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Obituario

Muere Marisé Fernández-Segade, activista incansable e histórica presidenta de la Asociación de Vecinos del barrio de Sant Jaume de Palma

Se enfrentó a José María Rodríguez para salvar los pinos del Passeig Mallorca y en contra del aparcamiento subterráneo de la Porta de Santa Catalina, defendió la pervivencia del monolito de sa Feixina y promovió la inauguración de un busto del Cardenal Despuig en la plaza de Santa Magdalena

Su funeral se oficiará el jueves, 26 de marzo, a las 20.00 horas, en la iglesia de Sant Jaume de Palma, la que fue su parroquia

Marisé Fernández-Segade, en una imagen del año 2015

Marisé Fernández-Segade, en una imagen del año 2015 / Manu Mielniezuk

Miguel Vicens

Miguel Vicens

Palma

Veinte años antes de que la baronesa Thyssen se encadenara a los árboles del Paseo del Pardo, en Madrid, Marisé Fernández-Segade (Madrid, 1936) ya lo había hecho en el Passeig Mallorca para salvar los pinos de la Porta Santa Catalina de la motosierra de José María Rodríguez. Y, sobre todo, de las intenciones del Ayuntamiento de Palma de construir un aparcamiento subterráneo bajo esa plaza.

La activista e histórica presidenta de la Asociación de Vecinos del barrio de Sant Jaume falleció en Palma el pasado 19 de marzo a la edad de 89 años. Y el próximo jueves, 26 de marzo, a las 20.00 horas, se oficiará un funeral en su memoria en la iglesia de Sant Jaume de Palma, su parroquia.

"Me encadené en su día a los árboles del Passeig Mallorca porque mi enemigo José María Rodríguez quería hacerlo peatonal para que fuera un camino imperial. Nos atamos con cuerdecitas a los troncos y la gente se reía de nosotras, pero los árboles son sagrados", recordó hace ocho años, en una entrevista con el periodista Matías Vallés que publicó este diario.

Marisé Fernánez-Segade también se opuso al derribo el monumento de sa Feixina. Con tanta pasión que el escritor Llorenç Capellà la llamó "mascarón de proa del crucero Baleares". Defendió primero la solución conciliadora de la alcaldesa Aina Calvo, que eliminó la simbología franquista del monolito. Y después tomó partido en contra de la demolición que promovieron los partidos del Pacto.

En su defunción, ARCA, la Associació per a la Revitalització dels Centres Antics, la recordó "como una activista ciudadana culta e incansable, como una mujer comprometida con el patrimonio y con la ciudad". Según la entidad proteccionista "siempre tenía en mente alguna lucha en que quizás nadie reparaba y ayudó a salvar desde árboles y elementos arquitectónicos hasta retablos pictóricos de importancia. Era habitual encontrarla en conferencias y reuniones reivindicativas, siempre amable en las formas y contundente en la defensa de lo que creía. Echaremos de menos su ternura", concluyó la entidad.

Marisé Fernández-Segade

Marisé Fernández-Segade / Diario de Mallorca/Archivo

"He gastado toda la vida en cosas que no me han dado dinero. Tengo la necesidad imperiosa de participar como ciudadana. Hay que volcarse en las cosas cívicas", defendía la presidenta de la asociación de vecinos del barrio de Sant Jaume, mientras recordaba la ocasión en que llevó pompas de jabón a un pleno del Ayuntamiento de Palma.

También impulsó en 2005 la colocación de un bronce del Cardenal Despuig, realizado por Damià Ramis a partir del boceto de Remigia Caubet, en la plaza de Santa Magdalena, frente a la iglesia, donde reposan sus restos. Y en el Port de Sóller, donde fue una ferviente feligresa de la parraquia de Sant Ramon de Penyafort, su familia estableció la devoción por el Cristo de Medinaceli, conocido el puerto como Natzarè, o la llegada de una Mare de Déu morta.

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