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El calor de una taza compartida: Santa Catalina y Es Jonquet blindan su comunidad contra la soledad

La Parroquia de la Inmaculada Concepción de Sant Magí se convierte en el epicentro de la Navidad comunitaria. Entidades, voluntarios y vecinos se unen en un evento donde el chocolate es la excusa y la compañía el verdadero alimento

La Coral de la Llar de l’Avinguda Argentina entona la canción de Santa Catalina.

La Coral de la Llar de l’Avinguda Argentina entona la canción de Santa Catalina. / Manu Mielniezuk

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Palma

Hay mañanas en las que el frío de diciembre en Palma parece detenerse ante el umbral de una puerta. Ese umbral fue este viernes el de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Sant Magí. No era una cita cualquiera en el calendario litúrgico, sino una de esas fechas marcadas en rojo en el mapa emocional de los barrios de Santa Catalina y Es Jonquet. El aroma a chocolate caliente y ensaimada recién horneada no solo anunciaba la Navidad; anunciaba que, un año más, la red de cuidados que sostiene a los mayores del barrio sigue más viva que nunca.

La Comisión de Salud de Santa Catalina i Es Jonquet ha vuelto a demostrar que la salud no solo se mide en pulsaciones o tensión arterial, sino en la calidad de los vínculos humanos. Lo que para un observador despistado podría parecer una simple merienda, fue en realidad el fruto de meses de trabajo de una plataforma que aglutina a lo mejor del tejido social de la zona: desde el programa Sempre Acompanyats (impulsado por la Fundación ”la Caixa” y gestionado por la asociación GREC), hasta Intress, el Casal des Jonquet, la Llar de l’Avinguda Argentina, e incluso el Centro de Salud.

Una voluntaria se encargó de preparar el chocolate para todos.

Una voluntaria se encargó de preparar el chocolate para todos. / Manu Mielniezuk

El evento contó con la actuación de la Coral de la Llar de l’Avinguda Argentina. Cuando las primeras notas de la canción de Santa Catalina y los villancicos tradicionales comenzaron a reverberar en los muros de la parroquia, el silencio se hizo respetuoso, roto solo por los aplausos emocionados. No eran voces profesionales, eran las voces del barrio; voces que cantaron a la vida, a la nostalgia y a la esperanza de un nuevo año.

La participación de la Llar no fue solo musical. Como bien recordaba Beatriz Garcés, técnica del programa Sempre Acompanyats, el evento es un ejemplo de «arquitectura colaborativa»: «Nosotros traemos las ensaimadas, el Casal des Jonquet pone el chocolate y la leche, y la Llar no solo nos regala su coral, sino que aporta la logística, el agua y las servilletas. Es una construcción colectiva donde cada uno aporta lo que tiene».

El testimonio de la cercanía

Entre las sillas, compartiendo confidencias y a punto de disfrutar de un «cachito de ensaimada», se encontraba Ambrosio Sierra Gallardo. Ambrosio es la cara visible de por qué estos espacios son vitales. Usuario fiel del Casal des Jonquet, su historia es la de muchos mayores que buscan un lugar donde ser escuchados. «Voy al Casal a comer, pero también a hacer gimnasia y a estudiar cosas para que se mueva el cerebro, que es muy importante», comenta con una sonrisa pícara.

Para él, el viernes fue un día de reencuentros. Recordaba con nostalgia su paso por otros centros, aunque ponía en valor la tranquilidad actual: «Aquí estoy contento, me queda todo más cerca y, sobre todo, nadie se mete conmigo». Su testimonio subraya el valor de la «comunidad de proximidad»: lugares donde los mayores no son invisibles, sino vecinos con nombre, apellidos e historia.

Solidaridad intergeneracional

Uno de los pilares de la chocolatada es su carácter integrador. Nuria Janer, técnica y coordinadora de Sempre Acompanyats, y Marina Ripoll, trabajadora social del programa Puente cap a la Comunitat, explicaban con entusiasmo cómo han logrado unir mundos aparentemente lejanos. Voluntarios extranjeros y personas que cumplen programas de medidas alternativas a la prisión se han volcado en la organización, ayudando en diferentes tareas y, lo más importante, facilitando que los mayores plasmaran sus deseos para el 2026 en un gran mural comunitario.

«Es una iniciativa que nos apasiona», confesaba Nuria. «Ver cómo jóvenes de diferentes contextos se enriquecen mutuamente con nuestros mayores es visibilizar que todos tenemos algo que aportar a la sociedad». Marina, trabajadora social, añadía que este voluntariado no es algo puntual de Navidad, sino una labor constante de acompañamiento individual que combate la soledad durante todo el año.

Grandes ensaimadas esperaban a la salida de la parroquia.

Grandes ensaimadas esperaban a la salida de la parroquia. / Manu Mielniezuk

A pesar de que la celebración coincidió con los festivales escolares de Navidad y muchos usuarios habían ido a ver a sus nietos, la asistencia al evento fue todo un éxito.

La clave, según las entidades, es el empoderamiento. «No se trata de organizar actividades para los mayores, sino con ellos. Ellos han hecho la compra previa, han decidido el menú y han decorado el espacio, como el árbol de Navidad pintado por un usuario del Casal. Hacer comunidad es el mejor mecanismo para prevenir la soledad no deseada», concluía Elia Roche, directora del Casal des Jonquet (gestionado por Intress).

Al finalizar el acto, mientras se recogían las últimas tazas y los ecos de la coral de la Llar aún resonaban en la plaza, quedaba una certeza: en Santa Catalina y Es Jonquet, la Navidad no es una fecha en el calendario, sino un estado de ánimo que se cocina a fuego lento, con chocolate caliente y, sobre todo, con la mano tendida al vecino.

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