El reloj de Cort, listo para dar las campanadas de fin de año: «Está todo a punto»
Padre e hijo, Antoni y Biel Julià, son los relojeros que, semana tras semana, se encargan del cuidado del histórico En Figuera, que marcará las campanadas de fin de año en Palma

Manu Mielniezuk

En la bahía de Palma, al arribar a Mallorca, lo primero que se ve es la silueta de la catedral, la Lonja y el castillo de Bellver. Desde lo alto de Cort, entre una marabunta de tejados que con el tiempo ha ido estrechando el paisaje, el histórico reloj En Figuera —que preside la plaza desde hace siglo y medio— sigue dominando la ciudad. Todo está a punto para que vuelva a ser el gran protagonista de la Nochevieja palmesana. El próximo 31 de diciembre, una vez más, marcará el paso al nuevo año.
Miles de personas tomarán las uvas al compás de sus doce campanadas —dieciocho, si se cuentan los cuatro cuartos— gracias al trabajo silencioso y constante de quienes lo cuidan desde dentro. Los encargados son, como en los últimos años, Antoni Julià y su hijo Biel Julià, maestros relojeros y propietarios de la relojería Brújula de Felanitx, responsables del mantenimiento de varios relojes monumentales de Mallorca. En el caso de En Figuera, su vigilancia no se limita a los días previos a fin de año. "Lo vamos manteniendo semana a semana. Está todo a punto", explica Biel Julià.

Todo a punto para que el reloj de Cort dé las campanadas / Manu Mielniezuk
Desde la gran restauración realizada hace cinco años, el reloj no ha vuelto a dar problemas. "Últimamente, no se ha parado nunca. Desde aquella intervención funciona sin ningún contratiempo", subraya. El mecanismo apenas ha cambiado en siglo y medio. Fue automatizado en los años ochenta; antes, una persona vivía en el edificio y subía cada día para darle cuerda manualmente.
"Es un reloj muy preciso. Para Nochevieja simplemente lo afinamos al máximo para que suene clavado", señala el relojero.
La tradición también se mantiene dentro del propio reloj. Antoni Julià volverá a tomar las uvas en el interior de la torre, como hace cada año, acompañado de su mujer. No solo por placer, sino también por responsabilidad, por si algo fallara, aunque nunca ocurre. Su hijo, esta vez, seguirá la tradición desde otro punto de la isla: "Yo haré las uvas en el reloj de Sóller".
Padre e hijo son prácticamente los únicos especialistas en relojes monumentales de Mallorca. "Que yo sepa, solo mi padre y yo trabajamos con este tipo de relojes. Vamos por toda la isla arreglándolos", explica Biel Julià. Una labor artesanal que mantiene vivo un patrimonio que sigue marcando el tiempo de la ciudad.
Julià reconoce que el primer año los nervios eran inevitables, aunque esas mariposas ya se han desvanecido: "Ahora ya no estoy nervioso. Estamos todos tranquilos". Porque En Figuera, desde 1386, ha demostrado que sabe cumplir. Y este 2025, una vez más, volverá a hacerlo.
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