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Entrevista

Martí Sales, investigador de Semana Santa: "No hay un crecimiento de cofrades, la Semana Santa no está de moda"

El investigador, miembro del Grup Vexil·la, reflexiona sobre la evolución histórica y cultural de la tradición mallorquina, tras la conferencia ‘Luces y sombras en la Semana Santa de Palma: los dilemas históricos de una tradición viva’

Martí Sales, investigador de Semana Santa

B. Ramon

¿Cómo ha evolucionado la Semana Santa en Palma?

Es muy complejo intentar resumir en una respuesta una conferencia de más de una hora. En su origen, era una semana marcada no solo por la fe, sino también por motivos recaudatorios. El Jueves Santo se recorrían las iglesias para recoger dinero que servía como sustento del hospital provincial.

La base de esa Semana Santa eran los gremios, que daban soporte a los pasos y a la procesión. Pero en 1836, con la desamortización de Mendizábal, desaparecen estos gremios y también muchas órdenes religiosas.

Ahí cambia todo, porque desaparece la base de procesión antigua y pasa a ser una Semana Santa más civil. Incluso hubo un momento en el que prácticamente no había nazarenos. Después, en 1847, se permite que vuelvan a salir, pero eso genera problemas porque se asocian a comportamientos poco respetuosos.

Sin embargo, el gran cambio llega en 1867, cuando la Diputación diseña un sistema nuevo de procesión desde cero, con pasos nuevos, estandartes, banderas, entre otros. Todo hecho específicamente para la ocasión. Ese modelo es el que ha llegado hasta hoy, aunque ha ido evolucionando.

Hay un eje conductor en todas estas etapas de la Semana Santa de Palma, que es el Crist de la Sang.

El Crist de la Sang es por el que más devoción sienten los fieles. ¿Cómo logra persistir ante el aumento de imágenes y pasos?

La devoción sigue existiendo, eso no ha desaparecido. Es verdad que no es tan intensa como antes, pero sigue siendo una figura muy importante. De hecho, basta con ir a la capilla de la Sang cualquier día para ver que la gente sigue yendo.

El problema es que ahora hay muchas más cofradías que antes. Antiguamente, si te sentabas en una de las sillas que se alquilan hoy en día, desde la primera cofradía hasta el Crist de la Sang tardaba 1 hora y 10 minutos. Hoy son cinco horas y media y la gente que va a las seis ya no está: los niños se han ido a dormir y los mayores, que pueden tener devoción, dicen no son horas de estar por la calle.

¿Cómo se ha producido ese aumento de cofradías?

Las cofradías surgen en el siglo XIX, cuando algunos penitentes empiezan a organizarse y a diferenciarse del resto con la unificación de vestimentas. A partir de ahí, en lugar de crecer las que ya existían, lo que se ha hecho es crear muchas más. En 1954 había 24 cofradías y unos 12 pasos, hoy hay 33.

El problema es que esto ha cambiado completamente la estructura de la procesión. Antes era una sola, con una única cruz de guía. Ahora cada una tiene la suya y eso significa que hay 33 procesiones, colocadas una detrás de otra.

¿Cuáles son las diferencias más notables entre la Semana Santa de antes y la de ahora?

Además de las cruces de guía y las etapas mencionadas anteriormente, también ha cambiado la forma de vestir y participar.  Antes se quería que la gente fuera con vestas, con la cara descubierta, y que hubiera una participación más ordenada. Pero con el tiempo los capirotes van ganando peso dentro de la procesión.

Y luego está el tema de los pasos. Eran todos de artistas locales, pero después comienzan a importarse de la península. Hoy muchas cofradías buscan el protagonismo propio y la adoración de sus imágenes.

En ese sentido, ¿ha cambiado también la participación? ¿Hay más o menos gente en las cofradías?

Yo no diría que haya un crecimiento importante. Más bien hay que ser realistas: la Semana Santa no está de moda.

No es fácil encontrar gente joven que se incorpore y los que salimos nos vamos haciendo mayores. No es que haya caído en picado, hay algunas cofradías que incorporan gente, pero muchas otras van perdiendo miembros poco a poco.

Los medios de comunicación señalan que la fe entre los jóvenes ha aumentado. ¿No lo percibe así en la Semana Santa?

Desde mi punto de vista, no veo ese relevo generacional típico de las cofradías. Pero tenemos que tener en cuenta que la fe y procesionar no son lo mismo, son dos cosas que se tienen que separar.

No todo el mundo que procesiona tiene fe, salen por otros motivos. Es un tema de tradición, de cultura popular, de relevo generacional... No es únicamente religioso.

¿Qué elementos diferencian a la Semana Santa de Palma de otras ciudades?

Históricamente había muchas diferencias: en la vestimenta, en los pasos, que eran propios y de autores locales.

Pero con el tiempo se ha ido perdiendo. Hay que tener en cuenta el factor turístico, porque ha habido una intención de que la Semana Santa de Palma fuese igual de atractiva que en otras ciudades. De esta forma, se ha equiparado a la de cualquier otra.

El único elemento diferenciador es la devoción por el Crist de la Sang.

Así como se incorporan imágenes, ¿también se han adquirido costumbres y hábitos de otros lugares, como las saetas?

Recuerdo que la primera persona que cantó una saeta en Palma fue detenida por la Guardia Civil.

Todo es incorporable, sobre todo cuando incorporamos imágenes que generan esto. En mi cofradía a nadie se le ocurriría cantar una saeta, porque no tenemos ninguna imagen devocional. Pero cada cofradía busca su protagonismo y eso influye.

En cuanto a las mujeres, en 1984 es el primer año en el que pueden procesionar. ¿Cómo ha evolucionado el papel de la mujer desde entonces?

Ese año fue importante porque es cuando se permite oficialmente que las mujeres participen. Antes no podían salir.

Al principio hubo reticencias y muchas mujeres salieron como penitentes libres, pero poco a poco las cofradías las fueron incorporando. Hoy en día las mujeres sostienen muchas cofradías. No hay que engañarse: son fundamentales, tanto en la participación como en organización.

Esto recuerda a la reciente polémica de la cofradía del Crist de la Sang de Sagunto, que votó el otro día en contra de incluir a las mujeres en las procesiones. ¿Qué opina?

Cada cofradía es libre, pero hay una cosa clara: no se puede mantener como tradición un hecho que es discriminatorio.

Las mujeres no participaban antes porque no tenían derechos, no porque fuera una tradición cultural en sí. No podían ni abrir ni una cuenta bancaria, así que difícilmente podían formar parte de una cofradía.

Mantener eso hoy en día no tiene sentido, no tendría ni que haber votación, es una cosa lógica. No es conservar una tradición, es mantener un prejuicio histórico.

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