinos creen vivir en el campo, pero esto no es un pueblo, es la ciudad, y con el tiempo se convierte en una molestia constante», agrega Fuentes.

Además, las gallinas generan problemas de salubridad: atraen ratas y cucarachas, aumentan los focos de infección y pueden crear un entorno insalubre.

«El principal problema es que lo ensucian todo. Se suben a los coches, duermen encima y los dejan llenos de excrementos. Además, no reciben una alimentación adecuada, comen de la basura y muchas acaban atropelladas. Tampoco es seguro, porque hay niños que quieren jugar con ellas y no tienen ningún tipo de control sanitario», señala el vecino.

«También hay gente que les deja comida junto a los contenedores, lo que empeora el problema. Si quieres ver gallinas, vete al campo, no en la ciudad», añade.

Vecinos a favor

Sin embargo, algunos vecinos viven el sueño rural en la ciudad y aseguran convivir con ellas sin problemas e incluso valoran su presencia como un elemento pintoresco. «Disfruto oyéndolos cantar y me gusta tenerlos cerca», comenta un vecino.

«No es un lujo tener animales sueltos comiendo de la basura, y tampoco es bueno para ellas. Viven estresadas, son atropelladas o atacadas por perros, no reciben atención veterinaria y mueren antes y en peores condiciones», concluye Fuentes, quien resume la situación como «un círculo perfecto de asco urbano».

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