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La subida de precios por la guerra de Irán empieza a notarse en los mercados del Olivar y Pere Garau: "¿Esto a cuánto lo tenías ayer?"

Ante la escalada de precios, los mercados de Palma observan cómo los clientes ajustan sus compras, priorizando productos más económicos y modificando sus hábitos de consumo

La subida de precios por la guerra de Irán empieza a notarse en los mercados del Olivar y Pere Garau

B. Ramon

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

En cada crisis y cada guerra, Mallorca acaba pagando el precio de la insularidad. Cuando eso pasa, Palma, capital de la comunidad, suele ofrecer una radiografía certera del impacto que el conflicto está teniendo sobre la población. Estas últimas semanas, la ciudadanía ha seguido con inquietud la nueva escalada de precios desatada a raíz del cierre del estrecho de Ormuz, consecuencia directa de la guerra entre Israel, EE.UU e Irán. En las calles de Ciutat no solo preocupa cuánto ha subido la gasolina o el diésel; el coste de los alimentos, básicos o frescos, locales o de gran superficie, es seguido con gran expectación. Los mercados son buenos termómetros para medir este encarecimiento. Por ello, este diario se ha desplazado hasta los enclaves comerciales de l'Olivar y Pere Garau para conocer de primera mano el ambiente que a día de hoy se respira entre clientes y comerciantes.

"¿Esto a cuánto lo tenías ayer?", pregunta una mujer frente a una de las pescaderías del Mercat de l'Olivar; "Ayer no lo tenía fresco, hoy sí. Está un poco más caro, no sabría decirte cuánto", responde la pescadera. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el precio de la cesta de la compra se ha incrementado en un 1,53% tras veinte días de guerra en Oriente Medio. En el Olivar, las pescaderías y las carnicerías o charcuterías son los comercios que más están acusando la subida de precios. Todo el producto importado de la península se ha encarecido, comentan algunos tenderos: "Las cosas siempre suben y bajan un poco independientemente de lo que pase, pero esta vez se nota un poco más. Lo que sube ya no lo baja".

Por el interior del Olivar pasea Marga Sánchez, en busca de los productos necesarios para hacer un "bon bollit" . La mujer, ya jubilada, observa con preocupación los carteles de precios que presiden los mostradores de una carnicería local. "Quería hacer arroz esta semana, pero he decidido que compraré para bollit, así la comida me dura más días", explica Sánchez, ejemplificando con sus palabras cómo el peso económico del conflicto acaba recayendo sobre población absolutamente ajena al mismo. Adapta la cesta de la compra a la situación actual. "Sobre todo ha subido lo local, es lo que más he notado estas semanas", añade.

Con el carro a cuestas se mueve Joana Pisà, oteando los mostradores de productos frescos que dominan una parte del Olivar. "Sí que han subido algunas cosas. No sabría decirte cuánto de más he pagado esta semana en la copra, pero sí que lo he notado en comparación con semanas anteriores", reconoce. "Yo vivo sola, al final no me gasto tanto en comida, pero poco a poco se va notando. Sobre todo en carne y pescado, el precio del kilo va cambiando", explica Pisà.

"El cliente se contiene más ahora que en la pandemia"

Al otro lado de las Avenidas, el Mercat de Pere Garau presenta una actividad casi frenética. A simple vista, parece que su día a día transcurre ajeno al contexto mundial. Sin embargo, Paquita Bonnín, gerente del mercado, señala lo contrario: "Durante la pandemia, la gente su puso a comprar como locos. Ahora, aunque haya gente, se contienen más, no compran tanto o no compran lo mismo". La responsable del Mercat lo ejemplifica de la siguiente manera: "El charcutero que antes vendía mucho jamón de jabugo ahora seguramente estará vendiendo más mortadela". Bonnín espera que las medidas anunciadas por el Gobierno de Pedro Sánchez ayuden a mitigar la subida de precios, aunque considera que contribuirán más bien a "estabilizar" y no a reducir el coste de los alimentos.

Los clientes recorren el interior del mercado en busca de lo más económico. "Estoy mirando a ver qué me sale más barato. No sé si realmente habrá subido tanto, pero estoy viendo precios antes de comprar", reconoce Julio Navas, asiduo del lugar. "Compraré menos, está claro. La pensión da para lo que da. Pero desde luego que no dejaré de venir aquí por la guerra", resumía el hombre.

En este contexto, estos mercados de Palma no solo reflejan la evolución de los precios, sino también los cambios silenciosos en los hábitos de consumo y en la forma de afrontar la incertidumbre. Entre mostradores y carros de la compra, se dibuja una realidad en la que cada decisión cuenta y cada euro pesa más que nunca. Lejos de los focos del conflicto, es en estos gestos cotidianos donde se evidencia cómo una guerra lejana termina instalándose en la vida diaria de quienes, sin haberla elegido, acaban pagando sus consecuencias.

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