Palma recupera la memoria de los 104 cines que llegó a tener, todos desaparecidos menos siete
De las casi 40 salas existentes en los años de esplendor a los siete complejos multipantalla actuales, Verónica y Tomeu Fiol han recuperado en el libro ‘Palma, ciutat de cinemes’ 129 años de proyecciones a través de los 104 edificios que consiguieron que la magia fuera posible, en un obra que también es una crónica sentimental de la ciudad

Palacio Avenida en 1960 / Palma, ciutat de cinemes

De las casi 40 salas con las que llegó a contar Palma de forma simultánea en las décadas de máximo esplendor a los siete complejos actuales, la historia de los cines de la ciudad se pierde entre la memoria de las distintas generaciones, los cambios sociales y políticos y la acelerada transformación urbana de los últimos 129 años.
Para ordenar todo ese conocimiento disperso, contextualizarlo y recuperar la historia de las grandes y pequeñas salas donde se proyectaron películas, los hermanos Verónica y Tomeu Fiol, historiadora y fotógrafo y divulgador cultural, acaban de publicar Palma, ciutat de cinemes, una obra ilustrada editada por el Ayuntamiento de Palma que narra la historia de todas esas salas, desde la primera proyección en el Teatre Principal en 1897 hasta la actualidad. Y lo hace en un recorrido detallado por 104 cines, la mayoría desaparecidos o transformados en viviendas y negocios diversos, lo que es también un viaje sentimental por los grandes edificios de cine, las salas pioneras y también los locales de barrio, así como la crónica de la transformación del propio medio a lo largo de los años.
"Tras la primera proyección en el Principal, el fotógrafo Josep Truyol le encarga al arquitecto Gaspar Bennazar en 1903 que le construya una sala para proyectar películas junto a su casa en s’Hort del Rei, con lo que nace el Cinematógrafo Truyol's", narra Verónica Fiol, que también apunta que en ese momento "empiezan a surgir protocines que proyectan imágenes en carpas móviles que se instalaban en lugares como la calle Sindicat o s’Hort del Rei", detalla.

Verónica y Tomeu Vidal, autores de Palma, ciutat de cinemes / Manu Mielniezuk
"Pero el primer cine propiamente dicho fue el Moderno de la plaza Santa Eulàlia, que también funcionó como teatro y que todavía mucha gente recuerda, que empezó su actividad en 1913 y la mantuvo hasta 1957", señala Verónica Fiol, atravesando los años de mayor expansión del medio en Palma, la década de los cuarenta y también la de los cincuenta del pasado siglo, "cuando surgen más cines y llega a haber más de 30 abiertos en la ciudad, como el Palacio Avenida, el Actualidades, el Hispania, el Metropol, el Capitol o el Augusta", apunta Tomeu Vidal.
Recuerda también el nacimiento del Cine Born en la década anterior, en 1931. "Fue una sala diseñada por Gaspar Bennazar que nació ya con una ambición de glamour y de gran edificio para el cine, con esa gran escalera en la entrada que todavía se puede ver en la actual entrada de Zara y con platea y anfiteatro, es decir, con entradas buenas y malas", narra. "El Rívoli también tuvo originalmente esa división, así como el Lumière, que también compartió esa ambición de sala de cine de gran categoría", recuerda.
Por el relato de los hermanos Fiol aparecen nombres importantes que forman parte de la geografía de las salas de cine de Palma, como el histórico Teatro Lírico, que combinó las representaciones de ópera con las proyecciones de cine; el Fantasio de Pere Garau y el Doré de Els Hostalets, salas importantes de barrio que terminaron convertidas en salas X en los años ochenta, o el Astoria, cuyo antiguo y céntrico local, situado delante del Teatre Principal, sigue sin ninguna actividad desde que interrumpió las proyecciones en el año 2000.

Fachada del cine Hispania en los años 60 / Palma, ciutat de cinemes
¿Quiénes fueron los granes promotores de las salas de cine?
Los promotores de aquella actividad que tanto entusiasmaba a los ciudadanos "eran empresarios como Andrés Bordoy, que en 1948 abre la Sala Augusta sobre los cimientos de la antigua prisión de Can Mir; familias como los descendientes de Antonio Servera, ligados a los cines Lumière de Sant Ferran, así como al Metropolitan y al Rívoli; Rafael Salas, que gestionó el Teatre Principal y tuvo cines en Palma y en muchos pueblos de Mallorca; los descendientes del pionero Josep Truyol, que con Joan Olives impulsaron en 1978 los cines Chaplin, pioneros en Mallorca de las multisalas de proyección y una de las primeras de España; o Pepe Tous, que en el Teatro Balear también combinó las proyecciones cinematográficas con los espectáculos de circo, teatro y revista", cuentan los hermanos Verónica y Tomeu Fiol.
Explican también que la explosión de los cines de barrio provocó que s’Arenal contara con hasta seis salas, algunas de ellas con suficientes medios como para invitar a un estreno al actor Vicente Parra, estrella del cine español desde finales de los años cincuenta del pasado siglo hasta entrados los setenta; que la calle Joan Crespí contara con el Lírico Palace, convertido después en el templo de los Testigos de Jehová; que el Teatre del Mar del Molinar fuera primero el cine Rex; que el cine Dawson del Camp Redó se utilizara también para reuniones vecinales; o que en la calle Protectora el cine Jaime III programara películas de arte y ensayo.
Pero los hermanos Fiol también cuentan la historia de cines en las barriadas de Son Cladera y Son Sardina. Y del peculiar cine de carácter social con el que contó la parroquia de Santa Catalina Tomás, en la plaza de Santa Payesa.

Estreno de la película Dallas, ciudad fronteriza en el Teatre Principal en 1964 / Palma, ciutat de cinemes
Fumar en el cine, comer palomitas de bolsa o pagar más por el aire acondicionado
¿Qué costumbres de los cines que existieron en Palma nos llamarían hoy la atención? "Sin duda, que se permitiera fumar en las salas de proyección, lo que llegó a provocar un incendio en la Sala Augusta; el consumo de palomitas de bolsa y las pipas; que se permitiera a las salas subir el precio de las entradas por la inclusión de un espectáculo adicional, como una actuación de Bonet de San Pedro, o también por una mejora tecnológica, como la instalación del aire acondicionado cuando todavía era una rareza en la ciudad; o los grandes carteles de cine que pintaba el artista Rafael Ruiz, hasta en nueve cines a la vez, con su último trabajo en el Metropolitan en el año 2003", enumeran Verónica y Tomeu Fiol. Pero también citan "la publicidad de películas que lucían los autobuses de la EMT" o los "programas de las proyecciones", añaden.
"La decadencia y paulatina desaparición de los cines en Palma comenzó en los años ochenta y noventa con la popularización del vídeo", relatan los autores de Palma, ciutat de cinemes. "Con su irrupción empiezan a cerrar los cines de barrio, donde poco a poco van abriendo sus puertas videoclubes. Después, las salas tradicionales, que como el Metropolitan y el Augusta tenían las pantallas más grandes de los ochenta, se van transformando en multisalas. Y posteriormente, con excepciones, se produce el éxodo: el cine abandona el centro de la ciudad y se va a la periferia, integrado en grandes complejos comerciales, donde ya no es la única oferta de ocio de la ciudad ni tampoco la más barata y donde compite con las grandes plataformas de streaming".

Anfiteatro del Cine Born, en 1952 / Palma, ciutat de cinemes
Los hermanos Fiol recuerdan que en pandemia fue la primera vez en más de cien años que las proyecciones cinematográficas se interrumpieron en Palma. "Ya no volvieron con las mismas sesiones. Pero yo todavía confío en que las generaciones más jóvenes descubran también el medio, como algunas producciones de éxito parecen todavía demostrar. Y que hagan suyas las producciones de cine, como también han descubierto el gusto por la fotografía analógica o la música en vinilos", comenta Tomeu Fiol.
El libro Palma, ciutat de cinemes, que se ha publicado al mismo tiempo que se exhibe una exposición de la misma temática en la Misericordia, es el fruto de una investigación como historiadora que desarrolló Verónica Fiol a partir del año 1999, primero con una publicación en la revista Lluc y más tarde, ya con la participación de Tomeu Fiol, con la publicación de la obra Cines de Palma en 2015, un trabajo que ahora han completado y ampliado con toda la nueva aportación de los cines de barrio de la ciudad.

Colas en el cine Rívoli por el estreno de Rey de Reyes, en 1961 / Palma, ciutat de cinemes
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