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El Terreno, la remodelación de un barrio degradado ante la amenaza de la gentrificación: "La zona estaba abandonada, se tenía que actuar"

Tanto el Ayuntamiento de Palma como la iniciativa privada han puesto sus ojos en el antiguo enclave turístico de la ciudad para impulsar la renovación de una zona en la que empieza a convivir el lujo con la pobreza extrema

La Asociación de Vecinos de El Terreno valora positivamente estas actuaciones y asegura que "eran unos cambios obligatorios"

Pere Morell

Pere Morell

Palma

Tipografías antiguas, bares soterrados y clubes de música cerrados. El Terreno es un enclave turístico que quedó anclado en el pasado ochentero, tras el éxito que vivió la zona de Gomila como epicentro de la vida nocturna palmesana. Desde entonces, el barrio ha sufrido un progresivo proceso de degradación que ha dejado numerosos edificios y comercios medio en ruinas.

Ahora, tanto el Ayuntamiento de Palma como la iniciativa privada han puesto sus ojos en este antiguo foco turístico para impulsar su renovación. Un proceso que está dando lugar a una convivencia cada vez más visible entre el lujo y la pobreza extrema, una situación similar a la que ya se vive en otras zonas portuarias como Eivissa o el Cabanyal, en València.

Esta transformación se percibe en apenas unos metros. Por un lado, El gran Meliá victoria, que parece un palacio real, o la nueva Gomila, impulsada por la promotora inmobiliaria mallorquina Doaki SLU, con viviendas que actualmente se ofertan a precios que oscilan entre los 900 euros mensuales por un apartamento de una habitación y 40 metros cuadrados, y los 2.800 euros por una casa adosada de 170 metros. Por otro, las infraviviendas ubicadas en la calle Joan Miró, cerca de la Plaça Gomila, donde un policía local multado e inhabilitado llegó a alquilar habitaciones a extranjeros en situación irregular en España.

No obstante, el cercano acceso al mar convierte El Terreno en una joya muy deseada por los inversores. Entre ellos destaca Terreno Barrio Hotel,, la apuesta de Grupo Piñero por contribuir a la revitalización de una zona de la capital mallorquina, que además supone su primera incursión en la hotelería urbana.

En paralelo, la plaza Gomila y la avenida Joan Miró, dos de las áreas ya remodeladas dentro del Plan Renove del Terreno, han recibido hasta ahora inversiones del Ayuntamiento de Palma que suman 1,09 millones de euros. La previsión municipal es que esta cifra supere los tres millones en 2026, con nuevas actuaciones programadas.

De cara a 2026, el Plan Renove continuará con intervenciones en distintas calles del barrio, contempladas en el presupuesto del próximo ejercicio: 750.000 euros para la calle de Robert Graves, 350.000 para la calle de la Pedrera y 900.000 para la calle del Polvorí.

Los vecinos de el Terreno ven las reformas con buenos ojos

Rafael Navarro, vicepresidente de la Asociación de Vecinos de El Terreno, reconoce que tanto la inversión pública como la privada están remodelando la zona: "El Ayuntamiento está llevando a cabo muchos proyectos. La zona estaba abandonada, así que esto es un empuje importante".

Sobre la gentrificación, Navarro reconoce que "todo el mundo la teme", pero que el Terreno merecía un cambio: "Es una zona muy bonita y clásica de Palma. En la época de los años 70 y 80 era el corazón de la vida nocturna de la ciudad; luego pasó por una etapa de degradación".

El vicepresidente también valora la apuesta de Grupo Piñero con el Terreno Barrio Hotel, destacando que eran unos cambios obligatorios: "El edificio era muy clásico y han respetado la arquitectura original. Esta iniciativa me parece bien".

"El abandono era absoluto, era una zona invivible, y los vecinos intentamos no caer en los viejos errores en la nueva remodelación", sentencia Navarro.

La sombra de la gentrificación se extiende más allá de El Terreno. Bernat Nadal, decano del Colegio Oficial de Arquitectos de las Islas Baleares (COAIB), advertía en una conferencia: "Acabaremos por no mejorar los barrios por el miedo que se tiene a la gentrificación".

Problemas en el Terreno

El vicepresidente de la Asociación de Vecinos de El Terreno, denuncia los problemas recurrentes que sufren los residentes de la zona alta de José Villalonga. Según explica, las obras de rehabilitación de viviendas se realizan con cortes de calle "sin previo aviso", lo que provoca que muchos vecinos queden aislados y no puedan ni siquiera salir de sus casas. "Hemos ido un millón de veces al Ayuntamiento y no hemos obtenido soluciones. Es un perjuicio muy serio: hay gente que no puede ir a trabajar y cualquier día puede pasar algo grave", advierte.

Navarro subraya que se trata de calles altas y estrechas, en las que "solo cabe un carril" y donde en ocasiones "no pueden pasar ni los peatones".

Pese a todo, el vicepresidente vecinal reconoce que los residentes están "contentos por cómo se está reorientando el barrio", aunque insiste en que "todavía queda mucho por hacer y es urgente que se solucionen estos problemas".

Gentrificación en las barriadas

La situación de el Terreno puede recordar ampliamente a la de otras zonas palmesanas degradadas que con el pasar de los años se han gentrificado

Hace tres décadas, el Temple, que abarca los barrios de sa Gerreria y sa Calatrava, era considerado una de las zonas más decadentes del Casc Antic. Prostitutas, clanes gitanos y mallorquines de toda la vida convivían en un lugar donde la droga y los burdeles abundaban en el antiguo ‘barrio chino’, y pasear por la Porta de Sant Antoni le podía provocar pavor a algunos.

El proyecto ‘El Temple’, se aprobó en 1998, con el objetivo de dar vida a uno de los sitios más degradados de la ciudad y recuperar el centro histórico de la ciudad.

El proyecto fue tan exitoso que produjo en la zona un gran proceso de gentrificación. Los antiguos vecinos, a los cuales se les había expropiado sus pisos, fueron incapaces de recomprar las renovadas viviendas al tener estas un precio demasiado alto y tuvieron que mudarse a otros barrios cuando la reforma estuvo ya acabada.

Otro ejemplo es la reforma de la barriada del Puig de Sant Pere. La joya inmobiliaria se ha visto envuelta en una colonización moderna por cometer el peor delito que puede cometer cualquier zona de Mallorca: tener buenas vistas al mar, lo que convierte al barrio en una mina de oro para la explotación turística.

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