Opinión
Vox pide el Govern a cambio de Cort

Fulgencio Coll, líder de Vox Palma. / B. Ramon
El Govern con la agenda más relajada de la historia se las prometía muy felices por motivos sobrados, con su continuidad a salvo de una izquierda desmantelada. Por desgracia, Felipe González le descubrió la semana pasada a España entera que la política rellena automáticamente el vacío, así en el poder como en la oposición.
De repente, el PP se despierta enfrentado al enemigo interior de Vox, que no se resigna a las vicepresidencias sino que quiere compartir las presidencias. El Consolat para ti, pero Cort para mí. Y este envite no procede de los ocho diputados residuales de la extrema derecha en el Parlament. Con la importancia de llamarse Fulgencio, el desafío de «estoy disponible» para ser alcalde dimana del único miembro del partido ultra que plantea dudas a quienes abominan de Vox. Incluso sus disparates musicales se atribuyen antes a la edad de seguidor de Raphael que a la filiación ideológica.
Porque la vitalidad del general Fulgencio no oculta que ganará su segundo asalto a Cort con 79 años, por lo que sería mayor que Joe Biden cuando acabara su mandato de ¿primer teniente de alcalde o alcalde de Palma a secas? De momento ha sacudido la legislatura de un PP sesteante, que solo miraba hacia el PSOE mientras haraganeaba en su falsa hegemonía.
Impresiona que Vox pronostique crecimientos moderados en las diferentes contiendas baleares, mientras el indocumentado Sebastià Sagreras se promete una mayoría absoluta irrealizable. Ahora mismo, el PP no tiene garantizado ni un diputado o concejal más, así en el Parlament como en Cort.
«Tremolarien», se jactaba Marga Prohens al alardear en falso de un adelanto electoral. Hoy se le han contagiado los temblores, cuando la importancia de llamarse Fulgencio se atreve incluso con la ironía cañellista de invertir la negociación, con el Consolat para Vox y Cort para el PP. Por no hablar de una tercera hipótesis, con la ultraderecha exigiendo un cambio de candidata antes de votar la investidura. Los discípulos de Abascal no parecen dispuestos a repetir el entreguismo balear a los populares de 2023, aquel gran error.
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