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Mallorca con mucha calle

Un paseo por Benet Pons i Fàbregues: de la letra G a epicentro del ocio popular

Una calle con nombre ilustre y recuerdos de cine, bailes de domingo y celebraciones familiares

Mallorca con mucha calle Ep. 1 | Un paseo por Benet Pons i Fàbregues: de la letra G a epicentro del ocio popular

Carlota Pizá

Carlota Pizá

Carlota Pizá

Palma

En Mallorca, en concreto en el corazón de Pere Garau, pocas calles resumen tantos cambios como el carrer de Benet Pons i Fàbregues. Lo que hoy es una vía más del entramado urbano fue, en sus orígenes, una simple letra en el plano: la G. Compartía nomenclatura provisional con la cercana Faust Morell hasta que, en 1929, recibió el nombre de Benito Pons. Décadas después, en 1982, se normalizó en catalán como hoy la conocemos, en honor al político.

Nacido en Palma en 1853, Pons fue una figura clave en la vida política y cultural de la isla: historiador, archivero, fundador de medios de comunicación y secretario del Ayuntamiento. Su legado intelectual, sin embargo, convive con otro recuerdo más popular: el de una calle que durante décadas fue sinónimo de ocio, encuentro y vida de barrio.

Una calle que durante décadas fue sinónimo de ocio, encuentro y vida de barrio.

Una calle que durante décadas fue sinónimo de ocio, encuentro y vida de barrio. / Flipau amb Pere Garau

El latido del ocio vecinal

Durante buena parte del siglo XX, esta calle concentró algunos de los espacios más emblemáticos de la vida social de Palma. El desaparecido Cine Hispania, inaugurado en 1941, fue uno de sus grandes referentes hasta su cierre en 2003. Allí, generaciones enteras descubrieron el cine. Isabel, vecina desde hace más de medio siglo y miembro de Flipau amb Pere Garau, lo recuerda con una sonrisa: “Mi padre era muy amigo del acomodador. Venía a hablar con él muchas tardes y yo me colaba para ver la película”.

El ya desaparecido Cine Hispania, en el carrer Benet Pons i Fàbregues.

El ya desaparecido Cine Hispania, en el carrer Benet Pons i Fàbregues. / Flipau amb Pere Garau

No muy lejos, El Trébol marcaba el ritmo de los domingos. Aquel local acogía animados bailes vespertinos, frecuentados especialmente por jóvenes trabajadoras del servicio doméstico. Con el tiempo, el espacio mutó en bingo, discoteca e incluso prostíbulo, reflejando también los cambios sociales del barrio.

Comer, comprar y crecer

La calle también fue escenario de celebraciones familiares y pequeños negocios. El restaurante El Cocodrilo, con su singular estética de cueva, era lugar habitual de bodas y comuniones. Comer allí era casi una experiencia obligada para cualquier vecino.

El restaurante El Cocodrilo.

El restaurante El Cocodrilo. / Flipau amb Pere Garau

A su alrededor convivían pequeños comercios de toda la vida: ultramarinos que se convirtieron en estanco, tiendas de ropa como Maberran o la gasolinera Repsol, hoy ya desaparecida. Incluso hubo una pequeña “possessió” con jardín arbolado entre Lluis Martí i Nicolau Calafat, perdida con el paso del tiempo. Isabel añade otra escena cotidiana: “Yo venía mucho a Gelats Paco antes de ir al colegio. Me levantaba muy pronto y el señor Paco me contaba historias y batallitas”.

Lo que permanece

Hoy, muchos de aquellos lugares han cerrado o cambiado de uso. Sin embargo, todavía se conserva algún negocio emblemático, como Ca’n Siquier, una tienda de alimentos para animales que, según describen los vecinos, “es como una máquina del tiempo”. El Trébol, por otra parte, ahora es una tienda de insumos para peluquería que conserva el mismo nombre que el local de ocio nocturno.

La calle Benet Pons i Fàbregues en la actualidad.

La calle Benet Pons i Fàbregues en la actualidad. / Flipau amb Pere Garau

El carrer de Benet Pons i Fàbregues sigue siendo un archivo al aire libre. Cada portal, cada esquina, guarda fragmentos de una época en la que la calle era el centro de la vida. Porque más allá de su nombre ilustre, esta vía sigue contando historias. Y en barrios como Pere Garau, la memoria no desaparece: simplemente se transforma.

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