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Urbanismo en Palma

Joan Fortuny, uno de los arquitectos que transformará el antiguo cine Metropolitan: "Pere Garau es un barrio con mucha vida al que le faltan espacios de calma"

El arquitecto explica cómo nació la propuesta ganadora para transformar el emblemático espacio en un centro multiservicios abierto al barrio

El proyecto apuesta por espacios flexibles, zonas de encuentro y materiales de proximidad para responder a las necesidades de un barrio en crecimiento

Joan Fortuny, uno de los arquitectos del proyecto ganador del Metropolitan

FOTO: Archivo Joan Fortuny | VÍDEO: Ajuntament de Palma

El antiguo cine Metropolitan, en el barrio palmesano de Pere Garau, se convertirá en un centro multiservicios con equipamientos públicos, espacios comunitarios y servicios básicos. El proyecto ganador del concurso convocado por el Ayuntamiento de Palma ha sido el del equipo formado por los arquitectos Joan Fortuny y Martí Sanz, que plantean un edificio abierto y capaz de adaptarse a las necesidades del vecindario.

Para Fortuny el concurso fue un proceso que "disfrutó y en el que estuvo agusto", pese a su dificultad debido a las exigencias del programa considera que "al final ha quedado un proyecto muy redondo". Aun así, no canta victoria porque "ganar los concursos es un milagro, pero que se desarrollen y se construyan es el segundo milagro".

La decisión de presentarse tuvo que ver con las necesidades del barrio que "las conoce bien", puesto que su estudio se encuentra a escasos minutos del antiguo cine. Por ello, el edificio debe integrar numerosos equipamientos, desde una escoleta hasta una biblioteca, pasando por servicios administrativos o sanitarios. "Cuando leímos el programa pensábamos: ¿cómo vamos a meter todo esto aquí dentro?", recuerda. Sin embargo, su equipo ha sido el ganador por resolver esta complejidad de una "manera muy adecuada y flexible", según el alcalde de Palma, Jaime Martínez.

Necesidades del barrio

La solución ante este reto fue diferenciar los distintos usos en dos bloques: aquellos que requieren espacios muy definidos y aquellos que pueden transformarse en el tiempo. Los primeros, como el centro de salud, la escoleta o la oficina de atención ciudadana, necesitaban estar ubicados en la planta baja. Pero los segundos, ubicados en las tres últimas plantas, se diseñan como zonas amplias y flexibles: "Son espacios para transformarse. Si en un futuro una asociación necesita un lugar para reunirse, se puede adaptar sin problemas".

La complejidad con los espacios flexibles residía en organizar la infraestructura de forma que cumpliera con la normativa de seguridad, concretamente con la de incendios: "Hacer espacios abiertos es relativamente fácil hoy en día, la dificultad está en conseguir que estos cumplan con el reglamento". Entonces, la solución se fijó estableciendo "una organización estratégica de escaleras y sectores de evacuación".

Para el arquitecto, esta flexibilidad es fundamental en un barrio como Pere Garau, uno de los más densos de Palma y con una población que ha crecido rápidamente en las últimas décadas: "Es un barrio con muchísima gente y con pocas instalaciones. Cuando miras los metros de equipamiento por habitante está claro que faltan servicios".

Además de las necesidades del barrio, el equipo de Fortuny está "muy a favor de la arquitectura de proximidad" y siente cierto vínculo con el lugar: "Todos hemos pasado por el Metropolitan y fueron un cúmulo de cosas: sentía cierta melancolía y conocía las necesidades del barrio". El trabajo se desarrolló junto al arquitecto catalán, Martí Sanz. "En los concursos también hay un punto de compartir el proceso, las alegrías y derrotas, porque lo normal es perder", señala.

Espacios de encuentro y eficiencia energética

Más allá de los servicios, la propuesta también busca generar espacios de convivencia y encuentro entre vecinos. "Pere Garau tiene mucha vida social, lo que lo hace brutal y muy interesante, pero le faltan espacios de estancia y de calma", explica Fortuny. Por ese motivo el diseño apuesta por un sistema escalonado que permite crear terrazas en distintos niveles del edificio, así cada equipamiento dispondrá de su propio espacio exterior sin perder la conexión estética del edificio: "Visualmente todo se relaciona".

Incluso el patio de la escoleta podría convertirse en determinados momentos en un refugio climático. "Si se gestiona bien, podría utilizarse en verano como un espacio fresco donde la gente pueda resguardarse del calor", matiza. En esta misma línea, el diseño apuesta por un gran atrio central que facilita su ventilación natural en los meses estivales y el aprovechamiento del calor en invierno, así el centro podrá funcionar con un bajo consumo energético.

Además, emplean una serie de materiales pensados para reducir el impacto medioambiental sin perder velocidad de construcción. La estructura mezcla hormigón prefabricado con elementos de madera contralaminada: "El hormigón nos permite construir rápido y aprovechar la industria que ya existe en la isla". Mientras que la madera "ayuda a reducir la huella de carbono del edificio y ofrece buenas condiciones acústicas y térmicas". A estos materiales se suma la cerámica, prevista para elementos como la fachada.

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