Las tiendas de antigüedades se extinguen en Palma: de nueve en una calle a solo tres en toda la ciudad
Los anticuarios en Palma son ya una especie en peligro de extinción: tras el cierre de Antiga, la ciudad se ha quedado con solo tres. Aun así, los que resisten ven el futuro con optimismo y aseguran que la moda minimalista y contemporánea toca a su fin, mientras los jóvenes “vuelven a comprar antigüedades para dar valor a sus casas”
“Los anticuarios murieron de éxito. Mallorca vivió una burbuja de antigüedades paralela a la inmobiliaria y, como esta, también explotó", explica la propietaria de Antiguitats Bonet, Marilen

Guillem Bosch

Durante décadas, fue tradición que los padres regalaran un canterano a sus hijos por su boda, pero… ¿dónde se mete hoy un mueble de casi dos metros de madera maciza en un piso de 70 metros cuadrados? El cambio de costumbres, unido a la precariedad laboral y la falta de poder adquisitivo, así como la explosión de una burbuja de antigüedades paralela a la inmobiliaria a principios de siglo, han provocado un lento pero prolongado declive de los anticuarios en Palma.
En apenas unas décadas, la ciudad ha pasado de ser la meca de los anticuarios —donde en cada esquina uno podía comprar jarros chinos y muebles de siglos pasados— a contar con solo tres en toda la capital mallorquina. Una situación que tampoco mejora en la Part Forana, donde únicamente quedan cuatro.
Antigüedades Casa Delmonte, Persépolis Antigüedades y Antiguitats Bonet son los tres supervivientes de la ciudad. Antiga, una de las últimas tiendas de antigüedades de Palma, cerrará sus puertas por falta de relevo generacional a principios del año que viene, tras estar de liquidación desde julio. Después de más de 52 años en el negocio, Daniel Cota, quien llegó a manejar tres anticuarios a la vez, cierra su último establecimiento.
Cota explica por qué entró en el mundo de las antigüedades: “Yo era coleccionista de obras de arte y vi la posibilidad. Llegué a tener abierta una tienda en la Costa de sa Pols, otra en la calle Francesc de Borja Moll y esta, que es la más reciente, en el carrer Reina Esclaramunda.” El propietario de Antiga recuerda que solo en la Costa de sa Pols, en 1982, había nueve: “Estaban Gelabert, Juan de Juan, Antiguitats Sa Costa, Caoba, Pep Toni…”

B. Ramon
Es una herida muy mala lo de los anticuarios. Es una profesión en vías de extinción”, lamenta Cota. El presidente del “extinguido gremio de los anticuarios” recuerda que hace 20 años celebraron la última feria y describe la decadencia del negocio en los últimos tiempos: "Mallorca llegó a tener 47 anticuarios oficiales activos a la vez hace 20 años"
Asimismo, Cota explica que todo “ha cambiado mucho” en los últimos 15 años: “Ha habido un cambio generacional: los jóvenes no quieren comprar antigüedades porque prefieren gastar su dinero en viajes y porque viven en pisos tan pequeños que no les cabe nada dentro".
El anticuario añade: “Creo que los jóvenes no han entrado en el mundo coleccionista en general. En sus pisos pequeños tampoco cabe nada y es difícil comprar cosas grandes. La moda ha cambiado: antes se compraba en patrimonio y ahora en experiencia; viaje y tecnología.”
Además, el comerciante cree que la perdida de poder adquisitivo puede suponer una estocada para ciertos tipos de negocio: "Las tiendas de arte y antigüedades están condenadas a la extinción". Igualmente, Cota presencia la lenta muerte del comercio tradicional en Palma y sentencia el futuro de la ciudad: "Solo quedarán bares y tiendas de moda".
Futuro optimista en los anticuarios abiertos
Sin embargo, un rayo de esperanza se vislumbra en los anticuarios que aún siguen abiertos. A diferencia de Cota, ellos sí ven un futuro optimista para el reducido gremio. “Como el precio ha tocado fondo, ahora la gente vuelve a comprar porque está más barato. Hay gente joven que vuelve a comprar antigüedades para dar valor a sus casas, porque se han cansado del mobiliario barato que todos tienen”, explica Magdalena Juan Bonet, Marilen, propietaria de Antiguitats Bonet, una tienda con 47 años de historia y que ella misma dirige desde hace 37.
La anticuaria asegura que cada vez entra más gente joven en su establecimiento, algo impensable hace apenas unos años: “Antes les daba como miedo y respeto porque pensaban que sería muy caro”. La comerciante matiza, sin embargo, que los muebles grandes siguen siendo muy complicados de vender “por el precio y porque la gente vive en pisos de 60 metros cuadrados”. Los pequeños, en cambio, vuelven a tener movimiento porque “son objetos y muebles con carácter”.
Marilen recuerda con claridad el auge, la estabilización y la decadencia del sector: “Los anticuarios murieron de éxito. Mallorca vivió una burbuja de antigüedades paralela a la inmobiliaria y, como esta, también explotó”. La anticuaria tememora incluso una feria en la que vino gente de la Península porque “el mobiliario mallorquín es muy reconocido en toda España”.
La comerciante detalla la cronología del boom con precisión: “Cuando hubo el boom, salieron anticuarios como champiñones. Hubo un momento en que había muchísima gente vendiendo antigüedades, entre 80 y 100 en Palma. No eran anticuarios como tal, pero vendían antigüedades. El pelotazo fue entre los años 1998 y 2006: hubo un incremento brutal de los precios, una inflación enorme y luego una caída radical, de la que todavía se está intentando recuperar de forma lenta.”
Persépolis Antigüedades forma parte de la resistencia y cumple 50 años
Las modas son cíclicas. En la historia del arte, lo clásico y lo moderno se han ido sucediendo durante siglos: del Renacimiento al Barroco, del Neoclasicismo al Romanticismo y así sucesivamente. En este contexto, el propietario de Persépolis Antigüedades, Jamil Missaghian, emerge como un faro de luz dentro del pequeño y reducido gremio de anticuarios y cree firmemente que la sociedad está regresando a lo tradicional: “La gente se ha cansado del minimalismo y vuelve a lo clásico, a las maderas nobles. Yo le veo un gran futuro a las tiendas de antigüedades; está cambiando la forma de comprar entre los jóvenes, y desde hace unos años han vuelto”.

Persépolis antigüedades cumple 50 años este 2025. / Guillem Bosch
Missaghian llegó desde Irán a Mallorca en 1956, cuando tenía seis años, y con solo 24 abrió, en 1975 —el mismo año de la muerte de Franco—, Persépolis Antigüedades, que este 2025 cumple 50 años. Las antigüedades no son solo su oficio, sino también su mayor pasión: “Si no vendo, no pasa nada; lo que me gusta es comprar. No hay nada comparable a la adrenalina de encontrar algo nuevo en una casa".
Su negocio siempre ha estado en Jaume III, una calle muy comercial que, según él, “ha pasado de ser la milla de oro a conformarse con la plata, porque el Born la ha superado”. El comerciante recuerda sus inicios: “Antes vendía catifas persas, luego pinturas y muebles, y después aún más antigüedades”.
El anticuario señala uno de los motivos por los que las tiendas de antigüedades triunfaron tanto en su momento: “Durante la Guerra Civil y los años posteriores la gente lo pasó muy mal, y cuando tuvo dinero era normal que quisiera gastarlo”. Explica que sus principales clientes, hasta poco antes de la crisis financiera de principios de siglo, eran mallorquines; más tarde, lo fueron los residentes extranjeros con finca.
Missaghian también vende a otros anticuarios de fuera. “Mallorca es un gran lugar para encontrar antigüedades porque la Guerra Civil hizo desaparecer muchas piezas en Barcelona y Madrid, pero aquí encuentras canteranos que llevan 200 años en el mismo sitio”.
Añade que, al ser una isla turística, “muchos anticuarios han mutado a hoteles”, y que los jóvenes optan por muebles más asequibles, además de vivir en pisos cada vez más pequeños, lo que deja poco espacio para grandes piezas de los siglos XVIII y XIX.
“Yo empecé este negocio; tengo este orgullo y nadie me lo quitará jamás”, sentencia un Missaghian emocionado.
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