El Baluard del Príncep clama por el rescate que lo saque de su peor abandono: "Está hecho un desastre", denuncian los vecinos
A la espera de que en marzo se adjudiquen las obras que deben concluir el proyecto, los últimos dos años de abandono han llevado a la fortificación a un proceso de degradación acelerado: con grafitis, basura acumulada, okupación y envejecimiento de las fases ya ejecutadas desde 2013

Miguel Vicens

"Hay gente muy incívica", lamenta Pedro Juan Llompart, vecino del barrio de sa Calatrava de Palma desde hace más de 60 años, mientras pasea por el entorno del Baluard del Príncep con su perro, un pequeño rater atento a todo.
"Esto está hecho un desastre", declara. "Veo cada día a personas tirando la bolsa de basura al foso como si fuera un contenedor abierto al aire libre. Y eso no puede ser" , sentencia.
"Hay suciedad por todo. ¿Has visto en qué estado está?", interroga señalando una montaña de escombros. "Debajo del puente se ha instalado una persona que ha utilizado más de veinte metros de cable para llevar la electricidad hasta donde se aloja por las noches", señala. "Creo que tiene hasta Canal +", comenta irónico.

Vista del Baluard del Príncep desde la Porta del Camp / Miguel Vicens
El Baluard del Príncep, abandonado desde hace ya más de dos años, cuando se paralizaron las obras por la quiebra de la constructora, está pendiente de que el próximo 16 de febrero el Ministerio de Vivienda termine la licitación y adjudique a una nueva firma los trabajos que todavía faltan para terminar el proyecto de los arquitectos Elías Torres y José Antonio Martínez Lapeña. La obra, al 93 % de su ejecución, podrían retomarse en marzo o, como muy tarde, en abril, con un presupuesto de 1,6 millones de euros.
La sorpresa que le aguarda a la nueva adjudicataria es el estado de degradación en el que se encuentra el Baluard del Príncep, no solo la zona pendiente de terminar las obras, sino también la que fue inaugurada en los años 2013 y 2017. Aquel marés claro y esos muros blanquísimos han desaparecido.
El recorrido descubre grafitis y pintadas en la garita de vigilancia, farolas, bancos de piedra, paredes de los paseos de ronda y escaleras. También topa con ingentes cantidades de basura acumulada en el foso y bajo los arcos del puente. La hierba asilvestrada crece sin control en el foso, en el lienzo de la muralla, que fue limpiado el pasado agosto y también en las zonas del paseo de ronda por ejecutar.

Vista del Baluard del Príncep desde la Porta del Camp / Miguel Vicens
Las manchas negras de humedad tiñen las escaleras antes blanquísimas, el pavimento y también la parte superior de las murallas. Además, hay signos de okupación por doquier, como colchones, mantas, almohadas y sacos de dormir, así como barreños, viejos radiadores medio desmontados y acumulación de suciedad en dependencias interiores y bajo los arcos del puente. Barreras caídas que vetaban el paso de los ciudadanos a las zonas inacabadas y material de obra desperdigado que dejó la anterior empresa adjudicataria antes de abandonar los trabajos, y que ahora está esparcido sobre el edificio y en un lateral de la plaza Porta del Camp.
"Me parece muy bien que retomen las obras cuanto antes y saquen del abandono el conjunto», comenta Francesca, una joven italiana residente en sa Calatrava. "Cuando detuvieron las obras todavía no vivía aquí, así que no me acordaba de que llevara tanto tiempo abandonado", señala. "Lo que no me ha gustado nada ha sido la tala de los bellasombra de la plaza Llorenç Villalonga. Eso me ha parecido muy grave. Terrible», subraya, mientras pasea por la calle Bala Roja, frente al hotel Es Príncep.

Espacio interior inacabado lleno de suciedad y un colchón con mantas / Miguel Vicens
Refugio de personas sin hogar
El abandono de la zona y la caída de todas las verjas que vetaban el acceso a las áreas inacabadas de la obra ha atraído a personas sin hogar al Baluard del Príncep, como si sus zonas techadas fueran un último refugio.
Algunas de estas personas pasan el día al sol del invierno en los bancos de la Porta del Camp, la plaza de Santa Fe o la calle Bala Roja. No se van muy lejos. Y por la noche buscan refugio en las zonas protegidas del reformado enclave de la antigua muralla renacentista de Palma.
Una de estas zonas se localiza bajo el puente del Baluard del Príncep, al cobijo de dos de sus arcos. En uno de ellos se ve un atillo con mantas y ropa de abrigo guardado en una de las esquinas. Y en el contiguo, un despliegue mucho mayor. En uno de los extremos hay dos colchones de 150, con mantas y almohadas, colocados bajo una vieja alfombra. En el centro, una pequeña mesa auxiliar blanca, un tendedero plegado para secar la ropa, un barreño para recoger agua y un viejo radiador desmontado para calentarse. Un cable eléctrico de más de veinte metros cruza desde ese pórtico donde se refugian los sin techo hasta al pie de la escalera, donde se supone que se conecta a uno de los apliques de luz de la parte baja de la muralla. No alcanza más allá.
Muy cerca de allí hay otro espacio donde se descubre la presencia de personas sin hogar. Es una dependencia interior inacabada, sin puerta y solo cubierta en una de sus partes. Se localiza en el lateral, junto a la calle Bala Roja, al pie del acceso que comunica con la parte más elevada del Baluard. En su interior hay dos colchones y también mantas, así como otros enseres domésticos que se han ido acumulando, algunos de ellos en medio de un gran charco por las lluvias de estos días.

Pintadas con espray en uno de los paseos de ronda / Miguel Vicens
El espacio inacabado ganado por la ciudadanía
En sus distintas fases, el Baluard del Príncep fue inaugurado por el Ayuntamiento de Palma en el año 2013, cuando los ciudadanos ganaron ese espacio de Dalt Murada, y otra vez en 2017 al concluir otras fases de la ejecución. Pero en realidad es un proyecto de treinta años antes, impulsado por Ramón Aguiló, el primer alcalde de la democracia, y después por Joan Fageda, al que le tocó negociar con las familias que residían en las viviendas militares derribadas en 2006. Las dos últimas fases que todavía faltan tienen un plazo de ejecución de doce meses y su finalización está prevista para el año 2027, si la obra se puede adjudicar el próximo marzo o abril.
"Me gusta venir paseando hasta aquí y contemplar el mar», confiesa Margalida desde la parte más elevada del antiguo baluarte defensivo. «Si no existiera el ruido de la autopista sería fantástico», comenta esta palmesana. «Admiro el proyecto que ha ejecutado aquí el arquitecto Elías Torres y también en el resto de la muralla, aunque ahora se vea cierto abandono alrededor. Si ahora al fin se retoman las obras, creo que será muy positivo para la ciudad", comenta convencida.
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