Ruido, denuncias y reproches: vecinos de la Plaza de Toros debaten sobre el futuro del recinto tras el cese obligado de su actividad
Mientras el Ayuntamiento de Palma mantiene la suspensión, los residentes del barrio, junto a la Asociación de Vecinos Coliseu, buscan una solución que evite tanto "matar el barrio de aburrimiento" como convertir el ruido en un peaje inevitable

Imagen de la asamblea convocada por la asociación de vecinos Coliseu a la que asistieron una treintena de personas. / GUILLEM BOSCH

La sala estaba llena y el ambiente, cargado. Cerca de una treintena de personas -entre vecinos del barrio y socios de la Asociación de Vecinos Coliseu- se reunieron ayer en el Casal Can Alonnso en Palma para debatir el cierre temporal de la actividad musical y recreativa en la plaza de toros de Palma, una decisión municipal que ha reabierto una fractura vecinal latente desde hace años. La reunión, convocada para "dialogar y no discutir", acabó evidenciando reproches cruzados, posiciones encontradas y una sensación compartida: el conflicto va mucho más allá del ruido.
El presidente de la asociación abrió el encuentro pidiendo respeto para todas las opiniones y recordando que la entidad "no se lucra ni se ha lucrado nunca" con los eventos del Coliseo Balear. "Estamos aquí voluntariamente, nadie nos paga", defendió, tras lamentar las acusaciones e insinuaciones vertidas a travñes de las redes sociales en los últimos días, muchas de ellas, señaló, realizadas "desde detrás de un ordenador".
Desde la junta se insistió en la neutralidad de la asociación ante el cierre y en la necesidad de escuchar a todas las partes. También se subrayó que ninguna actividad se ha realizado sin autorización municipal y que las denuncias presentadas se dirigen contra el Ayuntamiento de Palma, no contra la empresa gestora del recinto. Según se explicó, los controles de decibelios en el exterior no habrían superado los límites legales, aunque se reconoció que en el interior de algunas viviendas las mediciones sí habrían rebasado ligeramente la normativa.
Un encendido debate
A partir de ahí, el debate se abrió y la tensión fue en aumento. Las intervenciones dibujaron con claridad tres grandes posturas. Por un lado, vecinos que celebran el cese de la actividad por las molestias que aseguran haber sufrido durante años. Por otro, quienes se oponen al cierre porque afirman no haber notado problemas de ruido y temen que el barrio pierda vida. Y, en una posición intermedia, quienes consideran que el conflicto abre una oportunidad para repensar el uso de la plaza y redefinir el tipo de actividades que acoge.
Uno de los momentos más tensos llegó con la intervención de María, una de las tres vecinas que impulsaron la denuncia que ha desembocado en la suspensión de las actividades. "Soy una de las tres personas que han denunciado a la plaza de toros y estoy aquí para contaros todo lo que queráis del procedimiento judicial", comenzó, antes de reproducir un vídeo grabado desde el interior de una vivienda en el que se escuchaba música a un volumen elevado.
María relató un proceso largo y costoso, tanto en lo personal como en lo económico. Explicó que ella y las otras dos denunciantes habían trabajado durante años para intentar poner fin a lo que consideran una situación "insostenible", con niveles de ruido que, aseguró, superaban los 90 decibelios dentro de las viviendas. "No se puede leer, no se puede ver la televisión, no se puede hacer nada", afirmó. Tras múltiples contactos infructuosos con distintas administraciones, decidieron recurrir a un despacho especializado en derecho contra el ruido. "Para llevar adelante una denuncia contra una empresa como el Coliseu hay que tener pruebas", señaló, detallando que encargaron sonometrías a empresas certificadas. El proceso, dijo, les costó unos 15.000 euros.
Según su versión, el último juicio se celebró el día 15 del mes pasado y, al presentarse las mediciones acústicas, el Ayuntamiento decidió suspender los conciertos en la plaza. María aportó un documento que, según explicó, acreditaba esa decisión y defendió que "la ley es la ley" y que no se trata de una cuestión de opiniones, sino de cumplir la normativa vigente.
Durante su intervención, María insinuó además que el presidente de la asociación había sido citado como testigo por parte de la empresa gestora del Coliseo y que no habría acudido. La afirmación provocó una reacción inmediata. El presidennte negó rotundamente haber recibido ninguna citación oficial y varios miembros de la asociación respaldaron su versión, asegurando que no consta ninguna notificación al respecto.
Dormir "con cascos puestos"
El debate continuó con testimonios de vecinos que viven junto al recinto y relataron situaciones de gran impacto en su día a día. Una vecina explicó que sus hijas duermen "con cascos puestos" durante algunos eventos y denunció no solo el ruido, sino también la contaminación lumínica, las vibraciones y el funcionamiento de equipos hasta altas horas de la madrugada. Aseguró no haber reclamado indemnización alguna y confesó haberse sentido "muy contenta" al conocer la noticia del cierre.
Frente a estas posiciones, otros asistentes se mostraron críticos con la suspensión. El conserje del recinto, que afirmó vivir dentro de la plaza, aseguró que su hija "duerme perfectamente" y negó la existencia de generadores este año. "Usted ha venido a vivir a la plaza de toros", espetó a una de las denunciantes.
Entre ambos extremos, varias voces apostaron por buscar consensos. "El problema no es que se hagan actividades, sino el tipo de actividades", resumió un vecino, que defendió aprovechar el parón para definir qué modelo quiere el barrio. Otros reclamaron menos fiestas y conciertos multitudinarios y más propuestas culturales, como teatro o cine al aire libre, que -según apuntaron- generan menos incivismo y molestias.
Mientras el Ayuntamiento mantiene la suspensión a la espera de un estudio acústico y de medidas correctoras, los vecinos del barrio siguen buscando una salida que no pase, como advirtió una vecina, ni por "matar el barrio de aburrimiento" ni por convertir el ruido en un peaje inevitable.
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